Por Omar Sixto/Cuba Olvidada.
Una de las primeras cosas que el totalitarismo castrista prohibió a los cubanos fue el derecho de asociación, además del derecho a poseer armas. Lo maligno, como vemos, no se pelea con lo pillo, con lo listo, con lo hijo de puta.
Por eso vimos a un cubano «timbalú» —en solitario— levantar la voz por el resto de sus paisanos. Solo, sin nadie que se le uniera, que lo respaldara, que lo apoyara, que lo defendiera. Caminó cinco cuadras con el estandarte de la libertad y nadie se le unió.
Lo detuvieron en el Capitolio, ese bello edificio donde sesionaba el poder legislativo de aquella república —imperfecta pero funcional— asesinada el 1 de enero de 1959. Justo enfrente de donde el 11 de julio de 2021 los cubanos que quieren ser libres dieron su último grito.
Ese cubano se llama Ariel, antier sacó la cara por sus paisanos —que como hermanos no se comportaron—, hoy es torturado en un calabozo de ese infierno oscuro que en aquella Cuba libre fue una escuela marista.
Uno acá, ante tanta valentía, se siente inútil para la causa de los que anhelamos esa Cuba libre que nunca conocí. Nací en la Cuba esclava y escapé de ella. Sueño con regresar a la que será de todos, pero, más que nada, de gente como Ariel…















