Carta de una enfermera francesa

Por El Observador Alpino.

He traducido esta carta abierta de una enfermera francesa, porque me parece sintomática de la locura generalizada en la que estamos viviendo. Algo que nos costará mucho creer cuando pensemos en este periodo dentro de unos años.
La carta ha sido leída (y aplaudida) ayer por casi 500.000 franceses. Tanto fue su impacto, que incluso la prensa «mainstream» se hizo eco de este texto.
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«Trabajo en una farmacia, y hoy no doy más.
Los protocolos sanitarios cambian en permanencia. Los pacientes están perdidos, y nosotros los sanitarios también. Los pacientes están cansados, ansiosos, hartos, cabreados, nerviosos…y yo también. No podemos más.
No se puede testear a una escuela entera a las 7 de la tarde porque UN niño haya dado positivo. Me he convertido en la que hace llorar a los niños pequeños porque hay que hacerles un test…cueste lo cueste. Los niños lloran, se resisten, gritan como locos, son retenidos a la fuerza por los padres, quienes están – también – al borde de una crisis nerviosa. A veces me niego a testear a un niño pequeño en estas condiciones…pero los padres me suplican llorando que inflija este martirio al hijo porque de otra manera no podrá volver a la escuela y ellos perderán el trabajo si se quedan a cuidarlo.
A veces los niños dan positivo, y veo entonces a los padres entrar en crisis de pánico, llorar…e incluso a amenazan con castigos al niño por “no haberse cuidado lo suficiente”. A veces debo negarme a hacer test porque no tengo más tiempo. A veces me insultan, me agreden, siento que me echan a que me coman los lobos por decir que no. Los pacientes no comprenden este “no” porque los políticos les obligan todo el tiempo a testearse.
Entonces, cuando salgo del trabajo lloro. Lloro por ser la que martiriza a los niños pequeños, la que hace llorar a los chicos y los padres, la que debe testear a la fuerza a docenas de niños de Primaria. Niños que no pidieron nada a nadie. Y encima tengo que escuchar a los padres decir: “le encerraremos en su habitación una semana, se le dará de comer por debajo de la puerta”. Sin mimos…sin abrazos, sin besos…hasta que se “le permita” salir del aislamiento.
¿Pero esto qué es? ¿Nos hemos vuelto todos locos??? Una vez más, son los niños pequeños los que sufren las consecuencias de las locuras de los mayores.
¿Hay alguien al mando en el Gobierno?»
Traducción del francés: El Observador Alpino

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