Blanca Navidad

Imagen Pixabay

Por Ulises Fidalgo.

Esta Navidad ha sido blanca. Ha nevado en condiciones. Ya he paleado el camino desde el garaje hasta la calle, y he puesto sal en la entrada de la casa, para poder salir en caso de una emergencia. En la penumbra la nieve flota como un espectro. Se desliza como otra nube. Debajo hay árboles que la sostienen, pero sólo son evidentes de día. Parece luna derretida. Algunos dicen que la Luna es fría. De este paisaje casi sideral, nos creamos el mito del silencio, la oscuridad absoluta, y la Nada, pero es un engaño. La Nada aparece más tarde.

Borges nos reveló que el mundo de las tinieblas no es oscuro, sino amarillo. Es el tema de aquel poema «El Oro del Tigre». La ceguera llega del mismo modo que se marchitan las páginas de los libro, y las letras, y las palabras se disuelven en la vejez. Alguna vez pensé que los ciegos veían una especie de silencio de la vista. Sin embargo, en el caso de Borges, la ceguera era deslumbrante, como cuando se mira al Sol.

Una amiga portuguesa, llamémosle Persona (Pessoa en portugués), recientemente me ha contado que tampoco el silencio es sosiego. Llega durante las noches con un ruido ensordecedor (ahora cobra sentido el adjetivo). Es una especie de chirrido de grillos electrónicos que al principio puedes desdeñar, pero que poco a poco se va apoderando, otra vez, de las palabras y de todo. Mi amiga ahora cuando se asoma al espejo, ya no busca su reflejo, sino que lo envidia. Los del otro lado aún pueden escuchar la Nada.

Pero la Nada existe. Sólo que aparece el segundo día después de la nevada, cuando el pavimento es hielo. Entonces mueves el volante, y descubres que lo que hagas dentro son meras sugerencias. El carro está controlado por muchas condiciones. Acelerador, freno y volante son unas variables más a competir con los Elementos. Decimos conducir el carro, pero el verbo en sí ya es pretencioso.

Nací sin Dios, pero aún así puedo decir que todo mi cinismo anterior era una mera pose. El verdadero vacío ha llegado ahora. He tenido que aceptar que el llamado Pueblo era la sustitución de Dios, la Cultura, la representación de su espíritu, y la Ciencia vino a ser la verdad única revelada. Creí que había nacido sin Dios, pero simplemente lo había subrogado. He visto en esta noche como Ciencia, Cultura, y Pueblo, han sido los recientes ingredientes para justificar el despotismo.

Ahora, sin Dios, ni Ciencia, ni Cultura, el terreno se ha hecho muy resbaladizo. Pero esta vez no siento la angustia y la inconformidad de la primera adolescencia. Sólo manejo despacio, y con calma. En la radio escucho el Mesías de Haendel, y  espero que el carro responda en algún momento antes de chocar contra el árbol de la esquina. Son los días para estar en casa. El árbol de Navidad nunca se mueve contra mí.


Ulises Fidalgo
es Profesor de Matemáticas de Case Western Reserve University. Jefe de Redacción de ZoePost.

 

 

11 Comments

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  2. Antonia M. Patron

    Ulises Fidalgo relata con palabras sencillas el complejo mundo de las cosas que no alcanzamos a comprender y mucho menos, doblegarlas a nuestro antojo.
    El final del árbol en su casa y la comparación con el poste de la esquina, me encantó!

    • Ulises Fidalgo

      Todo un halago. Muchas gracias por tu amables palabras. Me encanta que te haya encantado.

  3. Jago Molinete

    Excelente… Maestro…

    • Ulises Fidalgo

      Y tú me llamas maestro? Muchas gracias. Me encanta que te haya gustado. Un abrazo.

  4. Que bello, me encanto la ultima frase El arbol de Navidad nunca se mueve contra mi, pienso que es por lo que significa

    • Ulises Fidalgo

      Muchas gracias, Liliam. Alguien se ha subido a los hombros de Galileo. Me encanta que te haya gustado. Un abrazo.

  5. Heidys Yepe

    Me identifiqué mucho con este relato, aunque sin nieve. 😊También nací sin Dios, también ahora manejo despacio, y con calma, confiada de que el arbolito de Navidad nunca se mueve contra mi. Saludos.

    • Ulises Fidalgo

      Muchas gracias. No tenemos el control de los Elementos, pero tenemos el control de ser dignos ante nosotros.

  6. Maria Elena

    Me encanta leerte Ulises. Salud y bendiciones!

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