Por Milagros Socorro/Artículo14.
La escritora cubana explica que «las sanciones han impedido que el castrismo logre lo único que quiere: acceder a las líneas de crédito norteamericanas para seguir llenando sus arcas»
Cuando pienso en la Cuba de hoy veo a un anciano muriéndose de hambre en una acera, sin que a nadie le importe; pienso en esos niños pidiendo comida en las calles, descalzos, sucios, porque el régimen de ese país no ha solucionado nada durante 67 años, y lo único que ha hecho es exigir ayudas y millones al mundo, no para dárselos al pueblo cubano, sino para que la familia Castro y unos cuantos más se enriquezcan.
Esto dice la escritora cubana Zoe Valdés en respuesta a la entrevista de Artículo14. Es un asunto que tiene muy bien recorrido. En su novela La nada cotidiana (1995) Cuba aparece como una vida sometida a la escasez, al desgaste y a la repetición. No es una pobreza abstracta ni una denuncia de superficie, es una organización completa de la existencia en torno a la carencia. El tiempo se convierte en administración, el trabajo pierde sentido, el cuerpo acusa el golpe. La protagonista no tiene un centro porque vive en un entorno que desarticula cualquier continuidad. Lejos de desaparecer, esa experiencia persiste en sus otros libros.
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Nota: Esta entrevista fue concedida hace varios meses, y ahora es que me entero ha sido publicada.
ZV.















