Art-Déco

Por Félix Antonio Rojas

 Art-Déco.

 

…¿Te imaginas estar por Paris en el 2021 frente a la tumba de Jim Morrison, ebrios, empastilla’os, arrebata’os, cantando The End, mientras la embajada cubana es devorada por el fuego redentor y purificador de 11 cocteles molotov lanzados por punkis surgidos como divinidades agnósticas, manifestadas de repente en los  ábacos de la apiropatía… y los agentes del minint  lanzándose entre gritos de terror, cayendo envueltos en llamas desde las ventas del cuarto piso y verlos reventarse carbonizados sobre la Rue de Presles, mientras suena de fondo War Pigs de Black Sabbath? …Me preguntaba irónicamente y le veía viajando al futuro y dibujando una sonrisa sardónica, Mayito Frankenstein que miraba al anverso, allí se perdía la silueta de la urbe a lo lejos, donde las auras tiñosas volaban en círculo sobre las humeantes toneladas de basura y desperdicios de Cayo Cruz.

 

La Habana 1984.

 

Sentados como dos gárgolas inmóviles en la torre de aquel edificio Art-Déco diseñado a finales de 1929 en la esquina de 13 y L, pensando que estábamos en New York y no en el Vedado ni en el inframundo de los cheos que se sumaron a la actividad revolucionaria, al mal gusto, a todo lo conocible y palpable. Pero no lo escuchaba. Mis ojos inyectados de sangre miraban abajo a la oscuridad que emanaba de sus calles, sus luces opacas que ocultaban a medias la suciedad, la inmundicia y la mugre en que se había convertido la ciudad, sus gentes que vendían cotidianamente su alma a La Bestia. Miraba burlescamente y con desprecio a las negras con sus enormes bembas en el muro del Malecón, prostitutas de soldados soviéticos color leche en polvo, revolcándose entre el hedor del comunismo colonialista y su peste a grajo agrio y tóxico por la falta de higiene y esa ausencia de glamour endémico de los nietos de Stalin. Cuenta la leyenda entre los frikis misticones que si olías la axila de un bolo y después aguantabas 10 segundos la respiración, entrabas en un transe profundo como el Brahman y la liberación del Samsara y llegabas a dominar astralmente, los secretos herméticos del esoterismo, la arquitectura cósmica, y alquímicamente abrías las puertas del conocimiento mágico. Pero también corrías el riesgo de quedar mongofiera para siempre y sentirte atrapado dentro de una Matryoshka en la Siberia sin poder escapar nunca más. Maricones de la uneac con peste a culo y semen chorreante, a la caza de milicianos bugarrones con peste a pinga y culo, pioneritos que querían ser como el Che y hasta beberse su sangre para llegar a la inmortalidad en el campamento Volodia  del Parque Lenin, federadas que confesaban que sus bollos pendejúos eran sólo y exclusivamente de Fidel, policías gordos, barrigones, como puercas blancas y multicolores a punto de implosionar en la letrina en que se había convertido ese infecto atolón que emanaba mierda por las cuatro esquinas.

 

Odiaba y maldecía el nuevo espectro del soñado hombre nuevo defectuoso, pelado militar, robot ideológico vigilante tan lejos de mi imagen nihilista. Vomitaba sobre ellos mis conjuros contra todo lo despreciable que se movía allá en el vacío bajo mis pies, mientras masticaba dos pastillas de secobarbital, bebía un buche de alcohol de 90 grados rebajado con jugo de naranja y cocimiento de campana. La teja larga, el tacho suelto se movía desordenadamente por el viento con olor a salitre, dejaba ver entre sombras y contornos la máscara del teatro kabuki de Ace Frehley que me había pintado y empezaba a derretirse entre las gotas de sudor que caían sobre mi frente contraída e imperturbable, y de fondo con trompetas celestiales y los panteones de las fuerzas divinas empezaba a sonar Fractured Mirror.

 

En las madrugadas de recogidas y redadas, si lográbamos escapar y estábamos lejos de nuestras casas en el Cerro o en Luyanó, nos refugiábamos en el enigmático edificio Serranos, Mayito por cosas del azar tuvo el conocimiento y el contacto con la persona misteriosa que heredó el auténtico juego de llaves del mismo Eduardo Chibás y que seguía dejándolas como una tradición desde 1945 bajo el jarrón violáceo del piso 14. Entonces nos trasportábamos como dos ángeles exterminadores a las alturas , entre los mármoles rojos de marruecos, por sus vestíbulos y sus inigualables pisos de terrazo, sus plafones como alegoría mágica del modernismo que llegaba a la Isla con la influencia del racionalismo alemán y la escuela de Chicago y desde allí  como si estuviéramos en el Empire State, a través de la escultura El Tiempo que volvía atrás y adelante en forma de espiral sus líneas lineales y geométricas que nos atravesaban  en la oquedad  de lo etérico;  mirábamos morir todas las noche a los que nos mataban en silencio  como quisieron hacer con Apolonio de Tiana desde una celda sin nombre.

 

Entonces Franskenstein lentamente clavó su mirada en mi perfil y sentenció como un Oráculo: “… veo en ti hoy el seishin y la fuerza de un samurái del periodo Sengoku, cuéntame como un Shijin: ¿que ves en el pasado?”

 

Mi nombre es Takkakira Yasunori, heredé mi linaje desde el futuro de dos integrantes de una banda de doom metal de los suburbios de Osaka, vengo de una pintura del siglo XII…

 

…El kami de Takaakira Yasunori abrió el portal cuántico, bajo una torrencial tormenta de invierno, se manifestó como una flor de loto desde el éter, a la entrada de aquel pueblo que aun desprendía miseria de épocas medievales con sus fachadas de piedras humedecidas por siglos, de un gris fantasmagórico bajo una cortina de agua nieve intensa que sólo dejaba atisbar pinceladas de líneas en las ventanas iluminadas por unas pocas y desgastadas velas invisibles en el tiempo. Entre los relámpagos que cruzaban la noche sin luna, los gritos desgarradores de parto de una mujer se escuchaban como un lamento en la lejanía… Takaakira apretando su katana con sus manos de plasma y polvo, levantó la vista y observó fijamente el cartel, con dificultad leyó para sus adentros: Lán…ca…ra, provincia de Lugo 1875… comenzó a andar lentamente.

 

¿Y qué música de fondo sonaba en ese preciso instante a través de la tormenta? Preguntó irónicamente Frankenstein.

 

In A Gadda Da Vida de Iron Butterfly.

 

Master.

 

Félix Antonio Rojas es friki frelance.

 

4 Comments

  1. Ulises Fidalgo

    Qué maravilla!

  2. lamasiel zupova

    Genial artículo de Félix A Rojas aunque no lo entendí todo

  3. Félix Antonio Rojas G

    Lamasiel Zupova.
    El espíritu del samurái viaja al pueblo donde estaba naciendo el padre de la Bestia el padre de Fidel…

  4. Heidys Yepe

    Excelente. Grande!

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