A propósito de un acto de repudio contra Claudio Fuentes

Claudio Fuentes

Por Raul Izquierdo.

Tuvimos un «revolucionario» en la historia que fue realmente evolucionario, un hombre que fundó un Partido verdaderamente revolucionario para la liberación de dos Países, un hombre preclaro e iluminado, que al mismo tiempo que fue un Prócer fundador de pueblos, fue un librepensador comprometido y patriota, un hombre culto, dedicado y decente, que vivió y murió combatiendo la injusticia y la opresión afrentosa y oprobiosa a la que ciertos poderes (no solo el español) pretendían someter a la isla, lo hizo de la forma más elevada y valiente, con la palabra y con la acción, nadie puede negar que tuvimos al mejor de los humanistas, a José Martí, orgullo de todos los cubanos; pero también tuvimos a Varela, quien fue el primero que nos enseñó a pensar, tuvimos a verdaderos “maestros” en toda la extensión de la palabra, hombres que fueron eruditos y pusieron todo su acervo en función del pueblo que sería algún día la Nación y República cubanas. Tuvimos otros muchos, a Céspedes, a Agramonte a Maceo, a Juan Gualberto, a Saco y a toda una pléyade de dilectos patriotas que siendo hijos destacados de la nueva Nación, al mismo tiempo fueron Padres de la Patria nueva, hombres de palabra y honor, oradores, pensadores, todos locuaces y especializados en el uso de la palabra, de la palabra elevada y culta, de la palabra atinada.

Aquellos hombres jamás permitieron ser prostituidos por la chabacanería, el mal gusto, el tono elevado del griterío de grada, que degrada, ni con malas y bajas palabras, por la miseria humana que reduce al hombre a un nivel de lodazal y le mata su virtud y su talento. Eran hombres valientes, capaces de darle una bofetada a cualquiera y hasta de luchar o morir por la Patria y por el pueblo, jamás se acobardaban; sin embargo, no andaban enfrascados tampoco en broncas estériles de guapería barata (hablo de actitudes, no de nadie en específico, ni generalizo sobre los protestantes de San Isidro, donde estoy seguro que habrá mucha gente decente todavía a estas alturas, a pesar de la tanta «bajura» moral en la que hemos caído los cubanos). Esos hombres pusieron en alto la cubanía sobre la base de los pensamientos cívicos más elevados y jamás relacionaron la cubanía con la vulgaridad ni las malas palabras, no iban lanzando pingas de boca en boca, ni le decían singao a nadie, sin embargo lograron la Independencia y luego la República, la que no ha logrado nadie recuperar hasta hoy, en las más de seis décadas que llevamos de castrismo.

Es precisamente el castrismo sátrapa, el que nos logró involucionar, degradarnos, entrar en crisis moral para desmoralizarnos y usarnos, dejando ver al mundo que lo que los sustituirían, de dejar ellos el poder, serían una masa acrítica con la que no se construye un país porque es marginal, malhablada y vive en una ignorancia guaposa, comparada con el peor fanguero.

Lo siento, no tengo dudas de que nuestro vino, dulce o agrio es nuestro vino, que todos han de ser incluidos cuando se dice “con todos y para el bien de todos” pero lo primero que tiene que hacer la gente es ser decente, no justificarse, no darle la razón al castrismo, ir a formas más concretas de lucha que a manifestaciones de tipo vulgar donde teniendo la razón quedan demeritados y subvalorados sobre todo cuando el mundo ve eso. Si tuvimos a esos hombres, ¿cómo vamos a defraudarlos así? ¿Por qué no los honramos? ¿Por qué no nos damos cuenta de que actitudes vulgares no se justifican por la vulgaridad represiva de los verdugos de un pueblo, sea cual sea?

Para que un pueblo sea soberano y libre, lo primero que debería es ser culto y virtuoso, entendiendo la virtud y la cultura no como entelequias sofisticadas, alejadas del pueblo, sino como conciencia y convicciones que son la esencia del pueblo mismo. Yo, por mi parte, no defraudo a mis próceres justificando ciertas actitudes o formas de lucha, me niego rotundamente, no todo vale; yo quiero, como Martí quería, que “la ley primera sea el culto a la dignidad plena del hombre” y quiero que juntos, traigamos de nuevo a la Nación que fuimos, con aquel pueblo que fuimos, no con el que ya no somos.

Raúl Izquierdo es arquitecto., exiliado en Nueva York.

Publicado originalmente en El Blog de Los Cuatro Gatos.

2 Comments

  1. Pingback: A propósito de un acto de repudio contra Claudio Fuentes – – Zoé Valdés

  2. Lefty es siempre Lefty

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