Cultura/Educación

El nombre de una Isla y el valor de la poesía

Por  Yailuma Vazquez.

«Somos las únicas poetas –todos los demás son prosa…»

«[…] porque qué nos separará de alguien a quien amamos

–ni la altura ni la profundidad […]»

Emily Dickinson carta a Susan Huntington Gilbert, 1851

Ningún libro se escribe para ofrecer respuestas ni para construir refugios o puentes o camafeos donde secuestrar la memoria. Tampoco son simplemente un ejercicio de exhibicionismo pueril para contentar la vanidad de una mente… mucho menos si se trata de poesía. Existe sin dudas una fuerza centrípeta que a modo de remolino los ata y los mantiene enteros y que también, de alguna forma, termina lanzándolos hacia los otros justo y como se lanza un proyectil y, en ocasiones, los daños son extensos y, a veces, solo insignificantes. Pero no hay explicaciones en ellos ni curas imposibles porque no están hechos para enfermar ni para sanar… una voluntad que no pretende hacer el bien los anima, una que no precisa meta en el horizonte, porque solo en una libertad que no puede ser restringida habita el alma de toda literatura.

Con El nombre de una Isla texto publicado recientemente por la Editorial Betania bajo el cuidado de Felipe Lázaro, Milena Ferrer Saavedra establece un tono completamente nuevo en su particular universo poético. Si textos anteriores se distinguen por la aparente calma bajo la cual transpira un mundo; en este se percibe una desesperación nueva que da cuentas de una madurez conceptual y formal a otro nivel, y de una búsqueda interior, de explicaciones sobre sí misma también distinta. Se percibe una especie de progresión en la idea de la existencia que obliga a aterrizar el sentimiento amorosofuente vital de la existencia misma en su poética aunque ello signifique anclarlo en la desesperación del amor no correspondido, perdido o extinto.

El poemario está estructurado en dos partes y es ciertamente el más voluminoso de los hasta ahora producidos por su autora, quien tiene publicados Quimeras (Premio Nuevos Valores de la Poesía Hispana, Baquiana, 2009) e Imitación de la poesía (Betania, 2024), pues cuenta con treinta poemas en la primera parte (Para el amor y el desamor) y con cuarenta y un textos que conforman la segunda parte (De la vida y otros amores). Desde el punto de vista temático, la primera parte aborda el asunto amoroso en todas sus facetas y especialmente el desarraigo que produce el amor no correspondido, así como también el amor entre mujeres y su erotismo. La segunda parte abarca un abanico más amplio de relaciones sociales en las que se desplazan miembros de la familia, vecinos, amigos y enemigos; así como espacios particulares vinculados con la memoria y el aprendizaje vital.

Para entrar en materia me gustaría comenzar un breve análisis con «Free Fall», un texto que como una invitación propone una alegoría –decir una cosa con otra cosa– entre la entrega romántica y el salto con paracaídas, ambos claro están entrañan riesgos y también suponen aprendizajes:

Dejarse caer en el abismo lentamente

con los ojos cerrados y los brazos abiertos

sin prisas, pero con fuerza,

entre fuegos y tiernos besos,

excusando los pretextos, las mentiras, las palabras

desafiando al tiempo y a la dulce gravedad.

Ningún elemento de la descripción parece superfluo, la sensación de vuelo se trasmite, se experimenta. El fin es inevitable: «Dejarse estrellar con brutal ternura / sobre el suelo pesado de la vida». Una vez que el salto se ha producido ¿qué otra cosa pudiera importar?, la osadía del atrevido, ¿la propia vida? Entonces, es cuando la maestría creativa de Ferrer nos sorprende: «y aprender en el minuto y medio de vuelo / sobre la anatomía de los paracaídas/ los imprescindibles paracaídas que salvan vidas / y los que nunca abren, / para enterrar a los valientes soñadores que confían» (p. 27). Dos ideas rigen el cierre del poema, la evasión que implica aprender cosas inútiles ante la inminente muerte y el símbolo doble del paracaídas que puede ser salvación o mortaja. La alegoría amorosa queda también cerrada, la imposibilidad de conocer el desenlace romántico es justamente lo que hace apetecible su ejercicio.

Por otro lado, en un texto como «Ella» desarrolla el tema del amor entre mujeres y su erotismo. Lo que se ha dado a conocer como nupcias clitóricas, porque la unión entre dos mujeres produce un placer nupcial (no hablamos del matrimonio tal y como lo concibe el patriarcado) sino de aquel que enlaza palabra y sustancia; alma y cuerpo: «y cuando ya somos de la noche un solo cuerpo»; para del encuentro íntimo, sobredimensionar la unión capaz de mover galaxias: «respiro en aquella silueta / que provocó tanto deseo / que movió galaxias con el poder de la belleza» (p. 10).

Otra idea interesante sobre la que valdría la pena reflexionar es la elección de esa amada que está cerca y lejos, accesible y al mismo tiempo distante: aquella mujer que se desdibuja y cuyos efectos parecen ser parte del pasado por más poderosos que hayan sido. La lejoscerca le Loingprés– ha sido un tema de la mística beguina medieval europea del siglo xiii y un tópico victoriano que autoras de la talla de Emily Dickinson conocían y admiraban, cuya recuperación en una obra contemporánea no podemos más que agradecer.

De Imitación de la poesía su poemario anterior me llamaba poderosamente la atención el hecho de que cubría temas tradicionales de la poesía occidental, el amor, la muerte, la familia, la niñez, la juventud, el valor de la palabra y de lo dicho, las influencias literarias, el fin último de la existencia, la trascendencia y el paso del tiempo, entre otros, pero no había sombras del desamor. Esa deuda queda saldada con creces en este nuevo poemario. Quizás el epítome de este discurso sea el texto «El musgo en las paredes» (p. 23) el cual cito en extenso y el que, a través de la alegoría, un recurso poderosamente utilizado por la autora, nos recuerda un tema central de la poesía del siglo de oro español… la decadencia de todo lo que existe; y, por ende, también del sentimiento amoroso.

Debiera yo decir que fuimos como el musgo en las paredes

esa humedad que se adhiere sin propósito

y corroe dentro

esa dejadez continua que se vuelve norma

y va pudriendo todo.

Debiera yo decir que antes de que ocurriera esto

fuimos lo más puro

lo impoluto,

y fue el reloj con sus horas

las bajas tentaciones

el atajo fácil lo que daño estos cuerpos.

Ya ves,

no duran las cosas terrenales

hasta lo incorruptible se corrompe un día

El texto oscila constantemente entre dos opuestos, entre lo que tiene potencial destructivo y lo que salva; para finalizar con que nada en la tierra puede ser eterno y todo encuentra su fin en su propia destrucción.

Otra idea que recorre el poemario entero es el tema de insularidad. Para Cintio Vitier en Lo cubano en la poesía, la toma de contacto de «nuestra poesía» […] «con el anhelo mítico inmemorial que estaba en imagen renacentista de la isla» viene de la mano de Lezama Lima, «soñadoramente» (p. 350), en «Noche insular: jardines invisibles» (Muerte de narciso, 1937).Para este, la alegoría de la isla da pie a suponer no solo una teleología insular sino también el drama del destierro del paraíso perdido, en la eterna búsqueda de aquella isla condenada a desaparecer. Este asunto, medular en la poesía cubana y trabajado desde tantas aristas –pienso en la obra de Dulce María Loynaz y también en «La isla en peso», de Virgilio Piñera–, aparece una vez más como espacio de fabulación poética en el poemario de Ferrer. Más que una isla física o políticaparaíso del desterrado o cárcel del náufrago y del nativo–, surge una isla de ensoñación («Y quiso […] poner brújula fija hacia aquel sueño azulado», p. 38), de anhelo nupcialQuiso sus brazos convertir en remos / robustos e indestructibles / sus piernas en rompeolas blindadas de acero macizo / y llenar su pecho con el mantra de los poseídos», p. 38), en la que la esperada unión entre el alma y el cuerpo (el almacorporal) nunca llega a producirse y el anhelo se queda en suspenso, sostenido, incluso aunque la trasmutación, el cambio físico haya ocurrido.

Sin embargo, hay una zona de su poesía en este cuaderno que se mantiene estable y es en la que se ocupa de reseñar la vida del día a día, la simpleza habitual del vivir y sus personajes más comunes y más significantes. acuden a su mente sus familiares (su padre, su madre, su hermano, la otra cara de una misma moneda), todos nos recuerdan el paso del tiempo a través de ritos familiares, bodas y funerales, porque la familia también cambia, crece, se expande y disminuye. Especialmente poderoso me resulta el texto «Madre mía» (p. 75). Insistentemente, el vocativo la llama, con la intención de decir todo aquello que no ha sido dicho o que será olvidado. La lapidaria frase «ya es hora» con la que finaliza el poema,nos golpea, porque sabemos que el deseo ferviente de decir inevitablemente perderá la batalla contra el olvido.

Con El nombre de una Isla Milena Ferrer apuesta una vez más por el valor de la palabra y de la creación poética en particular. No se trata solo de la descripción de su mundo interior, de la exposición a jirones de su mundo; sino más bien de la constatación de que esas fracturas que muestra muchas veces tienen la magia luminosa del «Caleidoscopio» (p. 81), con sus pequeñas formas geométricas y coloridas que se desplazan ante los ojos entrecerrados y que trasmiten la mutabilidad y la pluralidad de la vida.

Bibliografía

Ferrer Saavedra, Milena. El nombre de una Isla, Betania, 2026.

Ferrer Saavedra, Milena. Imitación de la poesía, Betania, 2024.

Miller, Cristanne y Domhnall Mitchell (Eds.). The Letters of Emily Dickinson, Cambridge Mass, Belknap Press of the Harvard University Press, 2024.

Porete, Margherita. Miroir des Simples Ames [El espejo de las almas simples], Siruela, 2005.

Vitier, Cintio. Lo cubano en la poesía, Ediciones Unión, 2021.

 

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