Por Por Daniel Morena Vitón/Ideas/Fundación Disenso.
En After Liberalism sostiene que la democracia liberal ha evolucionado hasta convertirse en un Estado gerencial. ¿Cree que el Estado gerencial es hoy más poderoso que la democracia electoral, o que ambos están vinculados?
A veces utilizo la expresión «democracia liberal» de forma sarcástica, porque no creo que tenga demasiado que ver ni con el liberalismo ni con la democracia. Es la forma en que una determinada élite política, cultural y social decide describirse a sí misma y presentar lo que hace como liberal y democrático.
En un país como Alemania ni siquiera se finge que la democracia guarde realmente relación con la voluntad popular. Lo que existe es una ideología antifascista impuesta a la población por la clase dirigente. Esta se mantiene en el poder porque puede manipular las elecciones para ganarlas y porque se organiza conjuntamente contra un único partido, Alternativa para Alemania, que no es en absoluto un partido fascista. Se parece más al Partido Republicano de Estados Unidos. Sin embargo, la clase dirigente consigue convertirlo en chivo expiatorio, de manera parecida a lo que hace con Vox en España, y presenta la situación como si todos tuvieran que mantenerse unidos para combatir el fascismo. Se trata de un fascismo completamente ficticio.
Mediante esa manipulación electoral suelen conseguir mayorías. Después, cualquier cosa que la élite quiera hacer en materia de ingeniería social resulta permisible: se convence a la población de que se enfrenta a un peligro fascista y de que, por ello, sus libertades democráticas o constitucionales deben limitarse o manipularse. A todo eso se lo denomina «democracia liberal», aunque ni protege adecuadamente los derechos constitucionales ni es verdaderamente una democracia.
La única democracia que reconocería como tal es una democracia nacional: una nación o una comunidad que se gobierna a sí misma. No existen democracias globales. Las burocracias no crean democracia; por su propia naturaleza son antidemocráticas. Hay un conflicto o una contradicción inevitable entre la democracia y el gobierno tecnocrático de expertos autoproclamados que pretenden decidir por nosotros en qué consiste nuestra democracia.
Por tanto, las definiciones actuales de democracia no tienen nada que ver con un autogobierno popular real y serio. Cuando se elimina la identidad nacional y la comunidad, que son precisamente los ámbitos en los que la democracia puede prosperar, el resultado es una forma de autogobierno completamente artificial.
¿Cuál es la principal diferencia entre el liberalismo antiguo o clásico y el liberalismo contemporáneo? ¿Qué ha cambiado?
El liberalismo contemporáneo no tiene nada que ver con el liberalismo. Como sostengo en After Liberalism, desde hace aproximadamente un siglo se llama liberalismo a cualquier cosa que el Estado gerencial decida hacer. También se la llama democracia, según el término que prefieran utilizar.
Supongo que el liberalismo todavía conserva alguna relación vaga con la libertad, pero en la práctica no es así. Los llamados liberales modernos, que no son liberales en absoluto, suelen restringir o destruir libertades constitucionales o libertades que la población había conquistado en épocas anteriores. La inmigración, en particular la procedente del tercer mundo, destruye lo que queda de identidad o unidad nacional, que constituye el terreno imprescindible para la democracia. Sin identidad nacional no hay democracia.
¿Está vinculado el multiculturalismo con el proyecto de unas élites que quieren destruir nuestra civilización?
Sí, es absolutamente cierto. No estoy completamente seguro de con qué pretenden sustituirla, pero sí quieren destruir nuestra civilización. Esa es la razón por la que nos están desbordando con poblaciones musulmanas procedentes del tercer mundo: el resultado será que dejará de existir una sociedad occidental, blanca y cristiana. Si estas personas tienen éxito, se producirá lo que los franceses denominan le grand remplacement, el gran reemplazo.
Esa sería la condición previa no solo para que continúe su dominio, sino para que sea perfecto. Quienes impulsan este proceso creen que seguirán al mando y que no habrá oposición, como si los musulmanes que llegan no fueran a oponerse a ellos cuando tuvieran la oportunidad. Creo que el resultado buscado es la destrucción de todo aquello que permitía reconocer lo que eran anteriormente las sociedades occidentales.
¿Considera que se trata de algo deliberado o de una consecuencia negativa no buscada? Es decir, ¿estas élites acogen a inmigrantes del tercer mundo porque creen que actúan moralmente bien, aunque ello termine destruyendo las normas y valores que hacen posible una civilización?
Existe una interpretación benévola de lo que está ocurriendo que yo no acepto en absoluto: la idea de que estas personas desean sinceramente lo mejor para nosotros, pero producen consecuencias negativas, o de que están movidas por sentimientos bondadosos. Se presenta, por ejemplo, al papa acogiendo con flores a poblaciones musulmanas del tercer mundo como si estuviera siguiendo el ejemplo de Jesucristo. No lo creo.
Creo que existe un plan para sustituir a la población occidental. El autor francés que escribió sobre esta cuestión tiene razón. Eso es exactamente lo que está sucediendo; hay que estar ciego para no verlo. Quieren sustituir a una población que no les gusta y a la que, al mismo tiempo, animan a no tener hijos. No quieren que haya más miembros de esa población y desean traer otra para reemplazarla.
Puede haber varias razones. Una de ellas es sencillamente el odio. Estoy completamente convencido de que estas personas odian de verdad a los cristianos blancos occidentales. Los consideran estúpidos y fanáticos. En cambio, creen que los musulmanes que están introduciendo serán personas agradables porque las élites podrán reeducarlos, algo que evidentemente nunca ocurrirá. Al final, esas élites serán desbordadas y recibirán lo que merecen, aunque desgraciadamente todos los demás también serán destruidos.
No creo que este proceso esté motivado en modo alguno por la bondad. La motivación es el odio hacia la sociedad occidental, blanca y cristiana, o el deseo de ejercer un poder total sobre una población que creen que podrán controlar.
¿Quiénes son responsables? La llamada derecha moderada -que en realidad quizá no sea derecha-, el neoconservadurismo y los partidos democristianos europeos también han permitido la entrada de inmigración procedente del tercer mundo. ¿Qué responsabilidad tienen?
Son falsas derechas. No son la derecha. Su función consiste simplemente en mantener una apariencia de equilibrio dentro del espectro político para poder afirmar que existe una democracia en la que todos están representados salvo los fascistas.
En Estados Unidos tenemos a los neoconservadores, que en realidad no son la derecha, aunque disponen de suficiente dinero y respaldo del capitalismo corporativo como para presentarse como tal. Son equivalentes a los democristianos europeos. Su aspiración es encontrar una oposición de izquierda moderada con la que puedan hacer política.
Mientras tanto, trabajan para marginar y excluir todo lo que se encuentre a su derecha, porque se presentan como los auténticos conservadores moderados. Sin embargo, no hacen más que ceder terreno ante la izquierda. Cooperan con la burocracia multinacional y globalista. Son completamente inútiles; peor aún, porque crean la apariencia de una oposición cuando en realidad no lo son…
Pulse aquí para acceder al sitio y terminar de leer el artículo.















