Mundo

Cara y Sello en el País Milagro

Por Gloria Chávez Vásquez.

 

En surcos de dolores, el bien germina ya.

Rafael Núñez, poeta y presidente;

autor de la letra del himno nacional.

 

 

La historia de Colombia está plagada de tragedias colosales, causadas por la naturaleza, la violencia, las psicosis y los insensatos antisociales. Pero, a pesar de haber sido forjado en el crisol del dolor y el sufrimiento, o quizás por esa misma razón, el espíritu colombiano, (con obvias excepciones) surge vigoroso, tenaz, compasivo y solidario.

En el siglo XX varios terremotos, la erupción de un volcán y las guerras de narcos y guerrillas en contra de la nación, han dejado a su paso innumerables víctimas, en lugares como Medellin, Cali, Bogotá, Popayán, Armero, Armenia y municipios aledaños.

En ocasiones las tragedias han golpeado a Colombia casi simultáneamente. El 6 y 7 de noviembre de 1985 un grupo de guerrilleros del Movimiento 19 de abril (M-19) asaltó el Palacio de Justicia, dejando en el ataque, 101 muertos, entre ellos 11 magistrados. El 13 de noviembre de 1985, el volcán Nevado del Ruiz, inactivo durante 69 años, hizo erupción, desatando aludes de barro que enterraron la ciudad de Armero (20,000 muertos) y otros pueblos a su alrededor.

Según el Instituto para el Desarrollo y la paz (Indepaz), Colombia registra 55 masacres con 256 víctimas mortales, durante el año 2025. De acuerdo con la Revista Semana, en Colombia mueren por la violencia del narcotráfico, 3,800 personas al año.

 

 

 

Terremoto Siglo XXI

En general, los colombianos, cuyo territorio patrio está atravesado de norte a sur por tres cordilleras de Los Andes, viven de sismo en sismo. Algunos pasan desapercibidos. Otros son de mínima intensidad. Pero los efectos del más reciente terremoto, magnitud 7,4, que se ensañó en los departamentos del Chocó, Caldas, Risaralda y Quindío, en la zona del Pacifico, se sintieron en casi todo el país.

La solidaridad desplegada por las comunidades de las ciudades y pueblos, azotados por el 7,4, el pasado 11 de agosto, contrasta con la malicia de aquellos que dan prioridad a su corteza cerebral reptiliana, para boicotear las labores de rescate y desprestigiar al nuevo gobierno. Anquilosados en su ira crónica y amargura infinita, se han dedicado a inundar las redes sociales, de memes, ridiculizando al presidente y su familia e insultando a quienes les sugieren que empleen su tiempo y energía en ayudar al menos en las labores de remover escombros.

Pero, como se dice en Colombia, esos “ya se fueron así” y continúan en su lucha, desaforada pero inútil, por destruir el espíritu colombiano e imponer su patética doctrina.

 

 

 

Preparando la reconstrucción

Arquitectos e ingenieros voluntarios o asignados por el gobierno, se encuentran ahora dedicados a revisar los daños estructurales, y detectar así, las fallas de construcción que permitieron los derrumbes. El estándar de excelencia en la construcción, es la Torre de Cali (1978), el rascacielos más alto de Colombia (45 pisos) y otros edificios notables, construidos bajo los códigos que los protegen de sismos como este. Mientras tanto, construcciones más recientes y de menor altura, se desplomaron, atrapando a sus habitantes, como ocurrió con las Torres del Limonar, y otros condominios, en la misma urbe.

La ciudad de Armenia, destruida por un terremoto de magnitud 6,1 en 1999 (1,185 muertes) y reconstruida luego, con la asesoría de la técnica japonesa, sobrevivió con daños superficiales o de menor intensidad. Ciudades como Manizales y Pereira, parte del eje cafetero, resultaron más afectadas dado que las construcciones eran más antiguas y por tanto los códigos contra sismos no aplicaban.

Alrededor de las capitales de departamentos y ciudades afectados en la zona del Pacifico, como Quibdó en el Chocó, Cartago y Buenaventura en el Valle del Cauca, gran número de construcciones en municipios o pueblos se vieron afectados dado que la gran mayoría datan de principios del siglo XX.  El mayor número de víctimas, que continúa en ascenso, lo experimentan Cali, Manizales y Pereira.

 

La ayuda internacional ha sido generosa y la distribución bien coordinada, a pesar de la insistencia de los interesados en tergiversar las noticias como la de que el presidente Abelardo de la Espriella se opuso a tal ayuda. Un rumor totalmente falso, originado en un burócrata del gobierno de Petro que, inexplicablemente, continua en el puesto. La siguiente campaña de desinformación se enfocó en el equipo de rescate, conformado por 82 rescatistas y especialistas de las reservas israelíes, a quienes el movimiento de izquierda pro-palestina, etiquetó de “terroristas y asesinos que vienen a por nuestros niños” diseminando un video producido en Venezuela. El “virus” fue introducido por los mismos miembros de grupos en las redes como el de Colombia tiene escritoras.

Entre los equipos internacionales, llegaron los rescatistas mexicanos conocidos como los Topos Aztecas, el Japan Disaster Relief, y el de Disaster Assistance Response Team (Dart).

Los colombianos que aprueban las gestiones del presidente continúan trabajando día y noche para ayudar a sus amigos, familiares y vecinos damnificados. Por su parte, el gobierno ha montado centros de acopio y agilizado la movilización de rescatistas, enviando recursos y apoyando entidades como la Cruz Roja y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd).

Alertas inmediatas han sido posteadas en todo el país para denunciar a individuos que depositan el dinero de las donaciones a damnificados, en su cuenta personal. O aquellos radicales que posan de buenos samaritanos mientras continúan su proselitismo en las redes, entre los más vulnerables.

Las redes sociales han sido clave en el proceso de la ayuda para encontrar personas y mascotas; para hacer llegar las ayudas a lugares como los ancianatos, las clínicas, las escuelas, los museos, y las iglesias que han sufrido daños estructurales o derrumbes. La ayuda de los colombianos en el exterior, una de las fuentes principales de auxilio a la nación, se ha multiplicado.

Los medios digitales han desplegado a sus reporteros en los sitios más afectados, recogiendo el testimonio de los ciudadanos acerca de los traumas físicos y emocionales a raíz del sismo. Los oficiales encargados de evaluar los daños, organizan las listas de acuerdo a las prioridades. La labor humanitaria y de recuperación avanza con la ayuda de maquinaria pesada y asesores profesionales de países como China y EE.UU.

Cesó la horrible noche, uno de los poderosos versos del himno nacional, se ha convertido en el lema de quienes apoyan al nuevo gobierno de Abelardo de la Espriella. El perenne estado de temor e inseguridad en el país se ha trasformado en bríos para combatir las criaturas carroñeras y las aves de rapiña que pululan alrededor de los desastres. Ahora hay conciencia nacional de que, en Colombia, tiene su nido el ave fénix.

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

 

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