Cultura/Educación

La liberación del espíritu y la mente

Por Gloria Chávez Vásquez.

 

Guardar rencor es vivir en una jaula cuya llave tienes tú mismo.

Arturo Jauretche (1901–1974) Pensador, escritor y político argentino.

 

 

El odio es una pasión insana con la que ha vivido la humanidad desde tiempo inmemorial. Caín mató a Abel porque creyó que Dios prefería las ofrendas de su hermano. Sus celos le incitaron a destruir la vida de quien –él sentía– era el causante de su desdicha. En realidad, la causa de su ira fue su inseguridad y egocentrismo, lo cual degeneró en resentimiento, envenenó su alma y lo llevó a cometer un fratricidio.

J.K. Rowling, la autora de la exitosa serie de Harry Potter, quien ha sido víctima del odio gratuito de los fanáticos del wokismo, por el solo hecho de no estar de acuerdo con la ideología de género, observa que, los resentidos, crean un libreto de falsedades en su mente, y en su obsesión, dan rienda suelta a sus compulsiones violentas que culminan en destrucción.

El odio reaccionario contra judíos, cristianos, celebridades, lideres y políticos de derecha en el mundo entero es de tal magnitud, que se ha diagnosticado –en quien lo padece– como un Síndrome de perturbación, una forma de proyección o histeria, dirigida hacia una persona o grupo, con quien no se está de acuerdo en el campo de las ideas. La ira irracional, que ha infectado hasta las canchas de deportes, se ha apoderado también de las instituciones académicas y escolares, causando innumerables víctimas de homicidios y masacres.

 

«JK Rowling 1999» by John Mathew Smith & www.celebrity-photos.com from Laurel Maryland, USA is licensed under CC BY-SA 2.0

Vivisección del odio  

Según Buda, “La ira no desaparece mientras los pensamientos de rencor sean atesorados en la mente”. Los resentidos históricos y los que adoptan causas para justificar su ira, sus celos, su rencor alimentan a diario las crisis, emocionales y existenciales que hoy vivimos. Desde el punto de vista espiritual, el mundo esta siendo poseído por los demonios del odio y de la ira.

El escritor francés, Emil Cioran considera que el autoconcepto y la forma en que nos comparamos con los otros, son la génesis del rencor y el resentimiento. Ambos provienen de la inseguridad y el hecho de no poder enfrentar al otro con dignidad y, por tanto, sentirnos despojados, humillados o inferiores. Eso nunca se lo perdonamos a los demás.

Los celos, la envidia, el rencor y el resentimiento son manifestaciones del odio, que rumian la venganza y el deseo de hacer daño a quien(es) culpamos de nuestra frustración ante el dolor. Son emociones nocivas que pueden degenerar en enfermedades mentales como la psicosis, la bipolaridad y la depresión.

El individuo celoso sufre de complejo de inferioridad, a veces disfrazado de superioridad (machismo). Su talón de Aquiles es el rechazo. Los celos parten de una inseguridad personal o falta de amor propio que tiene su origen en la negligencia o abandono familiar, las rivalidades entre hermanos y puede convertirse en obsesión paranoica. Sus efectos mas evidentes son el “bulling”, el abuso y el maltrato. Las victimas más frecuentes son los niños y las mujeres.

La envidia es la irritación que surge cuando notamos que otra persona posee una cualidad, un bien o un privilegio que deseamos para nosotros. El envidioso crónico es un impotente que vive insatisfecho con su suerte. En su mente la “justicia” que busca solo se logra con la revancha: apoderarse de lo que él envidia, sin permitir que otro cobre por él.

 

«Emil Cioran, filósofo y escritor.» by Arturo Espinosa is licensed under CC BY 2.0

El resentimiento es un instinto contra todo lo saludable y lo bien construido. Es el rencor de los enfermos emocionales. El resentido es un espíritu estancado en su evolución espiritual, obstinado en causar en los demás, el daño que otros le han hecho a él. Odia al valiente y al próspero porque los envidia, y desprecia todo lo bello porque le ofende su hermosura. Nada en la tierra consume a una persona más rápidamente que la pasión del resentimiento.

El resentido, como lo describe Nietzsche, no es una persona sincera, ni ingenua, ni honesta consigo misma. Su alma mira de reojo; su espíritu ama los escondrijos, los caminos tortuosos y las puertas falsas, todo lo encubierto y lo oscuro le atrae y de ello deduce su seguridad y su alivio. Es una descripción exacta de los desadaptados y terroristas de hoy en día.

 

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Ortega y Gasset, define el resentimiento como una efusión de sentimientos de inferioridad. Una persona resentida suele tener bastantes problemas de autoestima. Vive bajo la sombra de un dolor o una pérdida que aún no ha superado. Mientras persista ese resentimiento, seguirá atrapada de por vida en el sufrimiento, un lastre que no le deja ser feliz ni prosperar.

El rencor, es una ira intensa que se genera tras una ofensa, un agravio, una traición o una injusticia. Es una pasión que su víctima no sabe cómo soltar porque esta alimentada por la ira, la memoria y el dolor. Es una carga emocional que no le permite olvidar o perdonar. Paradójicamente, es una necesidad de autocastigo por no haber reaccionado debidamente y a tiempo, contra el trasgresor.

Arturo Jauretche escribe que no es la multitud la que odia o busca venganza, sino los individuos mediocres y las minorías retrógradas. Individuos que se perciben desafortunados y por tanto se tienen lástima, porque “conquistar derechos provoca alegría, mientras perder privilegios provoca rencor”. Todas estas actitudes afectan el entorno y las relaciones, tanto social como personalmente.

 

«Don Jose Ortega y Gasset for PIFAL» by Arturo Espinosa is licensed under CC BY 2.0

 

La terapia del perdón

Aspirar a la concordia en un planeta plagado de injusticias, es no querer entender que mientras haya personas con sed de venganza, no tendremos paz. Que el perdón no es fácil para aquellos que han perdido a sus seres queridos en manos de depredadores y criminales, luchas fratricidas y hasta de un enemigo enmascarado como es el terrorismo. Pero Las emociones humanas son adaptativas, y las negativas pueden eliminarse o controlarse mediate la terapia, la disciplina y las acciones positivas. El antídoto del odio es la compasión y la empatía que constituye el acto de perdonar, lo cual requiere madurez y amor propio, así como abandonar el orgullo y acogerse a la humildad. La sabiduría popular aconseja perdonar para aliviar la mente, porque el perdón nos permite sanar el espíritu, liberándonos así, de los traumas del pasado.

Ayudaría mucho que la gente amara o por lo menos respetara al prójimo, incluida su vida y sus pertenencias. Que se rechazaran las ideologías utópicas, los fanatismos religiosos y aun la locura insensata. Pero como eso no sucede, el consuelo de muchos es acogernos a la fe en la justicia divina, deseando que quien ofende o hace daño a otro(s), reciba el castigo que merece. La noción de pecado o karma es un buen comienzo.

La vida no siempre es justa, pero para los rencorosos es todo un infierno. El perdón no cambia los hechos, no justifica el daño recibido ni olvida la ofensa; su objetivo es devolvernos el control sobre el dolor. No es un gesto para el otro, es un gesto para uno mismo. Es cierto que el tiempo sana las heridas, pero debemos poner de nuestra parte para no sufrir y hacer sufrir al prójimo.

La ausencia de rencor no implica no tener conciencia del pasado; quien no guarda rencor tiene una autoestima saludable y la voluntad para perdonar. Perdonar reduce el temor al rechazo, al engaño, al abandono, por lo tanto, incrementa la confianza en sí mismo y libera al individuo del rencor. El perdón cierra episodios dolorosos que roban la energía, y afectan la capacidad y el rendimiento personal.

Un buen plan de acción para empezar a liberar la mente y el espíritu:

1.Examina y escribe sobre las emociones y pensamientos, que causó en ti, quien te hizo daño.

  1. Identifica cómo esas emociones afectan tu comportamiento. 3) Busca razones y ocupaciones positivas para combatir los pensamientos negativos. 4) Libérate del control y el poder de la persona que te ofendió y la situación en que lo hizo. 5) ¿Qué efecto ha tenido sobre tu vida? 6) Busca soluciones adecuadas para mantenerte en paz contigo mismo y con los demás.

 

Es solo cuando razonas y asimilas la ofensa, dejando el castigo del ofensor a la vida, a la justicia humana o divina, que podrás continuar libre para seguir tu jornada y, en el camino, mejorar como persona. La victoria consiste en que tu espíritu se supere ante el daño y el dolor.

                                                           *

Gloria Chávez Vásquez, escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos. Sus libros están disponibles en Amazon, Goodreads, Buscalibre y Verbum.com Para leer otros artículos, entrar en las páginas literarias de gloriachavezvasquez en Facebook, Instagram, Zoepost, Insularis Magazine, Letras del Parnaso, Papel Salmon (La Patria) y Democracia Participativa.

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