Por Cubanuestra EU.
La historia oficial de la Revolución cubana ha estado dominada durante más de seis décadas por dos narrativas aparentemente opuestas. La primera, promovida por el régimen cubano, presenta la llegada de Fidel Castro al poder como la victoria de un movimiento popular que derrotó a una dictadura sostenida por Estados Unidos. La segunda, difundida por amplios sectores del exilio, sostiene que Washington abandonó a Batista y permitió el triunfo de una revolución cuya verdadera naturaleza comprendía perfectamente. Sin embargo, el estudio de documentos desclasificados, memorias diplomáticas, investigaciones académicas y testimonios de protagonistas de la época revela una realidad mucho más compleja y llena de contradicciones.
Uno de los testimonios más significativos es el de Earl E. T. Smith, último embajador estadounidense en Cuba durante el gobierno de Fulgencio Batista. En su libro The Fourth Floor: An Account of the Castro Communist Revolution, publicado en 1962, Smith sostuvo que la política de Washington contribuyó decisivamente a la caída de Batista y facilitó indirectamente el ascenso de Fidel Castro. Aunque la obra refleja la visión de un protagonista directamente involucrado en los acontecimientos y debe ser leída críticamente, muchas de sus observaciones han encontrado eco en documentos desclasificados décadas después.
La evidencia documental demuestra que durante los últimos años de la dictadura de Batista se produjo un progresivo distanciamiento entre Washington y La Habana. A medida que crecían las denuncias sobre corrupción, represión política y violaciones de derechos humanos, importantes sectores del Departamento de Estado comenzaron a considerar que Batista se había convertido en un problema para la imagen internacional de Estados Unidos en América Latina. En consecuencia, la administración Eisenhower fue retirando gradualmente su apoyo político al régimen cubano. La suspensión de ventas de armamento en 1958 tuvo un enorme impacto simbólico y práctico. Aunque el ejército cubano seguía siendo muy superior militarmente a las fuerzas guerrilleras, la medida fue interpretada dentro y fuera de la isla como una señal inequívoca de que Washington estaba retirando su confianza al gobierno cubano…
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