Sociedad

Epístola a los cubanos que miran el mundo pensando en el futuro

Por Carlos M. Estefanía.

Hermanos y hermanas:

Aprovecho estas vacaciones de Pascua que me concede el muy secular estado sueco para volverles a escribir apenas enviada mi anterior carta. Como siempre, lo hago desde Botkyrka, un rincón de Suecia que, en pequeño, refleja lo que sucede en todo el país. Aquí, en esta tierra que muchos imaginan ordenada y predecible, las piezas se mueven con una intensidad que no deja a nadie indiferente. Lo local y lo nacional se entrelazan, y lo que ocurre en un barrio como el nuestro dice mucho sobre cómo funciona la política en toda Suecia.

Déjenme contarles algo que está pasando aquí, algo que, aunque parezca un asunto local, revela dinámicas universales. Ha surgido un partido nuevo: el Kristna Familjepartiet, que podríamos llamar Partido de la Familia Cristiana. Se prepara para competir en las elecciones municipales de 2026, donde se decidirá quién gobernará nuestro municipio.

Lo curioso no es solo que aparezca un partido nuevo —algo bastante habitual en Suecia— sino quién lo fundó. Su nombre es Aday Bethkinne, un joven de 33 años que, en las últimas elecciones, fue el candidato más votado personalmente en todo Botkyrka. No solo votaron por su partido; votaron por él, por su liderazgo. Era la figura fuerte de los democristianos, Kristdemokraterna (KD), hasta que rompió con ellos.

Y no fue una salida tranquila. Todo comenzó con una polémica en redes sociales: Bethkinne criticó el desfile del Orgullo LGTBIQ, llamándolo “el desfile de la confusión”. La reacción fue inmediata, y esa controversia lo separó de su antiguo partido. Según él, los democristianos habían perdido su “brújula cristiana”. Y así decidió crear su propio movimiento.

¿Qué defiende?
Principalmente valores tradicionales. Cuando habla de “familia nuclear”, se refiere explícitamente a madre, padre e hijos. No es un concepto neutro: es un posicionamiento político que genera debate aquí. También propone abrir la discusión sobre el aborto y cuestiona ciertas actividades culturales, como las lecturas de cuentos a niños por artistas drag.

Sin embargo, insiste en que defiende la igualdad de derechos, incluso para personas LGTBIQ, basándose en la idea de libre albedrío. Esta mezcla de conservadurismo social y afirmación del individuo genera un debate intenso en la comunidad.

En lo económico, sus propuestas son más generales: quieren bajar los impuestos municipales, aunque no detallan cómo lo lograrán. Y hay un gesto simbólico que dice mucho: planean construir un monumento en Hallunda-Norsborg en memoria de los armenios y otras minorías asesinadas en 1915. Este barrio, con fuerte presencia cristiana e inmigrante, sobretodo de ortodoxos asirios y caldeos -sí aún existen, y es un placer y hasta un privilegio histórico cultural para mí tratar con ellos- es estratégico: Bethkinne apunta directamente a su base electoral original.

En pocas palabras, lo que parece una historia pequeña es, en realidad, una lección sobre política viva. Aquí los partidos no son eternos: los líderes se mueven, se separan, crean nuevas opciones y compiten directamente por los mismos votantes. Todo ocurre dentro de las reglas del sistema. Es un movimiento constante; nada queda debajo de la mesa.

Mirando más allá de Botkyrka, Suecia atraviesa un momento histórico: el primer ministro Ulf Kristersson ha abierto la posibilidad de gobernar junto a los identitarios del partido Sverigedemokraterna (Demócratas de Suecia), mientras que en Europa se negocian decisiones clave. Nada está escrito; todo es flexible. Incluso la economía, con la reducción de impuestos sobre alimentos y electricidad, el aumento del límite de préstamos hipotecarios y los ajustes en la amortización, se mueve con cautela. La vida cotidiana sigue su curso, pero con atención.

Mientras todo esto ocurre, la cultura sueca sigue vibrando. El próximo 17 de abril se celebrará la Noche Cultural (Kulturnatt) en Estocolmo, un evento que transforma la ciudad en un gran escenario abierto: museos, teatros, calles llenas de música, danza y recorridos guiados. Habrá espacio para familias y niños, exposiciones sobre vikingos en el Historiska museet (Museo Histórico), actividades en el Paradox Museum (Museo Paradox) y celebraciones en Skansen, el parque-museo al aire libre. Una ciudad que no deja de latir, incluso en medio de la tensión.

Y aquí, viviendo como cubanos, no podemos evitar observar señales que enseñan. Cuando un país se mueve en tantos frentes a la vez —política, economía, cultura, sociedad— no son hechos aislados: es un proceso profundo. Suecia está en uno de esos momentos, y Botkyrka, con sus luces y sombras, es un espejo de ese proceso.

Les seguiré escribiendo, porque estas historias no se comprenden en una sola carta. Son como piezas de un mosaico que, al unirlas, muestran el verdadero rostro de la sociedad.

Un fuerte abrazo a todos ustedes desde el norte,
Su corresponsal en Suecia,
Carlos Manuel Estefanía.

5 de abril de 2026.

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