Medias

La coartada perfecta: cuando la compasión borra la verdad sobre Cuba

Por Carlos M. Estefanía.

A propósito del artículo “El mundo guarda silencio mientras Cuba es castigada”, publicado el 26 de marzo de 2026 en Svenska Dagbladet, firmado por los socialdemócratas suecos Valentin Rodikov y Victor Lagercrantz.

Queridos compatriotas:

Les escribo desde esta Suecia que nos acoge —ordenada, previsible y orgullosa de sus instituciones— con la nostalgia agarrada al pecho y la gratitud como compañía. He rehecho mi vida aquí, pero no he dejado atrás la isla que me vio crecer; su nombre sigue latiendo en cada recuerdo. Y por eso me duele ver cómo ciertos relatos, revestidos de compasión, terminan borrando a quienes más sufren: los cubanos.

Leí el artículo con la rabia contenida de quien reconoce las imágenes de siempre: apagones que devoran la noche, colas que humillan, hospitales que no dan abasto, familias que sobreviven por inercia. Todo eso es verdad y duele. Pero hay un gesto en ese texto que me pareció una traición silenciosa: reducir ese dolor a una sola causa. Señalar únicamente hacia afuera —el embargo, las sanciones, la política estadounidense— y proclamar que ahí está la raíz del desastre es, en el fondo, apagar otras alarmas.

Porque Cuba no se esfuma del mapa; desaparece como sujeto. Se le niega voz y responsabilidad, en particular a su régimen. Se le niega también a quienes dentro de la isla resisten, protestan, documentan y pagan con cárcel o exilio su derecho a disentir. Se borra la represión, la censura, las decisiones que estrangulan la iniciativa y la producción. Se omite la corrupción que come los pocos recursos que quedan. Y con ese silencio, la compasión se convierte en una coartada.

Ese silencio no es inocente; es deliberado. Se elige un encuadre cómodo, se ilumina con emoción y se pone en penumbra lo que incomoda. No es mentir: es amputar la verdad. Y una verdad mutilada deja a la gente sin herramientas para entender, juzgar o actuar. Peor aún: cuando intentamos presentar una réplica que aporte contexto y las voces que faltan, se nos negó la palabra. Carina Stensson, responsable de la sección de debates del Svenska Dagbladet, se negó a publicar una respuesta al artículo. Que la responsable del foro donde se discute no abra espacio a la réplica confirma que no estamos ante un simple descuido editorial: es una decisión que silencia contraste y limita el debate público.

No se busca aquí absolver a quienes sancionan desde fuera. Las sanciones existen y lastiman a millones; lo sabemos. Pero no lo explican todo. Cuba no es una isla aislada del mundo: comercia, recibe apoyos, inversiones, créditos, petróleo. Ha tenido márgenes de maniobra. Lo que ha faltado, y lo que no puede permitirse su propio sistema, es la corrección interna. Y eso duele decirlo porque confronta a quienes preferirían creer en soluciones externas y rápidas.

La escasez en Cuba también es creada por dentro: por monopolios estatales que asfixian la iniciativa, por controles que castigan la productividad, por decisiones políticas que rompen cadenas económicas. Pero, sobre todo, por un modelo que no tolera crítica ni alternancia, por un sistema que no admite prensa libre. Eso es una herida profunda que nadie fuera podrá curar sin que los cubanos puedan, primero, nombrarla.

Nombrar es un acto de justicia. Decir los nombres de quienes gobiernan, describir las políticas que llevaron al país al borde del colapso, dar espacio a las voces que arriesgan la vida por decir la verdad: eso es solidaridad de verdad. La otra, la que simplifica y disculpa, solo alivia la conciencia de quien observa desde lejos mientras vuelve ciega la vista.

A quienes conocemos Cuba en carne propia no nos pueden vender ese recorte cómodo. Sabemos que la realidad no cabe en consignas ni en buenos sentimientos mal aplicados. Sabemos que reducir el sufrimiento a un único culpable es negar la complejidad humana y política que hay detrás de cada familia que sufre. Y conocemos, por experiencia propia, a las personas valientes dentro de la isla que resisten sin altavoces: ellos merecen que se les nombre.

Es por ellos que escribo. No por provocación, sino por deber. Exijo que se diga con claridad quiénes gobiernan y qué políticas han llevado al país a la ruina. Exijo que, junto a la denuncia del embargo, se coloque con la misma fuerza la denuncia del sistema que niega libertades. Exijo que los medios que se proclaman ecuánimes ejerzan la ecuanimidad: que abran espacio al contraste, respeten la inteligencia del lector y no sirvan conclusiones precocinadas.

No aceptemos relatos incompletos sobre nuestra propia historia. No permitamos que la supuesta nobleza de ciertos discursos oculte omisiones que encubren responsabilidades. La verdadera solidaridad incomoda, complejiza y, sobre todo, nombra.

Nombrar, en el caso de Cuba, es un acto de amor y de justicia.

Hasta la próxima semana.

Con afecto —y sin concesiones—,
Carlos Manuel Estefanía.

 

Fragmento de pared con grafiti donde se lee «Viva Trump», en Santiago de Cuba, 2026

 

 

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