Por Gloria Chávez Vásquez.
Pensemos en la perplejidad de un hombre que, fuera del tiempo y del espacio, ha perdido su reloj, su regla de medir y su diapasón. Creo que éste es el estado que constituye la muerte.
Alfred Jarry ―Escritor francés (1873-1907)
La perplejidad es el estado de desconcierto o indecisión de una persona respecto a algo. La palabra viene del latin Perplexĭtas. Su derivado, perplexus, es la suma de dos partes bien delimitadas: el prefijo per- (intensidad); y plectere, (enredar). Quien se encuentra perplejo, está indeciso y desconoce la resolución a un problema o ha perdido el control de la situación.
Varias son las reflexiones escritas tratando de explicar la naturaleza y propósito de la perplejidad. El tratado más conocido data de 1190 y su autor fue una de las luminarias filosóficas de la Edad Media. El tema continúa presente en nuestra época, y aplica a una humanidad atormentada y perpleja que se debate ante la convulsión y el caos.
La Guia de los perplejos, es considerada la más importante y la más universal de todas las obras de Maimónides. Es esta una obra filosófica judaica escrita por una de las autoridades hebreas más importantes del Medievo. El andalusí Maimónides (Córdoba, 1135 – Fustat, Egipto, 1284) la escribió originalmente en árabe y fue traducida al hebreo en vida del autor. En este tratado encontramos todo su pensamiento filosófico.
Maimónides distingue tres grupos de seres creados: los minerales, las plantas y los seres vivos (incluyendo al ser humano), compuestos de materia y forma perecedera. Los ángeles, seres dotados de forma, pero inmateriales. Admite la creación como un acto de acuerdo a la esencia divina, el cual abarca todos los seres, no tiene otro fin que a sí mismo y por lo tanto su duración es ilimitada. Prueba la existencia de Dios a partir de argumentos aristotélicos y afirma su unidad e incorporeidad.
El filósofo plantea que el alma es una esencia, con cinco facultades: fuerza vital, sentidos, imaginación, apetito (pasiones y voluntad) y razón (libertad y entendimiento). La razón es la facultad que caracteriza al ser humano. Tiene en común las demás facultades con los animales.
El estado profético, está constituido por una iluminación superior a lo que cada uno puede aspirar, entendiendo la profecía como una emanación de Dios que se extiende por medio del intelecto a la facultad racional y después a la facultad imaginativa.
El hombre es libre y la libertad es una función de la inteligencia. El intelecto, como parte del alma humana, es inmortal porque no necesita del alma para sus operaciones, sino que se separa absolutamente del cuerpo. La resurrección de los cuerpos se debe a la fe pero la razón no la puede demostrar, aunque tampoco negar y la admite como un milagro compatible con la creación.
El entendimiento constituye el verdadero fondo de nuestro ser, la parte inmortal del hombre y por eso el hombre debe encaminar todos sus actos a obtener la perfección suprema de esta facultad mediante el conocimiento de Dios; conocer y amar a Dios es el fin último de la vida.

Guía para perplejos (1977) es el libro de E. F. Schumacher, un reconocimiento a la obra de Maimónides. Schumacher consideró este su escrito más importante, aunque el más conocido es su libro de economía ambiental, Lo pequeño es hermoso, el cual le hizo famoso dentro del movimiento ecologista.
Schumacher hablaba de su Guia, como el producto de una investigación acerca de la vida humana en nuestro planeta, una exploración de la naturaleza, la organización del conocimiento y una crítica al materialismo científico. Además, argumenta que las teorías filosóficas actuales son demasiado estrechas y en muchos casos se basan en premisas falsas.
Según Schumacher, las cuatro grandes verdades de la elaboración de sistemas filosóficos deberían ser: 1- El mundo es una estructura jerárquica con por lo menos cuatro «niveles del ser». 2- El Principio de adecuación determina la capacidad humana para percibir con precisión el mundo. 3- El aprendizaje humano se relaciona con cuatro campos de conocimiento. 4- El arte de vivir requiere una comprensión de dos tipos de problemas: convergentes y divergentes.

¿Por qué la de los humanos es una sociedad de perplejidad?
Es la pregunta de Li Hongzhi (1953), fundador de Falun Gong, movimiento espiritual cuya práctica combina la meditación y ejercicios suaves con una filosofía moral centrada en los principios de Verdad, Benevolencia y Tolerancia. Li ha sido nominado al Premio Nobel de la Paz en cuatro ocasiones. El Parlamento Europeo lo nominó al Premio Sájarov a la Libertad de Conciencia. Fue galardonado con el Premio Internacional a la Libertad Religiosa por Freedom House.
De acuerdo con Li, esta es una sociedad de “perplejidad” porque sus miembros no comprenden el papel de la materia en su existencia y desaprovechan esas lecciones, por lo tanto, la forma en que la gente piensa y entiende el mundo es única e incoherente.
Como sucede con la vida humana, en su largo tiempo de formación, asentamiento, degeneración y destrucción, los cuerpos celestiales cambian hasta que ya no son como al principio de su formación; es decir, ya no cumplen con el estándar del propio nivel donde se encuentran. Esta es la regla y norma inevitable en el ciclo de las vidas.
El Creador instituyó los “Tres Reinos de la Naturaleza” ―continúa diciendo el teólogo chino ―en donde existen tres niveles de vidas. En el nivel más bajo, esas vidas subsisten en el ambiente más perplejo y más sufrido y carecen totalmente de capacidad y sabiduría. Esta es la sociedad humana. En el segundo nivel, la sabiduría de los seres celestiales, o angelicales es más alta que la de los humanos. En el tercer o nivel más alto, se pueden ver los estados de existencia de los dos reinos inferiores y los estados del propio reino.
Los seres humanos existimos en una “perplejidad”, con una sabiduría mínima y por eso no podemos ver la esencia de las cosas. La manera de superar el mundo de sufrimiento y oscuridad es a través de la bondad de la naturaleza humana.
No importa cuán evolucionado sea el espíritu, cuando reencarna en un cuerpo humano, ya entra en la perplejidad. En ese estado, las personas crean karma, pero pueden disolverlo elevando su propia moralidad; este es el propósito fundamental, y sólo entonces se podrá entrar en el reino celestial sin karma ni pecados. Como los humanos vivimos en la perplejidad, a menudo pecamos o incurrimos en un karma en esta vida terrenal. Si no disolvemos el karma en esta vida, tendremos que hacerlo en la próxima. Esto está determinado por los principios y leyes universales.
Eliminar tu karma y regresar al Cielo es tu verdadero propósito en esta vida. Todos hicimos un juramento al Creador cuando reencarnamos en este mundo. El karma provoca que la gente viva en conflicto con los demás y que las sociedades padezcan guerras, enfermedades, trabajos duros, hambre y pobreza; lo cual causa sufrimiento. Hay karmas grandes y pequeños, y es precisamente por esa razón que hay diferencias entre la suerte, buena o mala, de las personas.
¡Si la gente salvaguarda la bondad en la perplejidad, creará menos karma y sufrirá menos! ―Asegura el líder religioso.
Gloria Chávez Vásquez, escritora, periodista y educadora es autora de Opus Americanus, (colección de cuentos WOE, New York,1995).















