¡Qué manía la de no pocos cubanos de querer tener ya un Presidente para la Cuba futura cuando ni siquiera existe una transición democrática en el horizonte cercano! Y peor aún, cuando esos futuros mandatarios ni siquiera tienen un plan para esa transición ni hacen nada para propiciarla. ¡No se puede poner la carreta delante de los bueyes!
No me opongo a que algunos aspiren a presidir una Cuba democrática; no hay nada malo en ello. Lo que critico es que, en las circunstancias actuales, ésa sea la prioridad de algunos, pues resulta, cuando menos, prematuro y, sobre todo, altamente contraproducente. No se puede correr antes de caminar, ni caminar antes de gatear.
Sin embargo, para algunos pareciera más importante —y hasta imprescindible— la existencia de un nuevo líder supremo, un nuevo mesías a quien seguir. Pero cuidado: no todo lo que brilla es oro. Y abundan los lobos disfrazados con piel de ovejas.
Como la historia nos ha enseñado a golpes, el fin de una dictadura no desemboca necesariamente en la instauración de una democracia. Ya cometimos ese error hace casi setenta años y aún hoy seguimos pagando las consecuencias. Espero que como pueblo hayamos aprendido la lección y no tropecemos otra vez con la misma piedra. Porque, de lo contrario, volveremos —una vez más— a comprar gato por liebre.
Minervo L. Chil Siret.
Miembro de Secretariado Ejecutivo MCL.
















