Por Zoé Valdés/El Debate.
Me encuentro en Estados Unidos, debo decir que si bien se está trabajando duro contra la inmigración ilegal, lo que era necesario y urgente; también hay comunidades sumamente inquietas. Y no sólo por lo que se genera debido a su expansión y cada vez más problemática existencia, además porque no ignoran que se les ha ido la mano queriendo transformar Estados Unidos en lo que ellos desearían que fuera y no aceptándolo tal como es.
En los últimos tiempos, las acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) han generado una profunda preocupación en la comunidad somalí residente en Minnesota. La intensificación de operativos migratorios, así como el retiro de residencias permanentes y nacionalidades, ha puesto en jaque la estabilidad y el futuro de miles de personas que llegaron a este estado en busca de seguridad y mejores oportunidades. Pero que de manera estúpida convirtieron a Minnesota en una extensión de sus fantasías extremistas, religiosas y costumbristas, sin tener en cuenta de que esa transculturización en Estados Unidos no sucederá jamás al 100 % de forma violenta y a la cañona.
Minnesota alberga una de las comunidades somalíes más grandes fuera de África, resultado de oleadas migratorias desde la década de 1990, cuando muchos huyeron de la guerra civil y la inestabilidad en Somalia. Estas familias han contribuido significativamente al tejido social, económico y cultural del estado, estableciendo negocios, instituciones religiosas y organizaciones comunitarias. Y, ahí está el problema, que con lo relacionado con lo religioso y comunitario les dieron una oportunidad, les extendieron una mano, y se cogieron el brazo completo.
Desde 2017, ICE ha incrementado las redadas y detenciones en Minnesota, enfocándose particularmente en ciudadanos de países designados como de «alto riesgo» para la seguridad nacional, entre ellos Somalia. Las autoridades migratorias han revisado casos antiguos, solicitando reabrir expedientes de deportación y revocando permisos de residencia permanente concedidos años atrás. Donald Trumpha tomado cartas en el asunto, no quedaba de otra.
En muchos casos, los afectados han vivido en Estados Unidos durante décadas, con hijos nacidos en el país y sin antecedentes penales graves. Sin embargo, cambios en la interpretación de las leyes migratorias, especialmente en cuanto a delitos menores o errores en las solicitudes originales, más la indiscutible indisciplina, desobediencia violenta, han servido como base para iniciar procedimientos de expulsión…
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