Por Grethel Delgado/Diario Las Américas.
MIAMI.- Batista. El Hombre de Cuba es el título del proyecto cinematográfico que lidera la escritora cubana Zoé Valdés, que busca ofrecer una mirada alternativa sobre Fulgencio Batista (Banes, Oriente, 16 de enero de 1901 – Marbella, España, 6 de agosto de 1973), figura controvertida de la historia de Cuba.
Con parte de la producción ya financiada por la propia autora, la también guionista inició una campaña de recaudación de fondos para culminar el filme, un docudrama cuya misión es rescatar un eslabón perdido en la memoria histórica nacional.
Sobre su interés en la figura del expresidente cubano (1940-44 y 1952-59), Valdés comentó que supo de él por primera vez en la escuela: “Nos hablaban horrores del antiguo régimen, y entonces llegué a casa, y pregunté a mi abuela. Ella me hizo una versión totalmente distinta. Mi abuela era antimachadista [por el expresidente Gerardo Machado] y pro Batista”.
Batista. El Hombre de Cuba
“El proyecto empecé a hacerlo hace tiempo, de modo que gran parte de la producción la he pagado yo, pero queda el impulso final, la parte documental mezclada con la ficcional”, explicó Valdés. “Necesitamos redondear con 15.000 euros, de ahí que haya hecho un crowdfounding”, agregó. Las donaciones se están canalizando a través de la plataforma Papayoux…
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No, Fidel no derrocó a Batista. A Batista, como bien le espetaría Trujito, le faltaron bolas. Las mismas bolas que les han faltado a los exiliados cubanos para pasar de las consolaciones que encuentran en la tragedia de otros pueblos —víctimas de las guerras de exterminio del imperialismo anglosionismo— a la lucha a cuenta y riesgo propio, no contra la dictadura (que la dictadura es la única virtud de ese régimen), sino contra el comunismo. Claro, del anticomunismo histórico ya casi nada queda, pues lo han sustituido por el autodesprecio y la islamofobia.
AQUI LAS PALABRAS DE TRUJILLO, TAN TEXTUALES COMO SI HUBIERAN SIDO ESCRITAS AQUI Y AHORA EN LAS PAREDES DEL EXILIO MAIAMERO:
«Al llegar a su despacho, Trujillo se levantó de golpe de su silla
y se acercó a la puerta de entrada, con el brazo derecho levantado, señalando hacia la esquina sureste del Palacio Nacional,
y dirigiéndose a mí me dijo:«¡Mírelo ahí, mírelo ahí!».
Trujillo estaba sumamente colorado, eufórico, con una risa
que era una mueca… Nunca lo había visto en ese estado,
fuera de su normal compostura…
«¡Mírelo ahí, Dr. Wiese, mírelo ahí!… Ahí al frente está
Fulgencio Batista, después de tantos años permitiendo que
las emisoras de radio de su país acabaran conmigo! Ahora
viene a pedirme asilo y protección después que salió juyéndole a Fidel Castro… Ahora viene a pedir cacao,… ¡Ese pendejo!… ¡Ese pendejo no se paró a pelear como un hombre!
¡Qué general ni general! ¡Ese solo es un sargento pendejo
y cobarde! ¡A mí hay que matarme peleando, con las botas
puestas! ¡Yo no abandono mi país por nada!¡A mí hay que
matarme para que deje el poder!». See less