Por Juan Abreu–Opinión/Vozpópuli.
Nací y viví veintiocho años de mi vida en Cuba. Por suerte, tenía ocho años cuando triunfó la llamada Revolución, así que tuve la oportunidad de pasar mi primera infancia bajo la dictadura de Batista en la que, por muy dictadura que fuese, se vivía mejor que ya liberados por la familia Castro. El problema consistía, amén del carácter autoritario, represivo, doctrinario y criminal (miles de fusilados nos contemplan) del régimen castrista, en que su concepto de libertad, lo abarcaba todo. No se limitaron a liberarnos de la dictadura batistiana, también de la libertad de expresión, de prensa, de asociación, de reunión y del derecho a huelga. Y de la educación, en el sentido natural de la palabra, porque el adoctrinamiento político no creo que deba considerarse educación, sino lavado de cerebro. Lo que tuvo lugar en Cuba no fue una “revolución libertadora”, sino la toma del Poder por parte un de un grupo que tenía como propósito convertir a Fidel Castro en dictador vitalicio y a la isla en la finca de la familia Castro y de su grupo de fieles secuaces. Poder y Dinero, todo lo demás es un cuento para hadas culogordas, alimentado por la intelectualidad de las democracias occidentales, que siempre ha tenido debilidad por los Machos Cojonudos con pistolón al cinto, siempre que sean izquierdistas y de países que consideran inferiores. La divisa moral de las democracias occidentales hacia las dictaduras comunistas “revolucionarias” ha sido y es: para ellos está bien, pero no para nosotros. ¿Puede imaginarse algo más racista?
El papel de Europa
Las sociedades occidentales han sido tan crédulas respecto a la dictadura fidelista, ¡durante seis décadas!, que cuesta en ocasiones distinguir su credulidad de la complicidad, la infamia, la estupidez crónica, la xenofobia o el retraso mental. Véase Europa. Esa Europa que primero fue liberada y luego protegida y defendida por los Estados Unidos, que sería hoy una colonia rusa, pero que en el caso de Cuba ha elegido apoyar una dictadura comunista sostenida por los rusos, es decir por los enemigos de Europa y de las democracias liberales. La misma Europa que hoy, estúpida y cobardemente, da la espalda a Estados Unidos e Israel, que intentan acabar con un régimen que lleva décadas financiando el terrorismo que tantos muertos ha causado en Europa, y que trata de convertirse en una teocracia armada con misiles nucleares que representa una gravísima amenaza para el mundo. Los cubanos nada pueden esperar de Europa para recuperar la libertad y la democracia. Europa puede esperar otros sesenta años engordando el culo y usando la isla como prostíbulo. A los europeos les encanta ir a la isla a follar niñas, a que los desplume una jinetera culona o un mulato jinetero y rabilargo. Ese es el papel que ha elegido Europa en lo que concierne a la aún llamada Revolución cubana…
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