Sociedad

¿Sueño con una Cuba como Suecia?

Por Carlos Manuel Estefanía.

Botkyrka, 15 de febrero de 2026

Queridos lectores:

Les escribo desde este bello municipio a las afueras, al sur de Estocolmo, donde febrero muerde de verdad cuando olvidas los guantes en casa. Aquí, el frío no es una metáfora: es política energética, es factura eléctrica y es desigualdad que se siente en los dedos. Y desde aquí, cubano en disidencia y en exilio, miro esta democracia nórdica no para idealizarla, sino para aprender de ella sin tragármela entera; compartiendo, en lo que pueda, la experiencia con “todos mis hermanos”, ahora que tantos creen que la libertad “viene llegando”. Yo no estoy tan seguro… y ojalá me equivoque.

Empiezo por lo cotidiano. La empresa municipal de vivienda, AB Botkyrkabyggen, va a invertir sumas históricas en renovar edificios en Alby, Fittja y Storvreten. En sueco lo llaman stambyten, es decir, cambio integral de las tuberías y de las instalaciones viejas del edificio, junto con arreglos de fachadas y mejoras de eficiencia energética. Traducido al idioma del barrio: menos humedad, menos moho, menos frío en la cocina. Ya pasé por eso y no es fácil: te ponen el apartamento patas arriba; por suerte, pude arreglármelas para vivir en otro, porque si no, el uso del baño habría sido una tragedia que prefiero no narrar. Aunque al final la renovación se agradece, como agradecerán los cubanos las que le hagan, en un futuro quizás no lejano, un arrendatario, público o privado, responsable como el que también, con la democracia, debería estar llegando.

En otro orden de cosas: los parquímetros están tapados con bolsas porque una licitación se trabó. En Suecia, la ineficiencia no es el sistema, pero existe. Lección para una Cuba futura: sin controles, la chapuza se vuelve costumbre; con controles, la chapuza se corrige.

La palabra sueca trygghet se repite en los discursos del municipio. No es solo “seguridad”: alude a una sensación de tranquilidad cotidiana, a poder caminar de noche sin ir mirando por encima del hombro, a no vivir con miedo permanente. Esta semana hubo intentos de incendiar una iglesia en Fittja, agresiones en Norsborg y persecuciones por drogas. La respuesta aquí apuesta por la prevención: los llamados fältare, trabajadores de calle que conocen a los muchachos por su nombre y hacen labor directa en los barrios; más luz en las calles; cámaras en puntos conflictivos. Yo, que vengo de un país donde la “seguridad” fue excusa para la mordaza, miro esas cámaras con lupa: sirven, sí; no lo resuelven todo; y se vuelven peligrosas si se normaliza vigilar al vecino. Democracia es invertir en prevención y, al mismo tiempo, discutir en público los límites del control. En Cuba, primero habrá que aprender a discutir sin miedo.

Entre tantas sombras, aparecen luces. El proyecto SAMsas es cooperación real entre escuela, servicios sociales y salud para que la gente vuelva a ponerse de pie y al trabajo. En sueco le dicen samverkan, que significa cooperación entre instituciones que normalmente no trabajan juntas. En cubano diríamos: dejar de marear al ciudadano de oficina en oficina. Esto sí me lo llevaría mañana para una Cuba mejor que Suecia: menos consignas, más engranajes que encajen.

La cultura aquí también respira con dificultad. La asociación Heijmdal perdió subsidios y el cine nocturno de Tumbascenen se achica; hay despidos, hay malestar. Al mismo tiempo, un documental sobre Dogge Doggelito fue premiado en el Festival de Cine de Gotemburgo. Me alegra que el arte que nace del margen llegue al centro. Pero la alegría no puede ser ciega.

Dogge, que creció cantando el gueto que lo vio nacer, fue a cantarle a la dictadura en Cuba. Hijo de padre venezolano y madre sueca, con raíces latinoamericanas que no son postal sino herida, nunca lo he visto denunciar con claridad la represión ni a los presos políticos. No es un pecado salir del barrio: salir del gueto es una victoria legítima. Lo que chirría es hacer negocio del rap “social” mientras se guarda silencio ante un poder que convierte el dolor en sistema. Aquí, en esta democracia imperfecta, decir esto no te manda a prisión. En Cuba, decirlo te rompe la vida. Esa diferencia importa. La coherencia aquí es posible; allá es heroica.

En el deporte, el muchacho de Norsborg, Adrian Lahdo, dio el salto del Hammarby IF al Como 1907. Aquí dicen från förorten till Europa, que significa “del suburbio a Europa”. No es milagro: es escuela, clubes de base, un sistema que, con grietas, abre puertas. En Cuba hay talento de sobra; lo que falta es un sistema que no lo confisque ni lo castigue por pensar distinto.

El fin de semana mostró dos caras del mismo país. En Tumba, gente aprendiendo HLR, es decir, reanimación cardiopulmonar, a cambio de una rosa por San Valentín. En Estocolmo, el Valentine’s Kiki Ball en Debaser Strand. Cuidado comunitario y fiesta identitaria conviviendo sin pedirle permiso al otro. Esa convivencia es una virtud democrática: no imponer una sola manera de vivir.

Arriba, el poder discute reformas duras: ciudadanía más exigente, mano firme contra bandas, energía nuclear para no temblar cada invierno. El primer ministro Ulf Kristersson presentó un friluftsprogram, es decir, un programa para fomentar la vida al aire libre y el contacto con la naturaleza, desde Lida friluftsgård, junto a Friluftsfrämjandet. Más naturaleza para los niños, menos pantallas. Aplaudo la intención. Critico el costo humano cuando las leyes de residencia dejan a familias integradas al borde de la deportación. Democracia es poder aplaudir y criticar sin pedir permiso.

Crisis Energética y Reformas de Ciudadanía

Ahora, en un contexto más amplio, debemos enfrentar cómo las nuevas leyes de ciudadanía y asilo afectarán a Suecia. El gobierno ha propuesto aumentar el tiempo de residencia necesario para solicitar la ciudadanía de cinco a ocho años, y establecer requisitos más estrictos de idioma y autosuficiencia económica. Esto ha desatado un movimiento popular contra las deportaciones, un eco de la lucha por la dignidad que también abarca el ámbito de la energía, donde los precios se disparan debido a la falta de viento y un clima gélido.

Los precios de electricidad han aumentado drásticamente, alcanzando dos coronas por kWh, lo que genera gran preocupación en una población que ya enfrenta altos costos de vida. Este aumento es descrito como resultado de una «tormenta perfecta», exacerbada por la falta de viento para la energía eólica y un anticiclón persistente que mantiene altos los niveles de consumo.

En otro aspecto relevante, la inversión en inteligencia artificial se está materializando, con una reciente colaboración entre EcoDataCenter y Mistral AI que inyectará 12,700 millones de coronas en la construcción de un centro de IA en Borlänge, lo cual puede traer oportunidades en el ámbito económico y tecnológico.

Reflexiones finales

Como pueden ver, Suecia navega entre una agenda de seguridad ambiciosa, con propuestas que endurecen las penas contra el crimen organizado y la participación en organizaciones criminales, y la realidad social que empieza a cuestionar el coste humano de estas reformas. La ciudadanía debería ser el «broche final» de un proceso de integración, pero ¿qué sucede cuando el precio de la electricidad consume gran parte de los ingresos de las familias?

Desde este invierno largo, escribo para no olvidar que la democracia se aprende practicándola… y discutiéndola. Reflexionar sobre estos temas es crucial no solo para Suecia, sino también para aquellos que miran desde fuera, como yo, buscando inspiración en la lucha por una Cuba mejor.

Un abrazo desde el norte.

Carlos Manuel Estefanía Aulet es un disidente cubano radicado en Suencia.

Botkyrka nocturnal. Foto: Carlos M. Estefanía
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