Cultura/Educación

“Solo las palabras me han permitido esa libertad que las fronteras políticas me negaron”.

Por Ainara Mantellini/Letras Urbanas.

Zoé Valdés vuelve a trabajar las memorias noveladas en París era una rumba, su nuevo libro, en el que narra sus primeros años en París. A través de breves viñetas que asemejan las entradas de un diario íntimo, la autora reflexiona en retrospectiva sobre sus primeros pasos en una cultura y un idioma de los que conocía poco en aquel entonces.

París era una rumba, que juega con los títulos París era una fiesta, de Hemingway, y El exilio era una fiesta, de Carlos Semprún Maura, fue escrito originalmente en francés a partir de los cuadernos que la autora guardaba de aquellos primeros años. Una vez finalizado, entonces Valdés reimagina el libro y produce la versión en castellano.

¿De dónde nace la idea de este libro?

Son mis primeros diarios en francés. Yo publiqué hace unos cuantos años, en la misma editorial, un libro de viñetas, también de memorias, gracias a que el editor me dijo que le encantaba lo que hacía a través de viñetas y memorias en Facebook. Me preguntó si lo tenía porque de verdad le interesaba un libro y le dije que por supuesto porque eran mis diarios. Entonces, por ahí fue cuando se publicó mi primer libro de este estilo, La intensa vida. Luego el editor me preguntó si tenía este tipo de cosas en francés, y claro que los tenía; eran mis diarios de la época de cuando yo empecé mi exilio. Me pidió que hiciera una selección, me ocupé, como dicen ellos, de quitar mucho ramaje inútil y dejé lo que creía que era esencial para que la gente lo leyera de manera fácil, más suave. Además, era mi primera publicación importante en francés. Ya había publicado un pequeño libro de poemas, Anatomie du régard, y no había tenido mucho eco, y este ya era un libro un poco más importante, de prosa poética o prosa realista-poética, y por eso tardé más en hacer la selección. Luego el libro lo reescribí en español, porque los diarios no estaban en español en ese momento.

Entonces esto es una memoria novelada escrita originalmente en francés, que reescribí en español para editarla también en ese idioma. Y viene de los diarios de esa época, una época en la que yo quería de verdad escribir correctamente en francés, porque pensaba que apropiarme de la ciudad, de esa nueva realidad, pasaba preferentemente por el idioma. Y es así, yo creo que cuando uno quiere entrar en una cultura, en un sitio que no es el suyo y se habla otro idioma, lo principal, sobre todo para un escritor, es entrar a través del idioma y perfeccionarlo cada vez más, para poder entrar de manera más rápida y más profunda.

Tú escribes en diferentes géneros, novela, poesía, guiones de cine, artículos.  ¿Cuál de todos se te resulta el más retador como escritora y en cuál te sientes más a gusto? ¿Cuál es el que siempre te llama a escribir?

Yo empecé escribiendo poesía con un libro muy pretencioso, titulado Respuestas para vivir. Tenía 17 años y en aquella época eran más preguntas para vivir, incluso hoy  tengo más preguntas que respuestas para vivir. Y la verdad es que del poema pasé al guion cinematográfico, aprendí mucho con el guion para los diálogos. En una época, me gustaban escritores que usaban mucho el diálogo para describir. Y entonces de ahí pasé a la novela; fue poema, guion, novela, y después el cuento. Para mí lo más difícil es el cuento, creo que tiene que tener un espesor en muy poco espacio y muy pocas palabras que de verdad atraigan al lector. Para mí, el más grande cuentista que he leído de los cubanos es Virgilio Piñera y de los iberoamericanos, Jorge Luis Borges. También he escrito ensayos y me gusta cada vez más, porque uso más el pensamiento que la narración epidérmica y emocional, como yo la llamo.

¿Dirías que la poesía atraviesa siempre todo lo que escribes?

Siempre es donde me siento más cómoda, porque me tomo más tiempo y me gusta quedarme más en ella. Cuando empiezo un poema, me gusta quedarme en él. Hay un poema mío que dice “no somos iguales poema, tú abandonas, yo ardo”.

Y en realidad, la novela, cuando entro en ella, lo que quiero es irme, finalizar e irme. Y a veces los personajes se quedan en mí, como en el caso de Remedios Varo, la pintora. Y me siento incómoda porque no puedo deshacerme de algunos de los personajes durante mucho tiempo. En el poema sí me gusta quedarme mucho tiempo,  me gusta incluso reposarme en el poema.

Se puede sentir mucho en París era una rumba, esa prosa poética, esos destellos de imágenes y de metáforas que dejas caer, la manera en que construyes los párrafos, digamos que transpira mucho de ese estilo. Hablemos también, de la presencia de Cioran en el libro, un escritor que, viniendo de Hungría, tuvo que empezar a escribir en francés.

Para mí, Cioran fue un referente inmediato porque el húngaro es un idioma que, además, es muy difícil y, sin embargo, tiene mucho parecido con el español en algunas palabras. Y luego yo me preguntaba cómo pudo Cioran apoderarse del francés, bebérselo y convertirlo en su idioma. También de Beckett y de otros escritores, aunque Beckett siguió escribiendo en inglés; pero Cioran era mi referente como alguien que, de alguna forma, había estado implicado en lo que había sido el proceso político en su país, pero después se puso en contra. Yo quería saber mucho más de él, pero al mismo tiempo me daba miedo no estar a su altura, no poder enfrentar una conversación con él, porque Cioran es uno de los filósofos que más me ha interesado siempre, en La nada cotidiana hay una frase suya que dice “¿Por qué siempre algo en lugar de nada?” (“Pourquoi y a-t-il quelque chose plutôt que rien?”).

Y a mí toda la obra de Cioran, que son pensamientos breves, que son abreviaturas filosóficas, me ha impresionado mucho, me ha motivado mucho para escribir, incluso novelas.

Todo proceso migratorio es duro y cuando son definitivos, son aún más duros y tienen otro significado. Tu proceso de adaptación se dio sobre todo a través del idioma. Tú te entregaste al rigor del idioma francés para sentir que pertenecías y encontrar esa libertad.

En primer lugar, creo que se ha cometido un error gravísimo, un error social a nivel global. La globalización tiene mucho que ver con haber eliminado la palabra exilio y la palabra exiliado para convertir a todo el mundo en migrante. Migrantes son las aves. En segundo lugar, inmigrante, que es la palabra correcta, no es precisamente un exiliado. Un exiliado político es una cosa; cuando te imponen el exilio político, es, a mi juicio, mucho más duro que cuando tú eliges inmigrar, por las razones que sean, incluidas las políticas. Pero no te lo ha impuesto el político ni el régimen, que te ha dicho que te vayas. Lo hicieron a una enorme cantidad de cubanos y a una enorme cantidad de exiliados de países del este de Europa. Los que pueden volver son inmigrantes, porque no se les impuso el exilio obligatorio. Lo que fue mi caso, yo quería volver a Cuba. Yo siempre dije que la lucha había que hacerla dentro de Cuba. Publiqué una novela, La nada cotidiana. Vinieron de la embajada de Cuba, con una periodista francesa, para tener un testigo de parte de ellos, a imponerme el exilio obligatorio. Yo no pude volver a mi país, ellos me lo impidieron, me cerraron las puertas de mi país.

El rigor, que es lo que tú has citado, a mí el rigor me cuadra mucho, siempre me cuadró desde Cuba. Yo soy hija, nieta y sobrina de tres mujeres, cada una muy rigurosa a su nivel. No eran mujeres cultivadas, eran mujeres del pueblo, pero tenían una disciplina que fue lo que nos enseñó a mí y a mi primo a ver la vida de otra manera y a ser muy exhaustivos, muy metódicos. Y eso a mí me cuadra mucho. Yo no lo vi nunca como una mala educación por parte de ellas, al contrario, a mí me hizo mucho bien. Y cuando yo llegué a Francia, vi que el rigor era aún mayor. Y yo dije, bueno, pero entonces creo que, solo aceptando el rigor francés, podré entrar más rápidamente en el mundo que a mí me interesa, que es el mundo francés. Aunque yo sabía que no iba a ser nunca francesa del todo y que no iba a entrar en el mundo de ellos, porque ellos muy difícilmente lo permiten, si no era con ese rigor, aprendiendo verdaderamente el idioma con un buen acento, hablándolo bien y llegando al nivel de pensamiento por el que ellos analizan todo, que es el cartesianismo.

Otro tema que dejas caer en el libro es el revisionismo que estamos viendo en la literatura, libros que se censuran y autores que se cancelan, pasándolos por el juicio de las cosas tal como las entendemos ahora.

Mira, ningún autor es del pasado. Samuel Beckett no es un autor del pasado, y Shakespeare tampoco. Cuando tú quieres adaptar al teatro a Beckett, como fue el caso que yo menciono en el libro, o quieres adaptar a Shakespeare, que fue uno de los casos que se dio, tienes que respetar lo que el autor ha dado como dato, como detalle, para que sea lo más fiel a su obra, lo más respetuoso con su obra. Eso fue así hasta que apareció el wokismo, que ha tenido una bruma muy espesa de la verdad. La verdad es la verdad, existe. No podemos vivir de espaldas a ella y la verdad es la obra de tal autor que está ahí, existe. La verdad de él es esa, su obra. Entonces, eso a mí me perturbó mucho. Yo creo que no hay que aceptarlo, no se debe aceptar ese tipo de cosas, porque hemos vivido durante siglos una cultura, un respeto del idioma. Yo creo que hay que ser fiel a eso, hay que ser respetuoso con eso…

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