Por CHRISTOPHER STEVENS, CRÍTICO DE TELEVISIÓN/DailyMail.
El catálogo de sus películas no tiene rival, una llamada de algunas de las mejores películas de Hollywood jamás hechas: El Padrino, Matar a un ruiseñor, M*A*S*H, The Conversation, True Grit.
Como el trastornado teniente coronel Kilgore en Apocalypse Now, entregó una de las líneas más citadas en la historia del cine. Desnudado hasta la cintura en un campo de batalla, luciendo un Stetson vaquero mientras los fuegos ardían y los proyectiles estallaban a su alrededor, declaró: «Me encanta el olor del napalm por la mañana».
Aparece en más de las 100 mejores películas del American Film Institute que en cualquier otro actor.
Pero a Robert Duvall, que murió a los 95 años, no le gustaba que lo etiquetaran como una estrella, a pesar de su Oscar, su Bafta, cuatro Globos de Oro y dos Emmy. «Ay, vamos», se arrastró, «no me enfades. ¿Quién lo necesita? No tengo nada en contra de ser una estrella, siempre y cuando la parte sea correcta».
Un crítico lo llamó «el actor más competente técnicamente, versátil y convincente de la pantalla en los Estados Unidos».
Otro lo describió como «el estadounidense Laurence Olivier», un elogio que Duvall disfrutó porque cuando comenzó a actuar se modeló a partir de la gran estrella del escenario inglés.
Pulse aquí para acceder al sitio y terminar de leer el artículo.















