Política

OC. EXCLUSIVA: Entrevista con Ibrahim Bosch, presidente del Partido Republicano de Cuba

Por Abel Santiago Francis Acea/Opinión Cubana.

La muerte de cuatro miembros del exilio cubano durante un enfrentamiento con tropas guardafronteras del régimen ha conmocionado a la comunidad en Miami y ha reavivado el debate sobre la lucha armada por la libertad de Cuba.

Hasta ahora, la tiranía ha revelado únicamente la identidad de Michel Ortega Casanova, vinculado al Partido Republicano de Cuba (PRC), lo que ha generado especulaciones sobre la participación de la organización en el incidente.

Nos sentamos con Ibrahim Bosch, presidente del PRC para que nos explicara su postura frente a las acusaciones del régimen, y nos relatara un poco la historia de Michel dentro de la organización.

—OC: Llama la atención que la tiranía solo ha revelado la identidad de uno de los cuatro fallecidos durante el enfrentamiento ocurrido ayer, y podría decirse que lo ha hecho únicamente para asociarlo directamente al Partido Republicano de Cuba. ¿Cuándo y cómo se enteró usted que un miembro del PRC estaba involucrado en el enfrentamiento?

—IB: Ayer comenzaron a circular noticias, todas generadas por la tiranía de La Habana. Desde temprano recibí llamadas y mensajes de miembros de la organización preguntando si el nombre que se estaba reportando como fallecido —Michel— correspondía efectivamente a uno de los nuestros. A partir de ese momento, iniciamos gestiones para verificar la información y tratar de confirmarla por vías independientes. Hasta ahora, según los datos disponibles, todo parece indicar que se trata, en efecto, de un miembro de nuestra organización.

—OC: ¿Cuál es la posición del PRC ante las acusaciones de la tiranía?

—IB: Nuestra organización no orienta este tipo de acciones militares. No las promueve ni las dirige a ninguno de sus miembros. Somos, para que se entienda con claridad, la estructura opositora con mayor presencia dentro y fuera del país, con una membresía amplia y diversa. Precisamente por esa amplitud, no ejercemos control sobre las decisiones individuales de cada integrante.

Respetamos el derecho de cada cubano —y de cada miembro nuestro— a actuar según su conciencia en la lucha por la libertad de Cuba. No orientamos huelgas de hambre, por ejemplo; sin embargo, recientemente un miembro en Holguín sostuvo más de 40 días en protesta. No fue una acción indicada por la organización, pero tampoco lo abandonamos ni dejamos de respaldarlo moral y humanamente. Una cosa es no planificar una acción y otra muy distinta dar la espalda a quien actúa por convicción.

Ningún cubano tiene que pedir permiso para luchar por la libertad de su país. En el caso específico de una eventual llegada por mar, hay que recordar que a Cuba solo se puede entrar por agua o por aire. Los desembarcos han sido una constante en nuestra historia, desde la colonia hasta la República.

Ironicamente, el desembarco más claramente asociado a métodos terroristas fue el del yate Granma, que trajo a los hombres del Movimiento 26 de Julio encabezados por Fidel Castro.

Ese grupo tenía antecedentes de terrorismo evidentes, como el asalto al Cuartel Moncada, donde hubo asesinatos y violencia indiscriminada. Es decir, ya habían demostrado con hechos su disposición al uso del terror como método político. Por tanto, podía presumirse que aquel desembarco respondía a una estrategia insurreccional violenta, coherente con su trayectoria previa.

No conozco otro desembarco en la historia de Cuba que no haya estado motivado —al menos según la declaración de sus protagonistas— por la búsqueda de la libertad nacional. De comprobarse que esta acción tenía esa intención, sería también un acto orientado a la liberación del país. En ese caso, tendría nuestro respeto y reconocimiento, aunque reitero: no teníamos conocimiento previo de que se fuera a producir.

—OC: ¿Desde cuándo conoce a Michel? ¿Cómo ingresó al partido?

—IB: Michael se hizo miembro a través del sitio web de la organización. Tenemos un espacio donde las personas pueden registrarse, y a partir de ahí se inicia un proceso de contacto.

Nos conocimos personalmente durante una caravana que se realizó en Tampa. Cuando se fundó la filial de Tampa, él quedó al frente de esa filial. Más adelante, por razones estrictamente personales, solicitó ser relevado del cargo porque no podía dedicarle el tiempo que exigía la responsabilidad.

Desde entonces continuó como un miembro activo, pero sin funciones directivas. Nunca me comentó intenciones de involucrarse en ninguna acción de ese tipo. Al menos, conmigo nunca habló de nada semejante.

Mi impresión de él siempre fue la de una excelente persona: un hombre de familia, trabajador y responsable. Precisamente por su compromiso laboral fue que pidió dejar la jefatura de la filial; entendía que no podía asumir una responsabilidad a medias.

Era un hombre casado, con familia. Recuerdo que en el aniversario vino acompañado de su esposa; me la presentó brevemente, como ocurre en este tipo de actividades, pero lo que sí puedo afirmar es que era una persona centrada en su hogar. Cuando conversábamos, hablaba de sus motivaciones fundamentales: prosperar, sostener a los suyos y contribuir, desde sus convicciones, a la causa de la libertad de Cuba.

—OC: ¿Cree en la lucha armada como una vía válida para derrocar a la tiranía?

—IB: La tiranía no ha dejado caminos cívicos efectivos para resolver la crisis cubana. Recientemente se denunciaron muertes violentas en la prisión de Canaleta, hechos que distintas versiones sitúan en una cifra superior a diez reclusos. Estamos hablando de personas que murieron bajo custodia del propio Estado, dentro de un penal. Ese es el nivel de deterioro y brutalidad que vive el país.

Cuando un pueblo es llevado sistemáticamente al límite —sin libertades, sin vías institucionales, sin garantías jurídicas—, el agotamiento y la impotencia se acumulan. Y un pueblo llevado al límite puede reaccionar de maneras imprevisibles.

Los esclavos no piden permiso para romper sus cadenas: las rompen. El derecho a la rebelión frente a la opresión es un principio político reconocido a lo largo de la historia.

El pueblo cubano tiene derecho a aspirar a su libertad, y los exiliados tienen derecho moral a solidarizarse con esa causa. No se trata de “invadir” un país ajeno, sino de intentar regresar al propio, del que muchos fueron expulsados precisamente por la falta de libertades y la persecución política. Esa es la realidad de fondo que no puede ignorarse al analizar cualquier acusación proveniente del régimen.

—OC: La tiranía miente todo el tiempo. Tiene cientos de agentes infiltrados en el exilio y el mundo entero. ¿Es posible que esta operación fuese orquestada por ellos? ¿Una operación de bandera falsa?

—IB: Todos los pescadores en Cuba que tienen lancha y licencia para salir a pescar son, en muchos casos, colaboradores de la seguridad del Estado. Prácticamente nadie en Cuba obtiene permiso para navegar sin algún vínculo con el régimen. Para ellos, cualquier actividad “anormal” llama la atención; un yate o una embarcación fuera de lo común es motivo de vigilancia. Es totalmente posible que la orden fuera informar sobre cualquier movimiento sospechoso.

Puede que algún pescador haya observado el yate, o incluso que alguien dentro del grupo haya hablado de más, sin darse cuenta de que sus palabras llegarían a oídos de quienes no debía.

La historia de espionaje en Cuba así lo demuestra: casos como los de Manuel Recata o Juan Pablo Roque son ejemplos de infiltración y traición dentro de grupos opositores. Hasta ahora, la única información disponible proviene del régimen, y sabemos que es parcial y manipulada.

Por eso, desde la organización exigimos transparencia a las autoridades estadounidenses, considerando que hay ciudadanos y residentes involucrados. Necesitamos confirmar con certeza los hechos, identificar los cuerpos de los fallecidos y esclarecer lo que realmente ocurrió.

Lo que sí sabemos es que estamos hablando de un enfrentamiento entre una embarcación relativamente pequeña y la Guardia Costera de la tiranía, que contaba con barcos de guerra. La magnitud de la represión y la información filtrada hasta ahora apuntan a que hubo una masacre. Esperamos que la investigación oficial arroje la verdad completa sobre este trágico episodio.

—OC: ¿Qué siente al saber que un miembro del partido ha muerto a manos del régimen?

—IB: Estoy profundamente entristecido, tanto por él como por los demás. Pero lo que nos llena de orgullo es el increíble espíritu de libertad que han demostrado esos cubanos, un espíritu que no es reciente, sino histórico.

Tenemos la memoria de la brigada y de sus apoyos, pero también de innumerables actos individuales que algunos podrían considerar suicidas. Por ejemplo, una huelga de hambre puede parecer un acto desesperado, pero también lo eran las cargas de los mambises sobre las tropas españolas, machete en mano.

A lo largo de la historia cubana, ha habido muchísimos actos heroicos. Mantener la llama de la libertad a pesar de décadas de opresión es un logro notable, que comenzó desde el exilio histórico y desde figuras como el capitán Tondique o Agapito “El Guapo” Rivera, quienes lucharon en condiciones de extrema desigualdad.

Puede parecer una locura lo que hicieron ellos, o lo que hacían los mambises, pero hay que entender que se trata de un pueblo llevado al límite. Aun así, hemos sido testigos de acciones extremadamente heroicas a lo largo de la historia.

En cuanto a los antecedentes terroristas, de los desembarcos que conozco, el único que realmente encuadra en esa categoría fue el del Granma, vinculado al Movimiento 26 de Julio, que empleó métodos violentos dentro de las ciudades, como tiroteos y colocación de explosivos. Ningún otro movimiento, partido u organización que luchara por la libertad de Cuba ha recurrido a acciones de ese tipo, que yo recuerde.

Si alguien conoce otro caso, estaré dispuesto a que me ilustren, porque reconozco mis limitaciones y siempre estoy abierto a aprender.

—OC: Muchísimas gracias. Creo que su mensaje queda muy claro.

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