Por Zoé Valdés/La Gaceta de la Iberosfera.
En los últimos días, la atención internacional se ha centrado en la situación política de una Cuba colapsada, donde diversos actores y fuentes han sugerido que la isla podría estar al borde de un hundimiento y seguidamente de una liberación histórica en un plazo de semanas. Este escenario ha generado una ola de esperanza entre quienes anhelan cambios profundos en el sistema político, inclusive para los que ganados, como es natural, por la incertidumbre, temen las inevitables consecuencias de una transición abrupta.
Soñé que todo ocurriría en dos semanas. Y, Trump en el encuentro con el Inter de Miami, Jorge Mas Santos, y Leonel Messi, se refirió a Cuba como «la guinda del pastel»; añadió que en un par de semanas pudiéramos estar de vuelta a la isla. Empecé a temblar de la cabeza a los pies, pero con mi cabeza serena. Era algo que repetía mi cuerpo fuera del control de mi mente.
No soy de las que se ilusiona todavía con nada que tenga que ver con Cuba, sin embargo, confío en mis sueños. Como les digo, soñé que estaría en Cuba en un par de semanas. Me levanté ligera, aliviada, como si el peso aplomador del exilio me hubiera abandonado. «Veremos», pensé ya más despejada. «Veremos», repetí, como tantas veces escribió Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria, en sus Diarios de San Lorenzo, donde murió.
Expertos en geopolítica afirman que la presión ejercida, tanto interna como externamente ha incrementado notablemente en los últimos meses. Manifestaciones ciudadanas desde el exilio, y en el interior de la isla, bajo apagones continuos, han reafirmado reiterativamente demandas de cambios definitivos hacia la democracia y el regreso a la justicia, influencia de partidos como VOX y organizaciones conservadoras internacionales, han contribuido a crear un clima propicio para que el cambio se produzca de una manera ordenada y justa. Sin justicia no puede haber libertad.
No obstante, el camino hacia la liberación no está exento de obstáculos: el régimen actual mantiene su control sobre las instituciones claves y la estabilidad social puede verse amenazada por cualquier alteración significativa del statu quo. Definitivamente Cuba deberá hacer su Nuremberg, que será el suyo, pero además el primero y único hasta ahora contra el comunismo a nivel mundial.
Observé, no sin cierto divertimento, que el títere del castrismo, Miguel Díaz-Canel, firmó el Libro de Condolencias del ayatolá Ali Jameini en la embajada de Irán; no pude evitar la sonrisa. Allí se atrevió a soltar su diatriba mierdera de heroicidades falsas y aburridas. Pensé mientras estudiaba la grisura de su semblante que debiera ir preparándose también él para mutar en cenizas. Lo que no sé a ciencia cierta es quién estará en su lugar para firmar el Libro de condolencias que le toque.
De concretarse la liberación en el lapso mencionado, se espera que Cuba experimente una transformación radical en sus estructuras de poder, apertura a nuevas oportunidades económicas y un fortalecimiento de los derechos civiles. No obstante, el proceso requerirá de acuerdos diplomáticos, garantías de seguridad y un acompañamiento internacional para evitar posibles crisis humanitarias. La comunidad global observa con atención, esperando que el desenlace traiga consigo una nueva era de prosperidad y libertad para el pueblo cubano…
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