EDITO

LGI. En defensa de la dignidad de las cubanas antes de 1959

Por Zoé Valdés/La Gaceta de la Iberosfera.

En las últimas seis décadas, casi siete, han circulado comentarios ofensivos y tergiversados sobre las mujeres cubanas antes de 1959 provenientes de la versión castrista que ha dado el régimen con la intención de denigrarlas, atribuyéndoles injustamente el calificativo de «prostitutas del burdel batistiano». Aunque desconozco el nombre del invitado del medio Periodista digital que emitió semejante insulto, considero indispensable responder ipso facto a esa muestra de ignorancia y falta de respeto hacia nuestras madres, abuelas: muchachas y mujeres decentes de aquella época.

Es fundamental recordar que, mucho antes de la revolución, la sociedad cubana estaba compuesta por mujeres trabajadoras, educadas, dedicadas a sus familias y a la construcción del país. Las mujeres cubanas antes de 1959 lucharon contra la adversidad, se formaron profesionalmente, participaron en movimientos sociales, y fueron pilares esenciales en la vida económica y cultural de la isla.

Reducir a todas ellas a una caricatura ofensiva es un acto de ignorancia que sólo denota desconocimiento de la historia. En la región fueron de las primeras en ejercer el voto.

Un ejemplo elocuente de la solidaridad y el espíritu humanitario de las cubanas es el Hospital Hijas de Galicia, fundado por gallegas emigradas a Cuba que, junto a las cubanas, ofrecieron atención médica, especialmente a mujeres peninsulares que llegaban en condiciones vulnerables. Muchas de ellas, afectadas por enfermedades como la sífilis, recibieron los mejores cuidados y un trato digno gracias a la generosidad y profesionalidad de estas mujeres cubanas. Lejos de discriminarlas, las cubanas se convirtieron en un sostén para las recién llegadas, demostrando valores de empatía y respeto.

No he sido la única en sentir indignación ante este tipo de comentarios. Son muchas las voces que se alzan para defender la memoria de las mujeres cubanas, reivindicando su decencia, valores y el legado que nos dejaron. Es imperativo recordar que las mujeres cubanas fueron protagonistas de la historia, no víctimas de insultos gratuitos. La ignorancia puede ser combatida con la verdad, y esta verdad está escrita en innumerables testimonios, documentos y la vida misma de quienes vivieron antes de 1959.

Mujeres como Gertrudis Gómez de Avellaneda y la Premio Cervantes Dulce María Loynaz dedicaron parte de su obra y de su vida a engrandecer la cultura tanto española como cubana. Si hoy existe una Academia de la Lengua Española en Cuba es gracias a esa Premio Cervantes, la hija de un General mambí, Dulce María Loynaz, que pese a su grandeza cuando recibió el Cervantes en España un periódico tituló ofensivamente: «El Cervantes se fue ‘Dulcemente’ a la mierda». Así como, todavía a la Tula, La Avellaneda, la siguen tratando en Almonte de “puta” porque se enamoró de un militar español…

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