Por Carlos M. Estefanía.
La revista sueca Axess, es para mi una de las más rigurosas, intelectualmente hablando, del país escandinavo donde vivo. Ella publicó en su número de diciembre de 2025 un artículo que merece una lectura atenta por parte de quienes siguen de cerca la evolución política de América Latina. Su autora, Inger Enkvist, es una de las intelectuales suecas más lúcidas y coherentes en el análisis comparado de la cultura, la educación y la política. El texto confirma, una vez más, su independencia de criterio y una claridad conceptual poco frecuente en tiempos de consignas y simplificaciones.
Rara avis: conservadora nórdica con mirada iberoamericana
Conozco personalmente y leo con verdadero placer, desde hace años, a Inger Kristina Enkvist. Nacida en Karlstad en 1947, es profesora emérita de español en la Universidad de Lund, doctora por la Universidad de Gotemburgo y una hispanista ampliamente reconocida, además de ensayista y traductora. Su trayectoria académica se ha centrado en la literatura española y latinoamericana del siglo XX —con aportes fundamentales sobre Mario Vargas Llosa—, pero su proyección pública va mucho más allá del ámbito literario.
Enkvist se ha destacado también como una crítica rigurosa de las ideologías pedagógicas dominantes y como una analista aguda de los efectos políticos y culturales de ciertas utopías igualitaristas. Esa combinación poco común —exigencia académica y compromiso cívico— atraviesa todo su trabajo y se percibe con nitidez en su artículo “Nytt hopp i Latinamerika” (“Nueva esperanza en América Latina”).
Allí, Enkvist se distancia tanto del optimismo ingenuo como del pesimismo automático que suelen marcar los diagnósticos sobre la región que se hacen por esos lares. Su tono es sobrio, reflexivo y, sobre todo, honesto.
Democracia y dictadura: una distinción irrenunciable
Uno de los grandes méritos del texto es su negativa a diluir el concepto de democracia. Enkvist recuerda algo elemental pero cada vez más olvidado: no basta con celebrar elecciones para hablar de un sistema democrático. El respeto al Estado de derecho, la separación de poderes, la libertad de expresión y la posibilidad real de alternancia en el poder no son adornos, sino condiciones esenciales.
Desde esta perspectiva, la autora propone una lectura más matizada del presente latinoamericano. Frente a la idea de una simple “ola autoritaria” o de un péndulo ideológico mecánico, describe un panorama más complejo y, en algunos casos, incluso alentador. Hay países cuyas instituciones han resistido las derivas populistas y otros que atraviesan procesos de redefinición política aún abiertos.
El caso argentino, con la llegada al poder de Javier Milei tras décadas de hegemonía peronista, es interpretado como una expresión de hartazgo ciudadano frente a un sistema que, aunque formalmente democrático, había derivado en prácticas clientelares y en una gestión económica insostenible.
Cuba: el núcleo duro del autoritarismo regional
El pasaje más contundente —y también el más valiente— del artículo es el dedicado a Cuba. Enkvist le atribuye un papel central en la consolidación y exportación de modelos autoritarios en América Latina desde comienzos del siglo XXI.
Lejos de la retórica romántica que todavía rodea al régimen cubano en ciertos círculos europeos y latinoamericanos, la autora sostiene que La Habana ha funcionado como un auténtico laboratorio político: asesorando gobiernos, formando cuadros y otorgando legitimidad ideológica a regímenes que han erosionado de manera sistemática las libertades civiles.
Esta afirmación resulta especialmente relevante porque rompe con una larga tradición de indulgencia intelectual hacia el castrismo. Para Enkvist, no se puede comprender el deterioro democrático en países como Venezuela, Nicaragua o Bolivia sin considerar la influencia cubana, tanto en el ámbito de la seguridad como en el control político y narrativo.
Su análisis es sobrio, bien documentado y ajeno a la estridencia, lo que le otorga una fuerza aún mayor. Cuba no aparece como una anomalía pintoresca, sino como un actor estratégico dentro de una red de regímenes que se apoyan mutuamente en foros internacionales y organismos multilaterales.
América Latina en el tablero global
Otro acierto del artículo es situar a América Latina en un contexto internacional más amplio. Enkvist recuerda que la guerra en Ucrania ha devuelto al centro del debate la tensión entre democracia y dictadura, y que este conflicto no es ajeno a la región. Las alianzas, las abstenciones en la ONU y los silencios calculados revelan afinidades políticas profundas.
Desde esta óptica, la defensa de la democracia deja de ser un asunto meramente interno y se inscribe en un orden internacional que, con todas sus imperfecciones, ha garantizado décadas de relativa estabilidad desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
Claridad intelectual frente a la confusión moral
El texto de Inger Enkvist sobresale por una virtud cada vez más escasa: la claridad moral sin dogmatismo. No idealiza gobiernos ni confunde la legítima preocupación por la pobreza o la desigualdad con la justificación del autoritarismo. Tampoco recurre a explicaciones cómodas que atribuyen todos los fracasos democráticos al colonialismo o a factores externos.
Su mensaje es exigente y directo: las democracias latinoamericanas tienen problemas reales y profundos, pero las dictaduras no son una alternativa, sino una condena prolongada al estancamiento y a la represión.
Una voz imprescindible
En tiempos de polarización, ruido y consignas fáciles, Inger Enkvist encarna una tradición ilustrada europea que sigue creyendo en la razón, la evidencia y la responsabilidad individual y colectiva. Su artículo en Axess no solo aporta información y análisis: invita a recuperar el sentido y el peso de palabras fundamentales como democracia, dictadura y libertad.
Especialmente en lo que respecta a Cuba, su diagnóstico es claro y necesario. Nombrar el problema es el primer paso para enfrentarlo. Enkvist lo hace sin miedo y sin concesiones, y por eso su voz merece ser leída con atención, tanto en Europa como en América Latina.
Carlos M. Estefanía es un escritor y disidente cubano radicado en Suecia.















