Por Sor Nadieska Almeida, HC.
25 de marzo de 2026.
El 13 de marzo sigue siendo en nuestro país una fecha histórica. Fue marcada con un grito de libertad protagonizado por jóvenes que dieron su vida por ese sueño. Este año, esta fecha ha quedado marcada por un grito ahogado, como un sueño una vez más interrumpido. Esperamos como pueblo alguna noticia que nos diera un aliento de esperanza, por mínimo que fuera, sin embargo, nos encontramos una vez más con la mentira institucionalizada, asistimos al juego de preguntas y respuestas, al mismo discurso culposo, a la lista de justificaciones que con costo se las cree el mismo gobierno.
Estoy muy molesta, no solo por lo que despierta dentro de mí escuchar tantas mentiras, sino porque una vez más siento cómo vuelve a acontecer la humillación y el insulto a la inteligencia y dignidad de todo un pueblo, como si los cubanos dentro de esta isla hubiésemos perdido la capacidad para distinguir, razonar, pensar.
Quisiera comprender todos los intentos de este gobierno por sacar el país adelante, sin embargo, ha quedado demostrado durante 67 años que no han logrado construir una Cuba próspera y equitativa. Las rectificaciones de errores, las tareas de reordenamiento, y otras medidas implementadas, solo han servido para seguir llevándonos a la desestabilización, la inflación, la pobreza y el descontento creciente de la población, que deja ver con claridad que no se ha encontrado el camino y, como nos dicen los sabios de todos lo tiempos, a veces hay que intentar por otros caminos que pueden asustarnos en sus comienzos, pero que nos podrán llevar a un cambio real, tan necesario.
Al escuchar la comparecencia de ese día, me siento llamada a devolverles ciertas verdades que se hace necesario expresarlas: jamás será un avance, y mucho menos un logro, que las panaderías hagan el pan con carbón. Ante esta situación hay que reconocer que estamos ante un paso absoluto hacia el retroceso, marcado por una miseria nunca antes vista.
Recordemos que fuimos referencia en la educación, y hoy ya no lo somos. Basta escuchar la forma en que nos expresamos, observar las faltas de ortografía, la incapacidad para leer, redactar, interpretar, el desconocimiento de nuestra historia en las jóvenes generaciones, entre otras dificultades. Esto dista bastante de lo que fue nuestra nación y por lo que sentíamos un sano orgullo nacional. Recuperar esa excelencia en el área educativa será una ardua tarea que tendremos que asumir como prioridad.
Dudo dolorosamente de su vocación humanista al referirse a los presos y su excarcelación. Hablo especialmente de los presos políticos, nunca tendrían que haber sido privados de su libertad, cuando su único deseo ha sido ser fieles a su conciencia y la defensa de los derechos humanos, porque protestar pacíficamente es un derecho legítimo. A esto se suma la detención y el acoso de tantos jóvenes que han decidido alzar la voz, aunque públicamente, por los medios oficiales se ha dicho que no se castiga a los que disentimos, no hay mayor incoherencia entre sus palabras y el hostigamiento que, de alguna manera experimentamos todos los que expresamos nuestras diferencias.
Llegó la hora de decirnos a nosotros mismos: Basta, pueblo de Cuba. Basta de hacer ver que creemos en los discursos falsos. Acabemos con el miedo que nos está matando a todos. Tengamos el coraje de expresar en voz alta lo que decimos bajito y por los rincones. Basta, que la verdad es lo que permite que no se duerma nuestra conciencia. Basta de callar, por nuestros niños, por nuestros jóvenes, por nuestros mayores. Todos merecemos un cambio, y desde donde esté cada uno tiene que hacer lo posible porque esa verdad se escuche. No es a fuerza de gritar, no tiene más razón el que grita, sino el que es más creíble en su vida. No tiene más poder el que gobierna sino el que se arriesga, lo sabemos bien. No nos conformemos con una vida de sobrevivencia o una muerte que nos acecha constantemente, no callemos lo injusto, no dejemos solos a los que tienen el valor de protestar. Hagamos de nuestra nación un lugar diferente, vayamos emprendiendo con conciencia el camino hacia la libertad, ese es el camino de la prosperidad que deseamos todos.
Volvamos hacia Dios nuestra mirada, depositemos en Él nuestra confianza y pidamos ser constructores de una Cuba con todos y para el bien de todos.
Sor Nadieska Almeida, HC. Cuba.















