Por Gloria Chávez Vásquez.
Sabía que los jinetes salvajes y la tierra desierta estaban a punto de desaparecer para siempre… y cuanto más pensaba en el tema, más grande era el eterno que se avecinaba. Sin saber cómo hacerlo, empecé a registrar algunos datos a mi alrededor, y cuanto más miraba, más se desplegaba el panorama.
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Los arquetipos más fieles del oeste estadounidense se deben al arte de Frederic S. Remington, internacionalmente reconocido por sus imágenes de la vida en acción de nativos, soldados y vaqueros, realizadas entre 1880 y 1909 antes de que llanuras, montañas y fronteras fueran absorbidas por el avance de una civilización que domó el Salvaje Oeste en Estados Unidos.
Remington combinó romanticismo y realismo, evocando así, las emociones y aventuras de la época. Sus pinturas y esculturas son testimonio de su maestría artística y su amor por el tema. Su técnica, distintiva y moderna se caracterizó por el detalle. Utilizó hábilmente la luz y la sombra para resaltar el dramatismo de sus composiciones. Con su pincel y su talento representó fauna y flora, texturas y paisajes, convirtiendo sus pinturas en verdaderas obras de arte que han resistido el paso del tiempo.

La herencia artística
Frederic Sackrider Remington (1861-1909) pintor, ilustrador, escultor y escritor estadounidense, nació en Canton, estado de Nueva York. Hijo único de Seth, de descendencia inglesa, y Clarissa, descendiente de vascos franceses, contó entre sus antepasados al retratista de indígenas, George Catlin, al escultor Earl W. Bascom y al «padre de la pintura de la luz de luna del oeste” Frank Tenney Johnson.
En su adolescencia Frederick cursó estudios en la Escuela de Arte de la Universidad Yale, donde se interesó por el fútbol americano y el boxeo. Tras la muerte de su padre, tuvo que regresar a casa para trabajar como empleado de escritorio en Albany. Su familia se mudó a la región de Laramie, Wyoming, donde pudo experimentar la cultura y el entorno que influirían en su trabajo. Aunque se formó en la pintura académica, su pasión fue el arte de la vida del Oeste. Tenía diecinueve años cuando vio las grandes praderas, las manadas de búfalos, los cowboys arreando el ganado y varios enfrentamientos de la Caballería de EE. UU con los nativos americanos.
En 1884 contrajo nupcias con Eva Caten, su novia eterna, y en New York continuó sus estudios en la Liga de Estudiantes de Arte donde exhibió sus ilustraciones con temas de la vida en el oeste. La revista Harper’s Weekly publicó sus primeros trabajos, se hizo miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras y perteneció a la Escuela del río Hudson, cuyos miembros eran destacados realistas e impresionistas. Remington descolló en el género paisajista y en la pintura descriptiva del Oeste. Con este interés viajó a Oklahoma en 1891, donde ilustró crónicas de la vida del vaquero.
En Kansas City se dedicó, sin mucho éxito, a los negocios, pues invirtió gran parte de su tiempo en pintar, cautivado por la belleza y la vida de la región. En 1886, Harper’s lo comisionó para cubrir la guerra del gobierno contra Jerónimo y su tribu, en Arizona. Remington no llegó a conocer al líder Apache en persona, pero tomó fotos de los nativos y preparó bocetos para sus pinturas, ilustrando sus reportajes sobre ese cruento episodio del Oeste Americano.
Los indios son los más ilustrados, pues tienen al menos una impresión clara sobre el gobierno. Saben que nunca cumple su palabra. Cualquier jefe viejo te dirá que los [jefes] blancos son mentirosos, y si le presionas por ello, lo demostrará.
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Corresponsal en Cuba
En 1890 Remington decide trasladarse con su esposa a New Rochelle, Nueva York, en busca de facilidades para montar su estudio y poder así dedicarse de lleno a la pintura.
En enero de 1897, contratado por William Randolph Hearst, como corresponsal e ilustrador para cubrir la Revolución en Cuba, Remington se dio cuenta de que allí no pasaba nada. Envió entonces un mensaje por cable, al magnate de la prensa, diciendo:
Todo está tranquilo. No hay problemas. No habrá guerra. Deseo volver.
Poco después recibía un telegrama con la respuesta de Hearst diciendo:
Quédese allí. Yo proporcionaré la guerra. Proporcione Ud. las imágenes.
Tras el hundimiento del Maine y el inicio de la Guerra hispano-estadounidense, Remington fue testigo del combate de las fuerzas americanas lideradas por Theodore Roosevelt en la Batalla de la colina de San Juan.

El artista como historiador
Las pinturas de Remington retratan encuentros entre cowboys y nativos americanos, escenas de batallas, cacerías, áridos desiertos, así como hermosos y vastos paisajes de América. Las revistas populares de su tiempo se disputaban la publicación de sus obras porque transmitían vívidamente el espíritu del Oeste. Sus críticos tildaron su arte de “primitivo” (por estar basado en la observación real), con la misma miopía que catalogaron a los indígenas de “salvajes”.
Uno de sus trabajos más famosos, The Cowboy (1900), representa la realidad del vaquero como un símbolo de libertad y de bravura. Con el Broncho Buster (1895), creó una técnica de arte aún muy popular entre los escultores. Fue, además, uno de los primeros artistas estadounidenses en ilustrar la verdadera marcha del caballo en movimiento. Los caballos al galope, solían representarse con las cuatro patas apuntando hacia fuera, hasta que el artista corrigió el error con la ayuda de la cámara fotográfica. Por su contribución se le conoce como el «Padre de la Escultura Vaquera”.
Remington sigue siendo un símbolo eterno del espíritu americano: de primer cronista artístico del Viejo Oeste, al más importante artista historiador. El que popularizó los mitos, las leyendas e imágenes del antiguo oeste. El artista que definió la visión americana de una región aun desconocida y misteriosa. Su arte refleja el paisaje cultural de Estados Unidos y su influencia es evidente en el cine, la literatura y en obras de arte posteriores.

Su legado perdura hasta el día de hoy. Cronista visual de la vida en la frontera por excelencia, Remington es reconocido como un Maestro que, no solo dejó constancia de un pasado controversial, sino que permitió contemplar la historia y la identidad de una nación en formación. Un recordatorio, además, de la rica y romántica historia del Viejo Oeste.
Hacia el final de sus días, el artista volvió a trasladarse, esta vez a Ridgefield, Connecticut, por motivos de salud. La obesidad le causó problemas abdominales. Frederic murió tras una operación urgente, (para extirpar su apéndice), que se complicó con peritonitis. Tenía 48 años. Fue sepultado en el Cementerio Evergreen de esa ciudad.
Sus obras se exhiben hoy en día en los museos de renombre, y su influencia se siente en la cultura popular y el arte contemporáneo en el mundo entero.
Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.















