Por Gloria Chávez Vásquez.
La arrogancia es la obstrucción de la sabiduría.
Bión de Esmirna (Poeta griego S.II a. c)
En uno de los múltiples libros que han examinado las causas del naufragio del Titanic, Daniel Allen Butler escribe en el prefacio de “Unsinkable” (Stackpole Books, 1998): “Ningún otro desastre en la historia podría haberse evitado más fácilmente.” En el caso del buque insignia de la compañía White Star Line, los errores se confabularon como un efecto dominó para demostrar que hasta en las obras más ambiciosas se requiere una dosis de humildad.
Pero, fuese arrogancia o negligencia de los diseñadores, propietarios, constructores y/o tripulación del barco, es obvio que, a estos factores se añadió la intervención de un destino ineludible, para precipitar el desastre que cobró un alto precio y enseñó muchas lecciones.
Un palacio flotante insumergible
El 10 de abril de 1912 se inició el primer y único viaje del RMS Titanic, un enorme barco de vapor que medía 885 pies de largo y más de 10 pisos de altura. En ese momento, se le describía como «el objeto artificial en movimiento más grande del mundo». Desde ese tamaño y altura se promovió como un «palacio flotante insumergible» que hacía alarde de infalible eficiencia y lujos.
En la lista de pasajeros, aparte de cientos de turistas e inmigrantes rumbo a América, figuraban personajes como el magnate John Jacob Astor, Isidor e Ida Strauss, Benjamín Guggenheim, Molly Brown y la esposa de Albert Caldwell, quien le preguntó al hombre que transportaba su equipaje a bordo:
–¿De verdad este barco no puede hundirse?
–¡Cierto, señora!, respondió con orgullo el marino. ¡Ni Dios mismo podría hundirlo!
El barco navegaba de Southampton, Inglaterra, hacia Nueva York cuando colisionó contra un enorme témpano a unas 400 millas de Terranova y se hundió en menos de tres horas.
Arrogancia vs. Destino
El narrador argentino Santiago Machain autor de “Titanic, Arrogancia y Redención” traduce la fracasada «insumergibilidad» del barco, en una alegoría del materialismo ateo y al gélido mar, oscuro y profundo, en metáfora de lo desconocido y lo incontrolable. La del fatídico viaje es, pues, una pugna de la arrogancia humana contra el destino y la altivez del libre albedrio contra lo imposible.
El comentarista estadounidense, Jerry Newcombe, director ejecutivo de Providence Forum, y autor de “¿Y Si Jesús no hubiera nacido?» plantea el naufragio del Titanic como una tragedia avisada. Newcombe y su esposa visitaron la exposición interactiva y de alta tecnología sobre el enorme transatlántico, en Tampa, Florida, que incluye artefactos extraídos del fondo del mar, como los prismáticos del capitán del barco Edward J. Smith. (Uno de los 10 museos del Titanic en el mundo, está localizado en Orlando).
El viaje inmersivo, “es una expedición extraordinaria que te adentra en las profundidades de la historia del Titanic, –dice Newcombe. Las animaciones de vídeo y las proyecciones 3D permiten experimentar lo que era ser un pasajero a bordo del barco, mientras descubres una de las tragedias más conocidas de la historia”.
Una combinación de errores y presagios
Las investigaciones atribuyeron el desastre a «una combinación única en la vida, de condiciones meteorológicas y marinas» que impidió la visibilidad del «iceberg» a los vigías del barco. Un error dio paso a otro, cada uno basado en la creencia de que el barco no se hundiría porque era «insumergible”. En 10 segundos, el encuentro sorpresivo con el témpano, la noche del 14 al 15 de abril, convirtieron un viaje de lujo en una noche de horror.
Butler considera la desatención a los presagios y negligencias de la tripulación y sus directivos, entre las causas que propiciaron el naufragio:
*Esa noche, los dos vigías del barco no encontraron los prismáticos debido a un cambio de personal a última hora. Cuando avistaron el témpano ya era demasiado tarde. El impacto causó graves daños en el casco del buque, causando una rápida inundación.
*En el momento del roce con el témpano el barco navegaba a 22.5 nudos, la velocidad más alta del viaje, pues el capitán quería llegar a Nueva York en tiempo récord.
*Los encargados de la seguridad de los pasajeros no llevaron a cabo un simulacro de práctica para preparar a los pasajeros en caso de emergencia.
*No había suficientes botes salvavidas para acomodar a todos los pasajeros.
*Antes del hundimiento del Titanic, los supervisores calculaban el número de botes salvavidas y el espacio disponible a los pasajeros. La prioridad era las mujeres y los niños. Aun así, algunos botes bajaron al mar, medio vacíos porque muchos pasajeros tenían la esperanza de que el barco no se hundiría. Solo sobrevivieron 712 de las 2,225 personas que iban a bordo.
*El operador de radio hizo caso omiso a seis mensajes inalámbricos de diferentes barcos advirtiéndoles sobre los campos de hielo. El último, desde un barco californiano, a las 23:00 (media hora antes del accidente), anunciaba que estaban «rodeados de hielo y detenidos.» A ese mensaje, el operador de radio del Titanic respondió: «¡Cállate! Estoy ocupado.» ¿En qué estaba ocupado que su prioridad no fue la seguridad de los pasajeros?
Simbolismo trágico
El Titanic sucumbió en las heladas aguas del Atlántico Norte y desde entonces su nombre ha sido un recordatorio de la complejidad de los sistemas sociotécnicos y la necesidad de aceptación ante los límites de la tecnología. La tragedia impactó al mundo y significó un antes y un después en la historia de la navegación marítima ya que, tras el naufragio, se implementaron medidas de seguridad, como la creación del Servicio Internacional del Hielo y la obligación de llevar suficientes botes salvavidas para todos los pasajeros a bordo.
El desastre del Titanic dejó claves sobre la prevención de riesgos, la información y decisiones en situaciones críticas. El heroísmo y sacrificio desplegados por las victimas durante el naufragio son un ejemplo del valor de la solidaridad y la empatía.
Después de más de un siglo, el Titanic continúa siendo símbolo icónico de la tragedia y la fragilidad humana. Su historia ha sido perpetuada en ilustraciones, fotografías y películas, así como en ensayos y novelas. Los restos del naufragio, en el fondo del océano Atlántico son objeto de la fascinación pública y el estudio científico.
En un servicio funerario alrededor de la época de su hundimiento, el obispo de Winchester dijo: «El Titanic, es ahora un monumento y una advertencia a la presunción humana.» El barco nunca fue bautizado. No tenía por qué serlo. Después de todo, era insumergible.
Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.















