Por Antonio Manuel Moral Roncal/El Debate.
Al comenzar la Guerra Civil en julio de 1936, Gijón quedó en manos de los dirigentes de la anarquista CNT, que la sometieron a órdenes disparatadas, anulando el dinero, requisando todos los comestibles y almacenándolos en lugares que solo las organizaciones conocían. Paralelamente, comenzó una persecución contra todo aquel sospechoso de connivencia con el enemigo, católico y derechista.
Ante la represión republicana, el cónsul de Cuba en la ciudad, Fernando Pena Poldo, comenzó una labor humanitaria de salvamento de vidas amenazadas, tanto de familias de Gijón como de pueblos cercanos. Visitó cárceles y logró la libertad de numerosos presos bajo la excusa de ser ciudadanos cubanos o argentinos, ya que el cónsul de Argentina abandonó la ciudad y cedió su representación al de Cuba.
Pena comenzó a facilitar pasaportes cubanos a personas que habían nacido en la isla cuando aún estaba ligada a España o que podían presentar un certificado de nacimiento, aunque residieran desde hacía más de veinte años en Asturias y hubieran perdido sus derechos de nacionalidad al no reclamarlos. En otros casos, otorgó pasaportes a personas inscritas como cubanos en los libros de registro del consulado, lo que resultó claramente comprometedor. Las pruebas testificales eran firmadas casi siempre por los mismos testigos, residentes en Gijón, y, en algunos casos, se presentaron telegramas del cónsul cubano en Oporto como garantes de la ciudadanía de los citados.
Como cónsul interino de Argentina también certificó la nacionalidad a un número de personas difícil de precisar. Y es que los pasaportes pronto se convirtieron en la única esperanza para evitar la prisión o la muerte, ya que las autoridades locales respetaron —en principio— a las personas, bienes y domicilios de los extranjeros.
Fernando Pena distribuyó banderas y documentos para ser fijados en las puertas de los domicilios de los «ciudadanos cubanos», pero algunos de ellos se convirtieron en centros de acogida de destacados derechistas o falangistas, hecho que fue detectado por los mandos del Frente Popular.
Ante la queja de las autoridades republicanas, el 21 de septiembre el cónsul de Cuba tuvo que publicar en la prensa un aviso advirtiendo a todos aquellos ciudadanos a los que había concedido dichos documentos que la protección de los mismos no se hacía extensiva a ningún familiar o amigo que viviera en el mismo domicilio.
El texto tuvo una doble lectura: si bien respondió adecuadamente a las protestas de los mandos locales, también avisó abiertamente del peligro de registro y arresto a todas esas familias que habían abierto sus casas como amparo a otras personas…
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