Por Zoé Valdés/El Debate.
En la historia contemporánea de Cuba, se ha debatido intensamente sobre el papel del liderazgo y la capacidad del pueblo para guiar su propio destino. Lejos de depender de figuras carismáticas o caudillos visibles, la sociedad cubana ha demostrado una resistencia singular y un espíritu de autogestión –aunque precaria– que la distingue en Iberoamérica y el mundo.
Tradicionalmente, el liderazgo se asocia con la presencia de individuos destacados que guían a las masas. Sin embargo, en el contexto cubano actual, esta noción se difumina: no existen líderes «a la vista», reconocidos internacionalmente o que acaparen la atención mediática. Esto no significa, sin embargo, que el pueblo carezca de liderazgo; al contrario, el protagonismo colectivo ha adquirido una relevancia esencial en el tejido social cubano, lo que se demostró ampliamente el 11 y 12 de julio del 2021, y el 13 de marzo del 2026, cuando por primera vez se ocupó y se quemó la sede del Partido Comunista de Morón, en esa ciudad.
Desde los primeros movimientos independentistas hasta la contrarrevolución a partir de 1959 protagonizada en gran medida por los mismos que también lucharon contra la dictadura de Fulgencio Batista y Zaldívar y que más tarde no aceptaron el castrocomunismo, el pueblo cubano ha demostrado una constante voluntad de decidir su futuro. La autodeterminación se expresa en la forma en que las oposiciones organizan su vida cotidiana, resuelven problemas y afrontan el terrorismo de Estado, muchas veces en ausencia de una figura directiva clara. Las redes de solidaridad, los movimientos independientes y las iniciativas populares independientes son prueba de la capacidad de autogestión que caracteriza al cubano común.
No nos engañemos: la falta de líderes visibles en Cuba representa tanto una crisis de representación como una oportunidad para el surgimiento de nuevas formas de liderazgo horizontal. Esta situación obliga al pueblo a buscar alternativas, apoyándose en estructuras planas, en el diálogo y la creatividad individual secreta. En lugar de esperar la aparición de un «salvador» o guía tradicional, los cubanos han aprendido a confiar en sí mismos y en sus pares para tomar decisiones que afectan su vida diaria. Cansados de esperar al lobo, los carneros se transformaron en caimanes.
Enfrentando dificultades económicas, restricciones políticas y desafíos sociales, el pueblo cubano sigue mostrando una capacidad notable para reinventarse y buscar soluciones. El liderazgo se manifiesta en acciones concretas: desde el trueque y la economía informal hasta el arte, la cultura y el activismo opositor. La ausencia de líderes a la vista no ha frenado la capacidad del pueblo para organizarse y exigir cambios, aunque estos sean graduales y muchas veces silenciosos…
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