Por Ángel Santiesteban Prats/El Debate.
Desde el 3 de enero, fecha en que el comando Delta Force se introdujera en la madriguera del dictador de Venezuela Nicolás Maduro, la realidad en Cuba ha ido de mal en peor, al cerrarse el envío diario de combustible. Ahora los cubanos comentan que cuando se pensó que se estaba mal, que no podríamos descender a más calamidad, visto desde la perspectiva, se descubre que se estaba bien.
La miseria se palpa a diario y se siente la diferencia con el día anterior. Las cirugías oncológicas se han detenido y el resto se han reducido al mínimo, solo para casos de emergencia, al igual que el personal de salud. El transporte nacional está casi paralizado. El ferry que conecta la Isla con Gerona, en Isla de Pinos, es casi nulo. Para no hablar de los apagones que ya son parte de la cotidianidad natural del cubano. Al faltar la electricidad, se dificulta el bombeo de agua. Escasean las medicinas para la presión arterial, la diabetes y otras enfermedades crónicas.
Al preguntarle en la calle a Osmel Rodríguez, profesor de una escuela secundaria básica, asegura que él padece de todas las carencias como el resto de los cubanos, sin embargo, desde que tiene uso de razón, en sus 42 años de vida, reconoce que ha estado marcado por la miseria impuesta por «Fidel Castro cuando llegó al poder en 1959».
«Según los libros permitidos, –explica– existían clases sociales altas, medias, bajas y una parte ínfima en la miseria. Y es cierto que erradicó esa diferencia hasta convertirnos a todos en la clase de los pedigüeños. Había que pedirle al Estado para sobrevivir, esa fue la idea que Castro copió de Stalin, que es la esencia del socialismo».
Miseria en las escuelas
El profesor Rodríguez, continúa: «Nadie mejor que yo puede ver de primera mano, a través de mis alumnos, cómo se profundiza la pobreza, casi hasta llegar a la indigencia: sin zapatos adecuados, vestimenta, malos olores y mal alimentados hasta ser común los actos de fatiga en matutinos al no haber desayunado o desmayos en clases; porque el Estado ya no puede ofrecer nada, al padecer de tanta miseria como el cubano de a pie, la supervivencia depende de la ayuda de los familiares en el exterior, algo que avergüenza profundamente», afirmó casi sin aliento.
Sin combustible
Ante la grave falta de combustibles, las clases en las escuelas se han reducido igualmente. Osmel añade que, «si me preguntas qué deseo, te digo con total convicción: quiero una sociedad que no dependa del gobierno ni de los familiares. Quiero vivir de mi trabajo. Poder cubrir las necesidades mías y de mi familia con mi sueldo. Y eso no se arregla con un poco de petróleo de México, Rusia o China, esa cura solo depende del modelo político. No más socialismo. Ya ha sido suficiente. Hemos sido marcados en el alma como reses con tanta agonía».
Por estas palabras podría ser encarcelado, me podrían tildar de contrarrevolucionarioProfesor de una escuela secundaria básica
Osmel mira en derredor temiendo ser escuchado. Luego suspira, «sé que por estas palabras podría ser encarcelado, que me podrían tildar de contrarrevolucionario, pero ya no me importa, esta vida no ofrece nada que provoque cuidarla. Le hemos perdido el miedo al miedo». Los ojos se le tornan húmedos y se va sin despedirse. Estoy aturdido.
Me gustaría continuar preguntando a otras personas que me rebasan, pero sería más de lo mismo. En sus rostros se vislumbra el desespero de buscar algún alimento que les permita soportar un día más…
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