Por Carlos Cabrera Pérez.
Hace tres décadas, un piloto castrista disparó contra dos avionetas civiles desarmadas, en aguas internacionales, y pilotadas por cuatro cubanos: Armando Alejandre Jr., Carlos Costa y Mario de la Peña, y Pablo Morales quien, años antes, había sido balsero, rescatado en alta mar por Hermanos al Rescate.
El principal responsable de aquella masacre absurda, pero conveniente al rejuego político castrista, fue el general de ejército Raúl Castro Ruz, como demostró un audio sacado clandestinamente de la isla por un cubano valiente. Los delitos de asesinato no prescriben.
Bill Clinton había dado señales de querer mejorar las relaciones bilaterales con la dictadura castrista que -una vez más- cuando vio en peligro su rentable negocio político de legitimarse ante el mundo y mantener sometida a Cuba a una dictadura, haló el mantel y lanzó contra el suelo vasos y platos.
La búsqueda de la bronca perpetua con Estados Unidos no era novedad y se repetiría años más tarde. En 1976, Castro rechazó la oferta de Gerald Ford de mejorar los vínculos entre ambos gobiernos, si Cuba se retiraba de Angola; oferta que fue respondida con la baba de que ser internacionalistas era saldar la deuda cubana con la humanidad.
¿Qué deuda, cuantos países de la humanidad apoyaban las incursiones cubanas en África, como carne de cañón del imperialismo soviético? ¿Cuántos africanos pelearon por la independencia cubana? ¿Qué pintaba el Che en el Congo, donde tampoco lo querían?
Nuestros hermanos negros son cubanos, ni africanos, afroamericanos ni indolatinoafricanos, como el cosmonauta Tamayo. Son cubiches de pura raza y los más excluidos por el castrismo.
Pese a la propaganda, Cuba nunca ha sido soberana con el castrismo, primero dependió de la URSS, que cerró la Crisis de Octubre con Kennedy sin con contar con Castro y tuvo tropas en la isla hasta 1991; luego de Venezuela y ahora de la emigración y el alquiler de médicos a terceros países. La estadounidense Base Naval de Guantánamo sigue ahí y, desde 1994, coopera con el castrismo y viceversa.
Los 37 muertos en Venezuela y un número ocultado de heridos acaban de confirmar que la geopolítica castrista va siempre contra los cubanos; con el agravante de que los sobrevivientes y los evacuados se retiraron y retiran con el rabo entre las patas y bajo la inspección de Estados Unidos.
Granada (1983) no les bastó, pese a que murieron 24 cubanos, según cifras oficiales.
En 1980, Castro lanzó el éxodo del Mariel contra James Carter, cuando dio pasos para relajar la tensión bilateral; incluida la apertura de sendas Oficinas de Intereses en Washington y La Habana.
En 1994, Castro lanzó el Maleconazo contra Bill Clinton, que pasteleó con la dictadura más vieja de Occidente, mandándose recaditos con Gabriel García Márquez y William Styron y, dos años más tarde, le tumbó las avionetas de Hermanos al Rescate, asesinando a tres ciudadanos estadounidenses y a un cubano; que habría merecido un golpe quirúrgico contra objetivos que el Pentágono tiene marcados desde hace años.
Pero el jevo de la Lewinski bateó por donde más convenía a Castro, la Helms-Burton, que propició un reforzamiento de las denuncias castristas sobre el embargo y toda la metralla de barricada ideológica que ha usado La Habana desde 1960.
La reiteración de Clinton en fallos frente a La Habana merece una tesis, nada más llegar a la Casa Blanca, maniobró para que se cerrara una investigación federal contra Raúl Castro por supuestos delitos de narcotráfico, ya prescritos. Y en 1999, mordió el anzuelo castrista con el tumulto Elián, en vez de haberlo devuelto de inmediato a su padre, una vez recuperado de la peligrosa travesía y de haber perdido a su madre en el naufragio.
Clinton es el padre de las Tribunas abiertas y de la matraca de la Mesa Redonda; la emocionalidad cubana y la maldad castrista hicieron el resto.
Barack Obama fue el más generoso -casi hasta rozar la irresponsabilidad- con Castro II, pero no contaba con la mala maña del patriarca otoñal quien, recluido en Punto Cero por secreto de estado, saboteó el intento de Raúl de avanzar en la historia sin el protagonista en jefe.
Se apendejó, Modesto y así se ve ahora, cercado por la miseria que aplasta a los cubanos, abandonados por quienes usaron al castrismo en sus rejuegos geopolíticos con Estados Unidos y al frente de un gobierno superado por la crisis estructural y sus propias calamidades.
La balacera mediática que armaron castristas, sus agentes de influencia y comunicólogos de la monetización, con el barco ruso cargado de petróleo parece una versión del Coronel no tiene quien le escriba, contada por Gogol. Putin ha sido el líder soviético-ruso más anticastrista de los últimos 100 años y no verlo es un ejercicio de desmemoria interesada o de ignorancia.
La camarada Daria Mitina vino a ponerle la tapa al pomo, asegurando que Cuba se equivocó al invertir en turismo y no en generación de energía. Con aliados así, el tardocastrismo va sobrado.
¿Dónde están los hermanos argelinos, iraníes, palestinos, saharuíes, africanos, norcoreanos y brasileros? Incapaces de protagonizar un chamamé a Cuba?
Gobernar para el mal, con el mal y por el mal trae muy malas consecuencias y la casta verde oliva y enguayaberada tuvo oportunidades de rectificar en favor de los cubanos, cuando se cayó el Muro de Berlín y con el embullo Obama, pero teniendo a mano un pastelito como el jamonero de guagua Biden, nadienmejor, para meterle 800 mil emigrantes, vía Nicaragua y similares, y aliviar la presión del 11J.
Matar es fácil, ordenar apretar gatillos también, como en la trágica Loma de San Juan, alardear de que se derriben avionetas civiles con un Mig 29 y «no consulten», es inherente a mentes criminales; lo difícil es apostar por la vida, silenciar los gatillos, propiciar un negocio aeronáutico que sería una mina en cualquier isla y más con la excelente tradición de Cubana (1929) y Aero Caribbean (1982), pero los Castro Ruz mandantes siempre han preferido la pobreza y la muerte a la patria.
Muchos políticos estadounidenses han actuado como cómplices del crimen, desde Bahía de Cochinos hasta el 11J, pero con Trump el brinco es más corto y parece decidido a limpiar el patio trasero de adversarios y maleantes; toda la firmeza que le critican sus afligidos y ñoños contrarios es igualitica a la que alababan y alaban a los Castro.
Carlos Cabrera Pérez es exiliado cubano radicado en Madrid.















