Por Padre Alberto Reyes.
Evangelio: Mateo 17, 1-9
Todo el Evangelio de Jesucristo, todo gesto suyo, toda palabra, transpira un mensaje de fondo: ofrecer la vida.
Es la clave que Jesús propone como sentido de la existencia humana. Es lo que hacemos cuando servimos a nuestra familia, cuando enfocamos el trabajo como un modo de facilitar la vida a otros, cuando nos brindamos para escuchar, acompañar o consolar, cuando hacemos nuestros los problemas y las dificultades de los demás.
¿Hermoso? Sí. ¿Fácil, agradable, atractivo? No siempre. No siempre porque cada uno de nosotros tiene sus propios problemas, sus proyectos, necesidades personales que tiene que cubrir. No siempre porque sufrimos el cansancio, el agobio de lo pendiente, el disgusto de los problemas inesperados. No siempre porque no vivimos en un mundo ideal donde todo el mundo es agradable y colaborador.
Sin embargo, el Evangelio de Jesús es claro: a pesar del cansancio, la incomprensión, el cúmulo de tus propios problemas… ama de todos modos, ofrécete, sé una bendición, da la vida.
Por eso necesitamos “dejar la llanura” y “subir a la montaña” con Jesús. Necesitamos aprender a separarnos de la rutina cotidiana de un mundo que no se para, de un mundo que nos tira por todos lados y que nos fragmenta. Necesitamos la paz del encuentro con el Cristo transfigurado, con el Cristo que nos serena, que nos calma el miedo, que nos ayuda a ver con claridad nuestra existencia.
Cada vez que rezamos, que nos damos tiempo para leer un trozo de la Biblia, que participamos de una Misa, o de un retiro; cada vez que nos regalamos una conversación con alguien sobre la fe, cada vez que nos confesamos o hablamos con alguien sobre el modo de construir la vida según Dios… parece que no sucede nada y, sin embargo, son los momentos en los cuales abandonamos la “llanura” y subimos a la
“montaña”, y es eso lo que nos da vida por dentro, y es eso lo que nos da fuerzas para ofrecernos sin rompernos.
Porque cuando subimos a la “montaña” todo cambia, y recibimos la misma experiencia que tuvieron los discípulos en el monte Tabor: la cruz no es una derrota, es el camino de la salvación; el servicio no es una pérdida de tiempo, es el camino del sentido; el perdón no es una estupidez, es la fuente de la paz; la pasión no es un sufrimiento inútil, es el camino de la resurrección.
Padre Alberto Reyes Pías nació en Florida, Camagüey. Estudió Psicología Pura en España, antes de entrar al Seminario estudió 3 años de Medicina (en Cuba), lo dejó para entrar en el Seminario. Párroco en Esmeralda, Camagüey.















