Cultura/Educación

El Guerrero Encadenado

Por Gloria Chávez Vásquez.

 

El mundo no es un concepto abstracto: el mundo soy yo, eres tú, es él. Y si yo no cambio, si tú no cambias y si él no cambia, separada e individualmente, por propia iniciativa, no cambia nada y seguimos siendo esclavos.

Oriana Fallaci (1929-2006)

 

Durante la primera guerra mundial, los países aliados firmaron la “Declaración Balfour” (1917) en la que el Reino Unido y otras naciones europeas, acordaban apoyar la creación de un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina. Dos décadas más tarde, en la segunda guerra, los mismos países cerraron la puerta a los refugiados judíos que huían de los nazis.

Es tan solo parte de la historia que rescata Caroline B. Glick, la escritora estadounidense, ex columnista del Jerusalem Post en su libro El Guerrero Encadenado (Shackled Warrior) Gefen Publishing House, 2008.

 

Carolina B. Glick

 

Heredera de la plume de guerre de la formidable italiana Oriana Fallaci, Glick ha escrito extensamente sobre el judaísmo y la política estadounidense, las relaciones entre Israel y la Diáspora y el conflicto israelí-palestino. Aguda crítica de las instituciones judías liberales, Glick argumenta que muchas de ellas se han alineado con la izquierda radical.

Nacida en Houston, TX, Estados Unidos (1969) de padres israelíes, Glick reside actualmente en Efrat, Israel y desde 2025 es Consejera de Asuntos Internacionales para el gobierno Israeli. Con conocimiento, perspectiva y experiencia, la ahora diplomática alerta al mundo ante el peligro del supremacismo islámico.

Mas recientemente, la intelectual judía lanzó un contundente mensaje a los gobernantes de Reino Unido, Francia y Canadá, criticando su hipocresía en las posiciones políticas que niegan el derecho de Israel a existir.

 

 

Con un lápiz y un gin-tonic

Señalando a Inglaterra como “el imperio que dividió a Oriente Medio con un lápiz y un gin-tonic”, Glick hace una lista de las desfachateces inglesas olvidadas por el mundo, entre las que se encuentra la entrega de tierras judías a los jeques árabes y el hecho de que permitieron que millones de judíos perecieran en el Holocausto.

Otra de las terribles decisiones de los lideres británicos de esa época, fue la de “internar a sobrevivientes del Holocausto en Chipre, como si fueran criminales”. Glick cuestiona el que, “ahora los británicos agitan el dedo colonial a los judíos por construir hogares en nuestras colinas ancestrales”. Bien harían los ingleses en “lidiar con su propia sociedad que se está derrumbando” — recomienda la autora.

Liberté, égalité, fraternité

Francia, deportó a más de 75.000 judíos durante el Holocausto —nos recuerda Glick. “Los hacinaban en trenes de ganado, para enviarlos a los campos de concentración, sabiendo que iban a ser exterminados. ¿Y después de la guerra? “Ninguna justicia. Ningún ajuste de cuentas. Solo décadas de indiferencia y palabras vacías”.

Hoy, en las calles de Francia, una nación en bancarrota moral y colapsando culturalmente, se apuñala a judíos, se incendian las sinagogas “¿y todavía tienen el descaro de darnos lecciones de moralidad? No pudieron proteger su propia república de una furgoneta llena de yihadistas, ¿pero ahora quieren dictarle a Israel cómo debe defenderse de los terroristas genocidas?”

Oh, Canadá

Siguiendo el ejemplo de Francia y la Gran Bretaña, países por los cuales fueron colonizados, los canadienses cerraron la puerta a los refugiados judíos durante el Holocausto. Los tripulantes del St. Louis (1939) les suplicaron misericordia. “Ninguno es demasiado”, dijeron sus funcionarios y los enviaron de vuelta. Fue una sentencia de muerte. Hoy en día, los políticos canadienses se toman fotos en mezquitas, mientras condenan a Israel por luchar contra el terrorismo. Han convertido sus universidades en clubes de admiradores de Hamás y su parlamento en un circo. “Abandonaron a los judíos cuando éramos apátridas, ¿y ahora quieren castigarnos por defender nuestro Estado?”

Los judíos ya no son los apátridas de 1942 —enfatiza la escritora—. Somos el pueblo soberano de Israel, armado, consciente e impenitente. Por tanto, sus sanciones son una broma. Sus amenazas no significan nada. Sus lecciones morales son basura. No necesitamos su permiso para vivir. No necesitamos su aprobación para luchar. No vamos a irnos a ninguna parte.

¡Cómo se atreven a amenazar al único Estado judío en la Tierra —los espeta— después de todo lo que sus naciones nos hicieron! ¡Hablan de ‘valores humanitarios’ mientras están de pie sobre pilas de huesos judíos que sus ancestros enterraron bajo adoquines, catedrales y las cartas de ‘naciones civilizadas’!

 

 

La solución israelí

 

En su libro The Israeli Solution (Crown Forum 2014) Caroline B. Glick, ausculta la desagregación cultural europea, la indecisión estadounidense y el temor y la confusión israelíes ante la guerra yihadista. Examina, además, la historia reciente, destacando el consenso predominante entre elitistas y académicos diciendo que Estados Unidos debe resolver el conflicto palestino con Israel implementando la llamada solución de dos Estados.

Entre 1970 y 2013, Estados Unidos propuso 9 planes de paz diferentes para Israel y los palestinos. Durante los últimos veinte años, la solución de dos Estados, ha sido la pieza central de la política estadounidense en Oriente Medio. Pero a pesar de lo preciso del enfoque, los esfuerzos para implementar un acuerdo de paz han fracasado. Con cada nuevo intento, Oriente Medio se torna más inestable, más violento, más radicalizado y más hostil hacia los valores e intereses democráticos.

Muchos son los obstáculos que enfrenta ese intento de pacificar el área: El Censo palestino de 1997, en el que se basan la mayoría de las políticas de dos Estados, exageró el número de palestinos que residen en Cisjordania y Gaza. Los reclamos de Israel para la soberanía territorial bajo el derecho internacional, así como la larga historia de presencia judía en la región son menospreciados. A estos escollos se añaden: la negación del antisemitismo palestino, la renuencia a negociar de buena fe, el terrorismo y la negación del derecho de Israel a existir como país.

Las encuestas demuestran que el pueblo palestino admira la sociedad y la gobernanza israelíes. A pesar de medio siglo de terrorismo nacional e internacional, el antisemitismo y los ataques militares de vecinos regionales, Israel ha prosperado como la única democracia de Oriente Medio.

Después de un siglo persiguiendo una política de dos Estados que no ha acercado a israelíes y palestinos a la paz, La Solución israelí ofrece un camino alternativo hacia la estabilidad en Oriente Medio basado en la soberanía israelí sobre Judea y Samaria.

 

Ocho frentes

 

El pasado 9-24-26 digiriéndose a la asamblea general de la ONU, Benjamín Netanyahu se refirió al 7 de octubre, como el día más oscuro en la historia de Israel cuando miles de terroristas invadieron su país. Los enemigos de Israel esperaban que el Estado colapsara, pero eso no ocurrió.

Durante tres años Israel ha luchado en siete frentes —dijo el primer ministro. Pero, hay un octavo frente en esta guerra. Es la guerra por la verdad. La guerra por la percepción pública. La guerra por la narrativa. La guerra por el derecho de Israel a contarle al mundo lo que realmente sucedió aquí.

Netanyahu reiteró —A pesar del dolor, a pesar del sufrimiento, no nos rendimos. El sacrificio no será en vano. «Continuaremos defendiendo a nuestro país. Israel no se disculpa por su mera existencia. Israel no renuncia a su derecho a defenderse y no tiene la intención de dejar que otros escriban su historia por él.

 

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Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

 

 

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