Por Gloria Chávez Vásquez.
Y puesto que la geometría es el fundamento correcto de toda pintura,
he decidido enseñar sus rudimentos y principios a todos los jóvenes ávidos de arte.
Albrecht Dürer (1471–1528) Pintor alemán.
Salvador Dalí (1904-89) declaró en vida, que los descubrimientos científicos era lo único que iluminaba su imaginación. Para el pintor surrealista español, contemporáneo de Pablo Picasso, Federico García Lorca y Luis Buñuel, el arte y la ciencia eran parte del conocimiento, y su obra no iba a fragmentarlo.
Conocido por sus imágenes oníricas y surrealistas, admirador de Diego Velásquez y el Renacentismo, explorador de diversas corrientes artísticas, su estilo terminó siendo definido como ecléctico. Su interés artístico abarcó el cine, la escultura y la fotografía. Sus creaciones son un recorrido histórico por los acontecimientos del siglo XX. Una de sus pinturas más reconocidas es La persistencia de la memoria, realizada en 1931.
Aunque se le recuerda como un personaje excéntrico que coqueteaba con la locura, Dalí era en realidad un artista estudioso, imaginativo y talentoso. Su extensa biblioteca personal se conserva en una amplia sala de la Fundación Dalí en su región natal de Figueres, Cataluña. Muchos de esos libros tratan de geometría, matemática o biología, ya que, a lo largo de su vida, participó en una variedad de descubrimientos científicos como el del ADN, la teoría cuántica, los modelos atómicos y el concepto de la antimateria.
Su esposa y musa, Gala, fue modelo en muchas de sus pinturas. Su obra cuenta con una interesante serie en la que utilizó la geometría sagrada: Leda atómica (1949): la composición se asienta sobre un pentagrama místico y triángulos áureos donde los elementos flotan sin tocarse. El Cristo de San Juan de la Cruz (1951): La estructura y perspectiva de la cruz se basan en un triángulo equilátero y un círculo armónico. Corpus Hypercubus (1954): Muestra un Cristo crucificado sobre un hipercubo desdoblado y tridimensional que une el misticismo con la geometría. La última cena (1955): Jesucristo y los apóstoles están situados dentro de un dodecaedro pentagonal. El matemático rumano Matila Ghyka le ayudó a resolver los complejos cálculos numéricos, para este lienzo.

La llave del Cosmos
Desde muy joven, Dalí se sintió atraído por las matemáticas, la física y la mecánica cuántica. El artista demostró que la pintura puede ser, además, ciencia matemática ilustrada. Para ello utilizó la medida que le sirvió para explorar la geometría sagrada que identifica el arte con la Creación y la Naturaleza. Este recurso geométrico se conoce como la proporción áurea.
Conocido como número phi (φ), la divina proporción o número divino es un número irracional cuyo valor aproximado es 1.61803398874. Este número se define como la relación perfecta entre dos segmentos de una línea, donde la proporción del segmento entero a la parte más larga, es igual a la proporción de la parte más larga a la parte más corta.
El primero en estudiar seriamente el número áureo fue Euclides (c. 300 a. C-265 a. C.), quien lo explicó en su libro Los Elementos: Se dice que una recta ha sido cortada en extrema y media razón, cuando la recta entera es al segmento mayor como el segmento mayor es al segmento menor. Platón (c. 428-347 a. C.) consideraba que los números irracionales, descubiertos por los pitagóricos, eran de particular importancia y la llave de la física del cosmos.
Son innumerables las evidencias históricas del uso de la divina proporción en la arquitectura y el resto de las artes: Desde la Gran Pirámide de Guiza, en Egipto, el Partenón de Atenas, la estructura musical en la “Quinta Sinfonía” de Beethoven, la ubicación de las “efes” en la construcción de los violines, el “Hombre de Vitruvio” de Leonardo da Vinci y la exquisita relación geométrica en las obras de Miguel Ángel.
Cézanne, Seurat y otros pintores de finales del siglo XIX y comienzos del XX abordaron el tema, interesados como estaban, en el problema de una representación pictórica original. Pero Salvador Dalí quiso investigarlo a fondo.

La geometría sagrada
Salvador Dalí utilizó la proporción o número áureo, para aportar orden, equilibrio divino y misterio matemático a sus obras. El pintor enmarcaba figuras, estructuras y composiciones invisibles en la exactitud, que equivale a la perfección. Con el surrealismo demostró que la automatización es deshumanizante y conduce a los sistemas totalitarios. Con ello criticaba, además, la pereza contemporánea y la falta de técnica y disciplina, que habían acabado por degradar el mundo académico y las instituciones universitarias.
Dalí plasmó esta inquietud en cuadros como “Semitaza gigante volante, con anexo inexplicable de cinco metros de longitud” (óleo sobre lienzo, 1944-1945), una pintura en la que las imágenes aparecen derivadas de rectángulos áureos que resultan de extraer, un cuadrado tras otro, del rectángulo anterior.
Como un simpático homenaje, al rectángulo de oro, esta obra descompone el cuadro en rectángulos áureos, y convierte los elementos del dibujo en una clave para reconstruirlos. El diseño de la taza libera la sucesión de rectángulos que conducen a la espiral áurea, finalizando con una sombra negra en la parte superior.
El cuerno del rinoceronte es un elemento recurrente en sus pinturas, porque Dalí lo consideraba “una curva logarítmicamente perfecta”. Sus cuadros, como “Cuernos azules” (1955) y “Figura rinoceróntica de Ilisos de Fidias” (1954), lo recalcan.

Dalí experimentó, además, con la geometría fractal, en sus óleos sobre lienzo “El rostro de la guerra” (1940); la geometría proyectiva, en “Las llamas llaman” (1942); la topología, en “Contorsión topológica de una figura femenina” (1983); y la Teoría de las catástrofes, como en “La cola de la golondrina” (1983). En el óleo, el hipercubo se desdobla para convertirse en la cruz de la muerte, y la sombra en el suelo, transforma una cuadrícula de dos dimensiones, en una cruz latina. Es de ese modo que el artista transciende las dimensiones.
En la actualidad existen varios museos en Europa y América, dedicados exclusivamente a la obra de Salvador Dalí. En España: el Museo Dalí en Figueres; Casa-Museo Castillo de Púbol, dedicado a Gala, su esposa y musa; la Casa-Museo Salvador Dalí en Portlligat, casa y taller del artista durante muchos años. En Francia: Museo de Dalí en Montmartre, París. En Estados Unidos: El Museo Dalí en San Petersburgo, Florida, cuenta con la segunda colección más grande de sus obras en el mundo.
Dalí vivió 8 años en Estados Unidos durante los cuales, su arte, extravagante, critico, novedoso y humorístico fue acogido con optimismo, en una época de conflagración mundial. Su obra invitaba a la reflexión y al psicoanálisis de la sociedad moderna.
Durante la dictadura del general Francisco Franco, sus colegas, españoles y europeos lo tacharon de franquista por rehusarse a condenarla. Entre sus críticos internacionales se contaba el pintor francés André Breton quien se opuso a que el artista catalán exhibiera su Madonna Sixtina en la Exposición Internacional Surrealista de Nueva York.
La respuesta pública de Dalí a Breton fue: “¡Yo soy el surrealismo!”.
Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora, reside en Estados Unidos.















