Por Mark W. Sánchez/New York Post.
Los fotógrafos se agolparon en las inmediaciones de las gradas del banquillo de los Yankees, formando dos filas paralelas que dejaban espacio suficiente para que la atracción principal pudiera pasar entre ellas. Apuntaron sus cámaras hacia el túnel que había debajo y esperaron.
Lo único que faltaba era una alfombra roja.
Y entonces la superestrella Aaron Judge, intentando reprimir una sonrisa, subió corriendo los escalones, esquivó los flashes y se dirigió a la jaula de bateo.
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