Por Olivier Vial/Causeur.
¡Atención, artesanos, restauradores y productores! ¡La comida es fascista! Grupos radicales y académicos subvencionados libran una guerra contra el «terroirismo» y la «porkificación» de la gastronomía francesa. El ultraprogresismo está en el menú.
Abril de 2026: ha surgido un nuevo peligro que amenaza nuestra convivencia: el cochinillo asado al estilo francés. Celebrar con amigos, compartir una tabla de embutidos con una copa de vino, todo ello mientras se cantan canciones pop francesas… hay que entender que esto no es inofensivo. Nuestros platos se han vuelto fascistas. Debemos aceptarlo.
Afortunadamente, la resistencia se organizó rápidamente: peticiones, boicots, llamamientos a la prohibición. Algunos, con la misma valentía que al actuar de forma anónima, llegaron incluso a acosar a los empleados y proveedores del evento. Los más decididos intentaron incendiar un banquete en Bretaña. El fin justifica los medios.
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Sin embargo, ante tal peligro, las iniciativas individuales no son suficientes. Por eso, ya el 9 de mayo, el medio culinario Graille, que ya había lanzado campañas de boicot contra productos y platos israelíes, anunció la creación de dos estructuras combativas: la Unión de Profesionales de la Alimentación…















