Cultura/Educación

Samuel Paty: una lección mal aprendida… «El abandono», una película de Vincent Garenq, actualmente en cines

Por Philippe Bilger/Causeur.

La película de Vincent Garenq recrea con precisión los últimos días de Samuel Paty, quien fue decapitado por un islamista en 2020 tras una conspiración en la que participaron estudiantes musulmanes, padres y redes sociales.

«El Abandono» es una película magnífica y trágica sobre los diez días previos al asesinato de Samuel Paty. Es escrupulosamente honesta, y al terminar de verla, uno se siente escalofriado y aterrorizado. Escalofriado por el horror criminal del 16 de octubre de 2020, cuando este ejemplar profesor de historia y geografía fue decapitado por un terrorista checheno. Aterrorizado porque se perciben las aterradoras amenazas que se ciernen sobre el futuro. En este sentido, el asesinato de Samuel Paty es mucho más que esta monstruosidad que puso fin a diez días de incomprensión, irresponsabilidad, cobardía, impotencia y peligro mortal. Después de esta película, uno realmente aprecia la admirable y totalmente justificada determinación de la hermana de la víctima, Mickaëlle Paty; como podemos ver, tenía razón al apelar constantemente a las autoridades, alertándolas de que no se habían aprendido las lecciones necesarias tras esta atroz tragedia y que, una vez que la indignación inicial amainó, se había dado por sentado un retorno a la normalidad demasiado precipitado. Por el contrario, algunas críticas partidistas, tanto políticas como mediáticas, fueron vergonzosas, ¡como si esta película debiera haber presentado un equilibrio entre el asesino y su víctima completamente inocente! «El Abandono» es una película crucial no solo por su retrato de un asesinato premeditado, sino también por la luz implacable que arroja sobre la Francia contemporánea: sus deficiencias, sus fracasos, sus rigideces, su impotencia en todos los niveles. Hasta tal punto que, tras la atrocidad de este crimen, uno se ve obligado a preguntarse qué ocurriría mañana con los mismos mecanismos, la misma estructura educativa y docente, el mismo laberinto administrativo y policial, la misma cobardía, la misma indiferencia o parcialidad por parte de algunos, la misma organización cuya utilidad estamos justificados en cuestionar. La paradoja es que esta multitud de servicios y figuras oficiales parece estar ahí no para resolver las crisis con urgencia y valentía, sino para impedir que se resuelvan. ¿Cómo pudo haber sido posible salvar a Samuel Paty en un sistema educativo nacional tan tímido, tan paralizado, tan obstaculizado en su funcionamiento, tan mal equipado para responder a amenazas mortales?

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