Cultura/Educación

De la erótica a la mística

Por Gloria Chávez Vásquez.

El deseo no busca armonía ni plenitud. Busca el exceso. El instante en que el cuerpo rebasa su propia forma.
Donde el límite entre placer y dolor, entre lo sagrado y lo profano, se borra.
George Bataille (1897-1962) antropólogo y pensador francés.

Se ha definido al erotismo como un proceso entre la intimidad del deseo y la rebelión contra las normas. Escritoras como Anaïs Nin (1903-77) en Europa y Zoe Valdés (1959) en Hispanoamérica, abrieron una compuerta literaria donde la sensualidad se convierte en pensamiento y la escritura en acto libertario. Sus textos confrontan tabúes, exploran la identidad femenina y transforman lo erótico en arte consciente, profundo y provocador.
¿Por qué es importante comprender la libertad creativa femenina para romper esos silencios y redefinir la literatura erótica?
En Colombia la erótica ha sido controvertido tema de cuento y poesía. Por eso cuando Angela Parra Sierra (Bogotá, 1982) le entregó a Dalila, su madre, el manuscrito final de su primera novela, le pidió que viera en ella a la escritora y no a la hija.
Hasta ese momento, Nita, (como le dicen sus familiares y amigos), había sido una exitosa deportista, que representaba a Colombia en las competencias ciclísticas internacionales. Desde niña había incursionado como “cuentera” siguiendo el ejemplo de su mamá y de su abuela. Pero esta novela era su bautismo como autora.

 

 

 

El erotismo: transgresión y vértigo

 

El espejo de Bagdad, (Editorial Independiente 2026) es un homenaje a Las mil y una noches, que su mamá le leía de niña, mientras Nita tallaba cucharas de madera. “Su voz hacía todo más fantástico. Luego, el año pasado, en su lecho de muerte, mi hermana y yo le leímos los cuentos a ella. Siempre hacia un gesto bellísimo cuando Sherezade guardaba silencio, viendo despuntar el alba”.
Enmarcado en el misterio, el erotismo y la introspección, «El espejo de Bagdad» es un relato de 177 páginas, de prosa fina, amena y elegante, Parra nos conduce como testigos de las peripecias de Ana María, una estudiante de Física, obsesionada con las estructuras fractales. Su amiga, Natalia, trabaja como “acompañante de caballeros” para costear sus estudios y convence a “March” (mote inspirado en Marge Simpson) para que capitalice en el oficio mientras estudia. Para exorcizar el aburrimiento, March explora sus teorías sobre la causalidad y sintoniza sus orgasmos con la serie numérica de Fibonacci, convirtiendo los inventos del sadomasoquismo en una especie de tango apache. Es, además, la danza del ying y el yang que, como deporte extremo, conlleva sus riesgos. Tras un encuentro con su sombra (el Jinn o genio) March viaja a Nueva York donde alterna el placer con el drama y luego a Rusia huyendo por su vida. La reflexión, la respiración y la meditación le abren los caminos hacia el misticismo y las culturas orientales.
La novela de Ángela Parra es una provocación que conduce al conocimiento; su narrativa es sensual e introspectiva; una descripción de la persona en proceso de transformación.
Cuenta la escritora, que la inspiración le llegó durante un desborde de fantasía ante una desilusión amorosa. Decidió entonces, utilizar esa energía y volcar su imaginación en escribir, un cuento que se convirtió en esta novela, compuesta por los temas que le apasionan, como la física, los viajes, la mística y la erótica.

 

 

La desnudez como verdad.

Ángela Parra ha tenido varias etapas en su vida. Cambió su carrera como bióloga por el ciclismo profesional de montaña (2008-21); le dio tres premios panamericanos a Colombia y varias medallas en los Juegos Bolivarianos y Suramericanos; entrenadora certificada y directora deportiva de equipos femeninos en Costa Rica, Guatemala y Colombia (2016-25); viajó por Centro, Suramérica, Suráfrica y Europa; como tal se estableció por una década en Costa Rica; luego trabajó como consultora macrobiótica entrenada en Barcelona, España.

 

 

En la competencia, el deportista paga un alto precio. Y el de Ángela se tradujo en lesiones físicas y presiones mentales. Llega el momento en que lo que se disfrutaba se convierte en brutal tortura. Para sobrevivir, hay que pasar página y reinventarse. Ahora, con sus talleres de entrenamiento, la deportista enseña, a ciclistas novatos, las técnicas básicas y la mecánica fundamental, mientras, como escritora, urde la filosofía de sus cuentos. “Mi misión, es que se conozcan y se apliquen a ser mejores atletas y por consiguiente mejores seres humanos”.

 

 

Según Ángela, la creatividad es un acto revolucionario y los verdaderos rebeldes se arriesgan a salir del molde, a ver las cosas diferente, a buscar finales inesperados y giros alternativos. Para ella no hay nada más entretenido que la creación, que es en realidad el juego. Para escribir sobre el erotismo hay que tener valor de enfrentar a los clanes, a las tribus, a las lealtades familiares, políticas y sociales. El silencio y la soledad son requisito de la creación. Sin negar que las creaciones colectivas son deslumbrantes. Pero el juego íntimo de la creatividad proporciona la humildad del aprendiz, y permite hacer cualquier cosa así te equivoques. Simplemente hay que jugar con el único propósito de jugar, porque paradójicamente, jugar es crear. La creatividad es un acto incomodo porque se debe dejar de pensar como antes, desapegarse de lo aprendido y dejar que las ideas “locas” se manifiesten.

 

 

La sexualidad como producto de la creatividad

La novela es ficción, aunque su autora se inspiró en las características de personas importantes en su vida. Lo único que ha experimentado en carne propia son los ejercicios pulmonares con la respiración holotrópica y el Tummo, con los que se puede llegar a estados alterados de conciencia. Nita está convencida de que, para inspirarse no hay necesidad de consumir droga ni poner en riesgo la salud física ni emocional. El talento, la creatividad y la disciplina lo hacen todo.
“La sexualidad como producto de la creatividad me parece poderosa”, nos dice Ángela. “La creatividad es un juego que trata de romper moldes, desaprender y por supuesto tener coraje para intentar cosas nuevas, ser un novicio sin temor del error. Para mí como escritora, ser creativa es un juego que disfruto mucho, porque me entreno en buscar giros inesperados y resultados coherentes pero inverosímiles. Ser disruptiva con mis propios pensamientos y sacar a la mente de su confort. Es algo así como los cuentos sufíes o los Haikus”.
Nita tiene 2 hermanas Margarita y Natalia. Una vive fuera de Colombia y la otra en Bogotá; su padre, jubilado, vive en una finca, en Almeida, un pueblo de Boyacá. “El amor es para mí, presencia y atención. Es una energía creativa y activa”, recalca la escritora.

 

 

Le gusta leer a Murakami y la novela asiática; autoras como Matilde Asensi, Rosa Montero, Cristina Peri Rossi y Viky Bahum. “Creo que a nivel planetario está el FASTBOOK. Todos quieren publicar un libro y tener la receta perfecta para el éxito en el mercadeo. Pero lo valioso se encuentra en el silencio creativo, en el no hacer (Zen). Espero que esa fiebre de libros prospere, para que tengamos una visión crítica de qué leer, y qué consumir” concluye la escritora.
Su cuento «El Globo» fue seleccionado para la antología «Obra Gris» (Costa Rica, 2025). En la actualidad trabaja en una colección de cuentos y minicuentos, con temáticas históricas, urbanas, eróticas, deportivas y distópicas.
www.nitaparra.com
www.angelitaparra.blogspot.com

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos. Autora de la trilogía juvenil, Akum, La Magia de los Sueños, Agmmandiel, El Camino de los Reinos y El libro de Yodín (disponibles en Amazon.com).

 

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