Por Carlos M. Estefanía.
Queridos lectores,
Les escribo nuevamente desde el sur de Estocolmo, desde este municipio de Botkyrka donde cada semana saco al aire “La tertulia de Estocolmo” mi programa en la radio municipal, que realizo en forma de magazín cultural variado. En estos días recientes, como ya les adelantaba, ese espacio ha estado marcado —en parte o casi por completo— por la dramática y compleja situación que vive Cuba. Hablar desde aquí de lo que ocurre allá no es un ejercicio periodístico frío: es una necesidad moral.
Pero también es, si se quiere, una oportunidad. Porque observar una sociedad como la sueca —con sus logros, sus contradicciones y sus crisis— permite imaginar mejor qué tipo de país podríamos construir los cubanos si algún día logramos abrir las puertas de la libertad.
Déjenme entonces contarles, con calma y detalle, todo lo ocurrido esta semana en Botkyrka.
Uno de los asuntos más sensibles sigue siendo la seguridad. Aunque los informes más recientes indican que la criminalidad en zonas como Fittja ha comenzado a disminuir gracias al trabajo conjunto entre autoridades y comunidad, no se puede olvidar el trasfondo de violencia que ha marcado estos barrios.
Esta semana vuelve a estar presente en la memoria colectiva el caso del asesinato ocurrido en Fittja en 2024. La justicia ha confirmado las condenas: el autor principal, que tenía apenas 19 años al momento del crimen, ha recibido cadena perpetua por liderar el ataque con un fusil automático. Sus dos cómplices, menores de edad entonces, han sido condenados a penas de entre 14 y 16 años de prisión.
No se trató de un crimen cualquiera. Tres individuos armados irrumpieron en un local con clientes dentro, disparando sin miramientos, poniendo en riesgo la vida de múltiples personas. Conozco muy bien el sitio, se trata del restaurante Paschá, que años atrás me recomendó un alumno. Está especializado en comida turca, la que preparan y sirven muy bien, confieso y al que suelen acudir familias con niños. Me imagino el trauma de los que fueron aquel día y la suerte mía de no haber pasado por allí en tan funesta ocasión.
Por suerte la situación de la zona ha cambiado mucho desde entonces, la seguridad se siente. La respuesta posterior —más presencia policial— ha sido clave para reducir la tensión en el área. Tal es así que hasta me atrevo a recomendar ese mismo sitio por si algún día se llegan por la zona y quieres comer mucho, rico y barato (juro por Alah que no me pagan por promocionarlos) este es el enlace al sitio: https://www.paschakolgrill.se/
De cualquier modo, debo reconocer que este tipo de episodios, aunque cada vez menos frecuentes, recuerdan que la integración social no es automática, y que incluso en sociedades avanzadas hay fracturas profundas.
En paralelo, la vida municipal sigue su curso.
En Riksten, en Tullinge, se ha anunciado un ambicioso proyecto para contener la contaminación por PFAS en una antigua zona militar. Se cubrirán 2.5 hectáreas con una membrana especial para evitar filtraciones al agua subterránea. La obra está pensada como una solución a largo plazo, de hasta un siglo.
En Grödinge, la reserva natural de Stora Träsket ha sido objeto de una tala sanitaria masiva para combatir una plaga forestal. Se han retirado cientos de metros cúbicos de madera con el objetivo de salvar el ecosistema.
Mientras tanto, el urbanismo avanza: el proyecto de nuevas viviendas en Tumba sigue en marcha, con decenas de apartamentos en construcción y planes de expansión hasta 2027.
Y ya está en marcha el proceso de revisión del Plan General Botkyrka 2050, un ejercicio de planificación donde los ciudadanos pueden opinar sobre el futuro del municipio.
En educación, el caso de la guardería Römossen refleja otro tipo de problema: el deterioro de infraestructuras públicas. Todo apunta a su demolición por daños estructurales graves.
Pero si algo caracteriza a este municipio es su vida social intensa, a veces contradictoria. Por un lado, la cultura florece: la escritora Nora Khalil ha sido premiada a nivel nacional; exposiciones artísticas como la del Centro Multicultural de Fittja dan voz a jóvenes creadores; eventos musicales y deportivos llenan los fines de semana.

Por otro lado, surgen tensiones: la polémica escultura “Fightback Snowman” en Slagsta ha generado rechazo; un joven artista enfrenta la deportación; vecinos denuncian inseguridad o falta de atención política.
En Alby, los jóvenes han hablado claro en el “Albydialog”: quieren más oportunidades, más seguridad, y sobre todo ser escuchados.
En la vida cotidiana, continúan los trabajos de mantenimiento: retirada de la gravilla invernal, obras en el puente “Spiralbron”, mejoras en infraestructuras.
Pero también hay advertencias: el municipio ha alertado sobre estafadores que se hacen pasar por empleados públicos para entrar en las viviendas.
Y como detalle interesante, se ha facilitado el pago de servicios municipales mediante autogiro, algo tan simple que en otros contextos sería revolucionario.
Todo esto convive en un mismo espacio: progreso, conflictos, cultura, burocracia… la vida real de una democracia local.
Si ahora ampliamos la mirada a Suecia, vemos un país en plena tensión política y social.
Se han cumplido 150 años del cargo de primer ministro, una efeméride que ha servido para reflexionar sobre la evolución del sistema político en un contexto de crecientes desafíos.
El escenario político está agitado. El Partido Liberal vive una crisis interna tras su acercamiento al partido identitario de los Demócratas de Suecia, lo que ha provocado divisiones y dimisiones.
Al mismo tiempo, otras fuerzas políticas intentan capitalizar ese descontento, mientras se intensifica la batalla narrativa sobre la economía, el aumento de precios y el coste de la vida.
El gobierno, por su parte, ha encargado estudios para analizar el impacto de la migración en el mercado laboral a largo plazo, señal de que el tema seguirá dominando la agenda política.
En seguridad, se preparan nuevas leyes contra el fraude telefónico, una amenaza creciente especialmente para personas mayores.
Pero también hay autocrítica institucional: el Defensor del Pueblo ha cuestionado prácticas policiales relacionadas con la detención de menores, lo que muestra que incluso en sistemas avanzados hay zonas grises.
En el plano internacional, Suecia refuerza su papel global: ayuda humanitaria a Gaza, alianzas tecnológicas con potencias como Estados Unidos, Japón o India.
Todo esto dibuja un país que no es estático, sino en constante revisión de sí mismo.
Queridos lectores, desde este rincón del norte europeo, mientras hablo en la radio sobre Cuba y camino por las calles de Botkyrka, no puedo evitar pensar en la distancia —y a la vez en la cercanía— entre estas dos realidades.
Aquí hay problemas, sí. Pero también hay mecanismos para enfrentarlos: justicia que actúa, ciudadanos que participan, instituciones que responden, prensa que informa.
Allá, en nuestra isla, todavía estamos luchando por construir esos cimientos.
Quizás esa sea la gran lección de esta semana: la democracia no elimina los conflictos, pero permite procesarlos y a veces hasta resolverlos.
Y eso, créanme, lo cambia todo.
Un abrazo fuerte desde el norte,
Carlos Manuel Estefania Aulet.















