Por Zoé Valdés/El Debate.
Qué ternuritas todos esos choteados de la izquierda que han ido a Cuba a burlarse de los cubanos hambreados de a pie. Empecemos por Pablo Iglesias, el comunista hijo del terrorista del FRAP (perdió un juicio por negar lo que era evidente frente a Cayetana Álvarez de Toledo), con mansión, tres hijos con una cajera que ha llegado a eurodiputada, pero de lo menos que habla es de Europa, ella es de los ‘FriPaletica’ y el mantelito alrededor del pescuezo; fue a visitar, desde luego, a Miguel Díaz-Contados, el títere de Raúl Castro. Bien, Pablo Iglesias hizo un vídeo desde un hotel de lujo en La Habana –el único sitio con electricidad en toda la isla, como se pudo comprobar–, luego visitó los monumentos que ya ningún cubano puede ver ni en pintura del asco que les provocan; según comentan en las redes sociales, también pudiera haber sido bien remunerado. Al menos sabemos por una llamada que se filtró que a un reconocido influencer le propusieron pagarle 10 mil dólares por viajar a Cuba esos tres días y filmarse hablando maravillas del infierno castrista.
Luego, están esas otras ternuritas, unas viejas todas con unas cabezas canosas, churrosas, grasientas, las charoslandesas de la hoz y el martillo como anticonceptivo; solo de verlas y oírlas podrán darse cuenta de lo felices que son bajo el emporio machista-leninista. Me recuerdan a aquella periodista francesa de Le Monde Diplomatique, Jeannette Habel, que solo había ‘confrontado’ dos orgasmos en su vida, en Cuba en los años sesenta con un comandante de la revolución; desde entonces se afilió a una de esas organizaciones internacionales del puño en alto y todo lo demás caído, lo que no la invalidó para hacer el periodismo más fraudulento y asqueroso que se puedan imaginar.
Había que ver cómo condujeron a esta panda de marrulleros ideológicos por toda La Habana en unos vehículos de turismo –¿no era que no hay gasolina ni para el turismo? Ellos tan satisfechos, con sus cantaletas y pataletas izmierdosas, en medio de un safari donde las pobres bestias caen muertas en las calles debido al hambre y la falta de agua. Así y todo, parecían tan felices en el parque temático del comunismo, que daban grima. Dos de ellos pintaron un mural en una de esas paredes habaneras de un derrumbe solariego que, si las soplas, se caen, y yo deseando que un balcón hiciera justicia, así, en ralentí, como en una película de Andreï Tarkovski.
Creo que Trump y Marco Rubio debieran de una vez ponerse las pilas y tirar con todo. Lo primero, ninguno de estos individuos debiera volver a Estados Unidos, y a los que no son norteamericanos se les debiera cancelar la entrada en ese país por siempre jamás. Ni Trump ni Marco Rubio están haciendo lo que deberían. Todas las personas que viajan a Cuba tienen que rendir cuentas conforme a las leyes vigentes: solo se permite la entrada a familiares y/o organizaciones con permisos de la OFAC. A su regreso, se enfrentarían a las multas actuales, que pueden alcanzar los 100.000 dólares; es muy fácil demostrar que ninguno de ellos cumple con los requisitos. Denúncienlos y exijan que rindan cuentas.
También, cómo no, otra ternurita que por cerebro debe tener un cacahuete achicharrado, se retrató frente a la Embajada norcoreana en La Habana; si con la pinta que lleva se aparece en Pionyang, primero Kim Jong-un le tira el corte de cabezaecazuela, obligatorio para todos los hombres, después nada más oírlo hablar, lo viste con el traje de palo y lo zumba p’al Reparto Bocarriba.
Por supuesto, no podían faltar los espectáculos seudoartísticos con los pioneritos de turno entonando canciones de Silvio AkaEme, el Necio Azul, y la recua de anormales creyéndose la espontaneidad del momento; aunque no demasiado, dado que todos serían muy bien pagados a la salida por el aeropuerto.
Mientras tanto, hubo un colapso eléctrico en todo el país, vamos, lo común. Claro, menos en el hotel donde pernoctaban estos mugrientos, quienes con lámparas encendidas como en Versalles, disfrutaron de un gran banquete con todos los manjares que a diario consumen los barrigones de la Nomenklatura. Bailotearon hasta la madrugada; es probable que algún acto de pedofilia habrán cometido a cambio de un bocado de comida para la/el abusado/o.
Tampoco faltó el discurso de Mariela Castro, que se desgañitó, puño en alto, con el aquello tan elocuente de: «¡Abajo el imperialismo!». Pero ¿cómo? ¿No aseguró días atrás Díaz-Contados que están sosteniendo conversaciones muy alegremente con los yanquis? ¿En qué quedamos, te peinas o te haces papelillos en los sobacos peludos?
Consejo a los cubanos, aunque ¿quién soy yo para aconsejar nada? Bueno, pues en verdad, sí lo soy, porque yo no me fui porque quise irme, a mí me echaron, y no me permitieron regresar nunca más a mi país; llevo 35 años en el exilio, ni siquiera me permiten entrar en el consulado cubano para rehacer mi pasaporte. Entonces, con todo mi derecho, me permito brindar el consejo siguiente: la próxima vez asalten el hotel masivamente. No toquen a nadie, solo arrebátenle lo que es de ustedes, las habitaciones, la comida, el agua, y todo lo que ellos disfrutan a costa de la libertad que a ustedes les han confiscado y por la que tantos inocentes han sido ejecutados…
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