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Suecia: una semana cambios y preguntas sobre el futuro

Por Carlos Manuel Estefanía.

Querido lector o lectora:

Como cada fin de semana me siento a escribirte desde este rincón del norte de Europa para compartir lo que ha ocurrido en Botkyrka y, por extensión, en Suecia. No lo hago como un cronista distante, sino como alguien que observa el país que lo acogió tratando de comprenderlo. Lo hago con la mirada de un cubano que viene de una realidad donde las instituciones no responden al ciudadano y donde la prensa rara vez puede contar lo que ocurre. Tal vez por eso observo con interés —pero también con cautela— la experiencia de una democracia que muchos idealizan desde lejos, pero que, como toda obra humana, también tiene sus tensiones, sus contradicciones y sus zonas grises.

La noticia más impactante de la semana ocurrió el pasado domingo 1 de marzo, cuando fue hallado el cuerpo sin vida de una persona en un lago de Tumba. La policía ha abierto una investigación por asesinato, pues no puede descartarse un crimen. Mi impresión personal —que no pasa de ser una hipótesis— es que quizá se trate de uno de esos imprudentes que, confiando demasiado en el hielo de los lagos cuando sube la temperatura, se aventuran a caminar sobre una superficie que ya no es segura. Según ha trascendido, la persona estaba reportada como desaparecida y tenía ciudadanía extranjera. Sea cual sea la causa final, el caso ha reactivado el debate sobre la seguridad en el municipio. Solo esta semana se registraron 293 denuncias por delitos en Botkyrka, predominando el vandalismo y los delitos relacionados con drogas.

En los tribunales también hubo un caso estremecedor. En Hallunda/Norsborg, un padre fue condenado a ocho meses de prisión por agredir a su hija adolescente. El tribunal concluyó que el ataque estuvo motivado por lo que aquí se clasifica como “opresión por motivos de honor”. La joven había publicado videos en TikTok, algo que sus padres le habían prohibido para evitar que conociera a chicos.

En Suecia este tipo de situaciones se interpretan casi exclusivamente como una forma de control familiar incompatible con la libertad individual. Pero también conviene recordar que en muchas culturas los padres creen sinceramente que están protegiendo a sus hijos —sobre todo cuando aún son menores— de lo que consideran riesgos morales o sociales. Otra cosa muy distinta es que esa preocupación termine en violencia, algo que la ley sueca no tolera bajo ningún concepto. Aquí la libertad individual se considera un principio central del orden social, incluso para los adolescentes. Son las reglas del país. Y en una sociedad democrática, las reglas —gusten o no— son las que establece la ley. Quien decide vivir aquí debe entenderlas y respetarlas. Quienes no puedan aceptarlas quizá harían mejor en replantearse su permanencia antes de terminar ante un tribunal por algo que en sus países de origen puede considerarse normal.

Pero no todo han sido sombras. En el ámbito municipal también se anunciaron inversiones importantes. La empresa pública Botkyrkabyggen destinará este año una cifra récord: mil millones de coronas para renovar viviendas. Se trata de una de las mayores inversiones de su historia, enfocada en fachadas, tuberías y eficiencia energética de unas 10.800 viviendas. Paralelamente, el ayuntamiento estudia reabrir la planta de agua de Tullinge, cerrada hace quince años por contaminación. La esperanza es que la tecnología actual permita eliminar compuestos químicos persistentes, como los PFAS, y fortalecer el suministro local.

En el plano social también se dieron pasos positivos. El 6 de marzo se inauguró en Rödstu hage un nuevo punto de encuentro para personas con discapacidades, concebido como espacio de convivencia y actividades. Al mismo tiempo, el municipio ha anunciado que acelerará el uso de inteligencia artificial en la administración pública con la promesa de mejorar los servicios.

Mientras tanto, en el debate político local, el partido Liberal ha propuesto crear espacios seguros para jóvenes HBTQI y establecer equipos móviles especializados en combatir la opresión por motivos de honor. Es una muestra de cómo la política municipal sueca, incluso en asuntos locales, intenta responder a cambios sociales complejos.

El transporte, en cambio, ha generado frustración. Existía gran expectativa por el regreso de las líneas de autobús directo 743 y 745 el pasado 1 de marzo, pero su puesta en marcha se ha retrasado por falta de vehículos. Muchos viajeros siguen sin saber cuándo volverán esas conexiones. Para colmo, un informe reciente revela que la satisfacción con el servicio de autobuses en la zona ha caído a mínimos históricos.

Si ampliamos la mirada al conjunto del país, la semana estuvo marcada por movimientos políticos importantes. El gobierno y sus aliados acordaron pausar las deportaciones de adolescentes que, tras años viviendo en Suecia, enfrentaban la expulsión al cumplir los 18 años debido a vacíos legales. Se estudia ahora una especie de “válvula de seguridad” para proteger a quienes tienen un arraigo real en el país.

Pero al mismo tiempo, el acceso a la ciudadanía sueca será más exigente. Se plantean más años de residencia y pruebas de idioma más estrictas. El Consejo de Legislación examina la reforma con cautela. En el fondo, se trata de una tensión clásica en las democracias modernas: cómo equilibrar la apertura con la preservación de un modelo social que exige cierto grado de cohesión.

Hoy, 8 de marzo, el país vive también las manifestaciones del Día Internacional de la Mujer. En muchas ciudades se protesta contra la violencia de género. Durante años Suecia cultivó la imagen de una sociedad ejemplar en materia de igualdad, y en gran medida lo sigue siendo. Pero cuando uno observa con detenimiento descubre que incluso aquí persisten problemas menos visibles.

Por ejemplo, la brecha educativa comienza a preocupar a los expertos. Los chicos se están quedando atrás: las mujeres obtienen mejores calificaciones y son mayoría en la universidad. Muchos jóvenes abandonan los estudios antes de tiempo, y en una economía tan tecnológica como la sueca eso puede convertirse en una condena laboral.

También hay señales preocupantes en la salud mental. Aunque las mujeres hablan más abiertamente de ansiedad o depresión, los hombres siguen encabezando las estadísticas de suicidio. Existe todavía una cultura masculina del silencio que dificulta pedir ayuda. A esto se suma que los trabajos más peligrosos —construcción, minería o transporte pesado— siguen ocupados mayoritariamente por hombres, lo que explica por qué la mayoría de los accidentes laborales graves recaen sobre ellos.

Otro fenómeno del que se habla poco es la soledad masculina tras las rupturas de pareja. Suecia es pionera en permisos de paternidad y corresponsabilidad familiar, pero cuando las relaciones se rompen muchos hombres quedan con redes de apoyo más débiles y, en ocasiones, con mayores dificultades para mantener el contacto cotidiano con sus hijos.

En el sistema educativo nacional también se prepara un cambio histórico. El gobierno invertirá alrededor de cien millones de dólares para reducir la digitalización en las aulas. Tras años apostando por tabletas y pantallas, las autoridades reconocen que la comprensión lectora ha caído y que existe el riesgo de formar una generación de “analfabetos funcionales”. La nueva estrategia apuesta por volver al papel y al lápiz, además de prohibir los teléfonos móviles en clase. La crisis del modelo ha sido tan evidente que incluso el director de la Agencia Nacional de Educación presentó su renuncia.

En el plano internacional, la seguridad nacional también genera inquietud. Los servicios de inteligencia advierten que la situación en el mar Báltico ha entrado en una fase más peligrosa, marcada por la actividad rusa y por interferencias en los sistemas GPS. Hace apenas unos días la Guardia Costera abordó el carguero Caffa, sospechoso de formar parte de la llamada “flota fantasma” utilizada para evadir sanciones.

En ese contexto, Suecia ha confirmado que participará en conversaciones sobre el escudo nuclear francés como parte del refuerzo de la disuasión europea.

Las crisis internacionales también tuvieron consecuencias para ciudadanos suecos en el extranjero. Miles quedaron varados en el Golfo Pérsico tras el cierre de espacios aéreos provocado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán. Hoy han comenzado a aterrizar en Arlanda los primeros vuelos de evacuación.

En el plano económico, el Riksbank ha hecho una recomendación curiosa para un país casi totalmente digitalizado: mantener al menos mil coronas en efectivo por persona y disponer de tarjetas de distintos bancos por si fallan los sistemas electrónicos en una situación de crisis.

Mientras tanto, las previsiones apuntan a que la inflación podría bajar al 1,1%. El gobierno prepara además una reducción del IVA en alimentos y un “cheque de comida” que llegará a unos dos millones de hogares.

Entre tantas preocupaciones, también hubo espacio para el espectáculo. Ayer se celebró la final del Melodifestivalen en el Strawberry Arena, un evento que cada año paraliza al país. Aunque muchos apostaban por la victoria de Felicia con la canción My System, la gala estuvo marcada por la nostalgia con la reaparición del grupo A*Teens.

Pero la vida cotidiana sigue mostrando contrastes. El agua de varios municipios, entre ellos Botkyrka, permanece bajo vigilancia por contaminantes PFAS. Familias de pacientes con ELA luchan para que el sistema público financie el medicamento Tofersen, cuyo precio es altísimo. Y entre las curiosidades de la semana: en Solna se han impuesto multas a personas que fotografían el edificio de la inteligencia sueca cuando aparece de fondo en sus imágenes, mientras que el centro cultural de Haninge tuvo que cerrar temporalmente por una plaga de chinches.

Como ves, la vida aquí es una mezcla constante de estabilidad y desafíos. Suecia sigue siendo una democracia sólida, con instituciones que funcionan y ciudadanos que pueden exigir cuentas. Pero también enfrenta problemas reales, contradicciones y errores.

Para quienes venimos de países donde la libertad política es todavía una tarea pendiente —como mi Cuba natal— observar esta experiencia resulta siempre instructivo. No para idealizarla, sino para entender cómo funcionan las sociedades abiertas: con debate, con rectificaciones y, sobre todo, con ciudadanos que no renuncian a vigilar a sus propios gobernantes.

Desde Estocolmo seguiré contándote, semana tras semana, cómo late la vida en Botkyrka y en esta Suecia que intento comprender sin dejar de mirarla con ojos críticos.

Un abrazo fuerte,

Carlos Manuel Estefanía.
Exiliado cubano comprometido con la democratización de su patria.

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