Por Jorge Vélez, Antropólogo y escritor colombiano.
“La vida es un regalo que debe devolverse
y de su posesión debe desprenderse la alegría”.
Libro de las Penas Infinitas
Impacto cultural y educativo
Como norteamericano hijo de inmigrantes irlandeses, sé lo que significa crecer entre dos culturas: la propia y la de los antepasados. La experiencia no solo viene cargada de conflictos, dolor y luchas, sino de retos, conocimiento, alegrías y satisfacciones. Cuando leí Akum, la magia de los sueños, tuve la sensación de estar revisitando mi juventud. A través de su protagonista, reviví mis propios sueños y fantasías. Tuve la oportunidad de escapar una vez más, a aquel lugar secreto de la mente, en donde enfrentaba los temores y ansiedades a medida que superaba una nueva etapa de la vida. Además de la completa identificación con todos y cada uno de sus personajes, me tope con figuras características y bastante familiares de mi cultura irlandesa: los duendes y los gnomos, que en Akum aparecen como arquetipos universales y no como elementos particulares de un folclor nacional determinado.
Dientelargo y Chichigua, los duendecillos que aparecen en esta historia, son seres errantes que viajan por los pasadizos secretos del mundo, visitando niños personas de bien, para inspirarlos y no para secuestrarlos como enseña la tradición. La revelación más preciosa de esta novela juvenil, es una que debería servir de lema al crisol que es América: entre más diferentes somos, más nos parecemos.
Estoy seguro de que a medida que el lector, joven o adulto, se interne en el mundo maravilloso de este libro, tendrá la oportunidad como la tuve yo, no solo de revivir dichas, penas y alegrías, sino de acercarse a conocer por dentro una cultura que de tantas formas ha contribuido al mundo.
Con Akum, la magia de los sueños, Gloria Chávez Vásquez nos ha devuelto cien veces el regalo de la vida y en su narrativa se refleja el placer de hacerlo.
Michael J. Crowley, activista cívico estadounidense
New York
Dinámica y fuerza literaria
Hay en la concepción general de Akum, la Magia de los Sueños, una visión fundamental, coherente, de esas atmósferas sumergidas, oníricas, a las que los niños brindan espontánea adhesión, porque dentro de ellas logran un paulatino ajuste a los difusos perfiles del mundo aparencial.
En ese clímax de descubrimientos y de hondos subjetivismos se define la singularidad de la existencia de Maribel, la protagonista, primero como aventura-juego, después como experiencia, cuyos sedimentos forjan al ser y, finalmente, como conocimiento, ese proceso dramático de incertidumbre que sitúa al ser humano en una relatividad social, cultural e histórica.
Ese tratamiento de tema y personajes, está siempre precedido por la impronta vital de la niñez, entretejida de sueños, terrores y deslumbramientos, expresión de un entorno sociocultural, rico en contrastes, contradictorio y apasionado. Y todo ello a causa de los poderes propios de los niños, que los hace partícipes de las invenciones de la naturaleza, que les entrega algo en sus signos misteriosos, sus claves aún no profanadas y su metamorfosis.
Rigor y vuelo creador permiten al lector acceder a esa dimensión propia de la niñez, aquel umbral de lo maravilloso que representa los pasos iniciáticos, es decir, el tránsito de los esplendores míticos, lo que empieza a ser nombrado, asumido en la medida que va siendo descifrado e incorporado entre un si es o no es consciente al ámbito del yo ávido: el centro de las altas alquimias, haciéndose fruto de la individualidad y el ser social.
He aquí a grandes rasgos un poco de la temperatura de alto rasgo imaginativo, respaldado sin duda, por una sólida formación intelectual, pero, ante todo, por una gran autenticidad: es lo que revela este vivo y vigoroso relato de Gloria Chávez Vásquez.

Es sabido que el tratamiento literario de los materiales que configuran el variado y fascinante universo de los niños entraña dificultades de orden técnico de muy ardua superación; pero nuestra autora los resuelve con singular destreza en el manejo del idioma, y una audacia inventiva que termina por recrear la atmósfera con un contenido geográfico, humano, cultural e histórico donde se funden en un todo orgánico los recuerdos de la niñez, los sueños, las leyendas, las supersticiones, con un cortejo de duendes y apariciones, vale decir, una visión de hondo contenido telúrico, con un fondo folk, donde el juego se mezcla con el drama, el sarcasmo con el humor, la realidad con el sueño, y en donde persiste un anhelo de justicia y un atormentado esfuerzo por definir la identidad de un mundo. Una exquisita síntesis del signo antropológico, elevado a una gran dignidad estética.
Maribel, es el personaje en el cual la autora condensa con extraordinaria sagacidad literaria los elementos de la infancia. La autora logra en el manejo de un tono límpido, cálido y sugestivo, transportar al lector al reino de lo real maravilloso, en medio de un ambiente hogareño, y en cuyos objetos se encuentran atrapados los recuerdos de generaciones pasadas. Dichas manifestaciones tratan de condicionar los patrones de comportamiento de las generaciones más jóvenes, todas ellas confundidas con sus respectivas generaciones de duendes, gnomos, legendarias criaturas que en la infancia de la humanidad representan el espíritu de las fuerzas naturales.
En uno de los momentos de desazón, la joven heroína, contrariada, más por los oleajes de su imaginación que por lo que ella llama la incomprensión de los adultos, inicia contacto con esos íntimos secretos de la naturaleza a través de la lectura de un libro de cuentos. Y se inicia la aventura: la realidad revierte en una suerte de magia y se establece el diálogo de la niña con lo inefable.

En el curso de la narración la escritora logra crear un clima diáfano donde todo es natural, pleno: el mundo de los sueños, los personajes reales e imaginados se confunden sin artificio porque en el fondo, la niña Maribel ha empezado a comprender que el sentido profundo de la vida reside en la capacidad del ser humano de integrarse en la contradictoria unidad y diversidad de la naturaleza.
Finalmente, destacaremos tres aspectos que definen las calidades de escritora de Gloria Chávez Vásquez: Primero, el equilibrio de su lenguaje, el cual establece por virtud de un movimiento verbal transparente y rico en hallazgos poéticos. Su visión de vehículo comunicante y de instrumento de una individualidad expresiva, porque la palabra ejerce su misión reveladora de esencias subyacentes en el envés de la realidad y las interacciones entre cultura, medio ambiente y dinámica social.

Segundo, la concepción orgánica bien articulada del relato en el cual el universo infantil es recreado. La escritora no omite ninguno de los rasgos esenciales de lo particular que se realiza en lo universal: los sentimientos filiales, los dones vernáculos, el encuentro con la solidaridad y el compañerismo, el amor y la procreación. Todo ello entretejido de peripecias en el curso de las cuales la imaginación se abre al vertiginoso movimiento de una realidad, que, por propia, tiene el poder genésico de modelar el comportamiento, a la par que es transmisor de la carga vital sustentada en la visión mágica y el esplendor lúdico.
Y tercero, la perfecta urdimbre que constituye la animada galería de personajes, reales e imaginarios, surgidos del recuerdo ancestral y personal, y que se integran en un todo orgánico. El mundo infantil, el círculo de abuelos, padres, primos, tíos, hermanos, naturaleza y flores, plantas, frutos, animales, agua, minerales se concentran en el espacio y en el tiempo, en un ámbito altamente humanizado que la autora plasma magistralmente con su limpio manejo de la técnica literaria. Las herramientas del oficio son utilizadas en AKUM sin artificios retóricos. El resultado es un limpio y magnifico diseño, en claro-oscuro, del paisaje eterno del alma de los niños.
Jorge Vélez, Antropólogo y escritor colombiano.
Bogotá















