Cultura/Educación

Zoé Valdés: Parisina en La Habana y habanera en París

Por Gloria Chávez Vásquez.

Para Ernest Hemingway, París en los 1920’s fue una fiesta (A movable feast). Para Zoé Valdés, la década de los 80’s en la capital francesa fue una rumba cuyo efecto la liberó de cadenas y ataduras. Exiliarse fue morir para renacer y de allí, evolucionar, al absorber una cultura más avanzada porque lo que en otros lugares se celebra a gritos, en París se celebra con suspiros refinados.

Esta es la historia de una chica habanera que renació y se reinventó en París.

Escrita primero en francés y luego en español, Paris era una Rumba es un memoir de anécdotas, crónicas y reflexiones inspirados en sus recuerdos y experiencias en la ciudad de las luces. 84 capítulos contenidos en 177 páginas con la esencia filosófica característica de la autora, y publicada por La Part Commune en Francia (2023) y Editorial Berenice en España (2025).

 

 

Zoé, de 23 años, llega a París por primera vez en 1983 junto a su primer esposo, asignado por castigo del régimen cubano a la misión de Cuba en la Unesco. Restringida y mal pagada, Zoé se dedica a explorar y a estudiar in situ la cultura de la metrópolis contrastándola con las versiones de los libros que había leído en su nativa Cuba. A su regreso a La Habana, ya no será la misma. Hostigada por la censura y la miseria que se vive en la isla, decide exiliarse (1995).  

La vida de la escritora en París contribuye de inmediato a liberar su escritura, del estilo hermético, preñado de simbolismos, a uno más sensual y humano. Pero en ella persiste su sentido del humor, cáustico, irreverente, subversivo. Es una alquimia con la que fascinó a una audiencia internacional con La Nada Cotidiana, en 43 idiomas.    

En la obra de Zoe Valdés hay varios libros con carácter autobiográfico (Sangre Azul, La Intensa Vida, En la Habana nunca hace frío) en la que ella es personaje y protagonista. Su filosofía es artífice de su poesía, música, cuento, novela y ensayo. La narrativa de Valdés es única y la vive en carne propia.

Amó a Notre Dame antes y después de leer a Víctor Hugo. Disfrutó como una niña de los estrechos elevadores de los edificios Art Nouveau o Art Deco, las puertas batientes de maderas preciosas repujadas. En el teatro de l’Odéon conoció a Milán Kundera durante un evento en el que ella leyó los poemas de Rene Char: Mantenerse honestos, a pesar de las burlas, es vivir en lo más profundo de la libertad.

En París era una rumba, Madame Valdés reflexiona sobre su trayectoria, su manera de plantearse la escritura, su literatura.Y para ello examina la relación de artistas y escritores con el París en que vivieron: Samuel Beckett, Julio Cortázar, Alberto Moravia, Emil M. Cioran, Dora Maar y otros. Una época en la urbe eterna, marcada por su genio literario.

La escritora se mimetiza en una capital que le enseña a vivir en libertad y al mismo tiempo vencer las divinas tentaciones, porque en París se mide paso a paso el espesor de los deseos y se aprende a equilibrar los gustos. Da rienda suelta a su relación apasionada con la música, el cine, los museos, el arte, los teatros, los parques y a sus diálogos reales con Beckett e imaginarios Cioran a través de sus lecturas en el Jardín de Luxemburgo; a los que encontró realmente.

 


El bien extraordinario

Escritores como José Martí y Oscar Wilde, encontraron la libertad en París. Esa libertad que el cantante y actor Yves Montand calificó de “bien extraordinario”. En el caso de Valdés, que ahora lee en el idioma de Dumas y Balzac, ese bien extraordinario es el derecho a escribir en la lengua que la acogió y le dio amparo. El francés le dio el rigor del conocimiento, la exigencia de la conversación, la certeza de que con la improvisación exclusivamente no se llega a entendimientos verdaderos, aunque la improvisación sea prueba de un gran gesto de inteligencia y valiosa generosidad

La Plaza de Furstenberg, el sitio más íntimo de París y su refugio favorito, le da la invisibilidad que ella necesita y un bienestar comparable al vientre materno. Como si nacieras cada día para sentir que vives en París. En museos y lecturas se inspira en artistas como Paul Gauguin para novelar el final de sus días en La casa del placer y en la fotógrafa Dora Maar, musa y amante de Picasso, para escribir sobre la convulsa relación de ambos en La mujer que llora.

 

 

En las bibliotecas de París (Saint Paul, la del Arsenal, la Mitterrand etc.) la escritora percibe un céfiro sagrado de templo: disciplina, espiritualidad, recogimiento. En esta última Valdés estudia las Rimes Byzantines de Auguste de Armas, poeta cubano que vivió y escrib en francés. En la biblioteca vive emociones súbitas como la de presenciar a Vargas Llosa embebido en sus lecturas de investigación para una de sus novelas.

Como todo amante de los libros, Zoé Valdés lamenta la desaparición gradual de las librerías: Cada vez quedan menos librerías y menos libreros definidos por ella como médicos del alma”, en su novela Café Nostalgia. Se refiere a aquellos libreros que cuando pedías un título te daban la situación del libro en tal estante, arriba, a la derecha. Ahora ni siquiera conocen al autor, pides que le deletrees repetidamente el nombre, no encuentran el libro y ni se mueven para buscarlo, pues lo debes encargar en la internet.


Cubanos en París

Antes de Zoé, muchos cubanos notables han hecho de París su segundo hogar y así lo resalta en su libro: Ana de Quesada y Loynaz, esposa y madre de los Céspedes, próceres de la Independencia de Cuba, preparó a su hijo José Manuel Jr. para continuar la lucha del padre, vendiendo dulce de coquito rayado en las calles de París (1910). Alicia Parlá, la reina de la rumba en Europa (1931-1934), se codeó con artistas y escritores y enseñó la rumba a Josephine Baker en la ciudad donde la belleza y el arte tenían la última palabra. José María de Heredia, poeta parnasiano cubano y padre de Marie de Reigner, musa, poetisa y novelista de la Belle Époque, escribió en francés y fue miembro de la Academia Francesa.

En su segunda etapa de vida, ZVM ha enriquecido con su obra y activismo en favor de la libertad y los derechos humanos, al mundo de las letras y la política en Europa y América, incluyendo Estados Unidos. Nacionalizada e investida con títulos y honores académicos tanto en Francia como en España, su país adoptivo le ha dado a cambio calma, tranquilidad, paciencia y armonía.

 


La intelectual s
e escandaliza cuando lee en el ABC que una universidad holandesa ha cancelado la representación de Esperando a Godot de Samuel Becket porque la obra teatral solo contiene personajes masculinos. Por ese motivo y a partir de entonces, Zoé Valdés manifiesta que, si algún día alguien desea representar mis obras, que se respeten sus elecciones de género y que los personajes femeninos sean interpretados por mujeres y los masculinos por hombres, porque así los concebí en mi imaginación. Y añade: No existe mayor atentado contra la obra de un escritor que cuando se desfiguran sus propósitos y se ataca en pleno corazón la esencia de su imaginario.

El escritor parisino, Bernard Minoret le dijo una vez que la mayor riqueza de los franceses era la conversación, pero fue el novelista Jean D’Omersson quien le dio la más valiosa clase de conversación en una de las aulas de la Escuela de Medicina de París durante una firma de libros. D’Omersson fue el mismo que promovió el nombramiento de Marguerite Yourcenar en la Académie Francaise. y luego pronunció el discurso de bienvenida.

Zoé Valdés se describe muy parisina en La Habana, y muy Habanera en París reiterando que venera a La Habana desde la distancia, no porque no quiera regresar, sino porque mi pensamiento y mi libertad creadora impiden que las autoridades de mi país permitan mi retorno a la tierra que me vio nacer. Y, sin embargo, sigo aquí, con vida, todavía en París, por ‘azar ocurrente’, más que ‘concurrente’ que diría el gran poeta y novelista José Lezama Lima. Si el español es mi patria, el francés es mi país de adopción”.

Gloria Chávez Vásquez escritora, periodista y educadora reside en Estados Unidos.

 

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