Por Zoé Valdés/El Debate.
No todo van a ser lágrimas y miseria; todavía nos queda verdad, arte, y belleza. La cantante cubana Lucrecia llevó su voz cálida y su carisma a la sala de conciertos de la WDR Big Band en Colonia, en una velada que conjuga homenaje y celebración tras tres décadas sobre los escenarios. El concierto, íntimo y a la vez potente, mostró la versatilidad de una artista que ha sabido unir raíces hispanoafrocubanas, bolero, jazz y música popular contemporánea.
El programa incluyó clásicos del repertorio cubano –boleros, sones y piezas de inspiración hispanoafrocubana– reinterpretados con arreglos orquestales que realzaron su lirismo. La WDR Big Band aportó texturas de big band moderna: metales precisos, secciones rítmicas dinámicas y pasajes de solo que dialogaron constantemente con la voz de Lucrecia. Hubo momentos de sutileza, como versiones en tempo lento que subrayaron la expresividad vocal, y momentos de pleno despliegue rítmico donde la banda y la cantante se entregaron al swing y al sabor caribeño de la guaracha y el filing jazz.
Bajo la dirección musical del gran Vince Mendoza, la propia WDR Big Band, la puesta en escena fue sobria y elegante: iluminación cálida, disposición clara de la orquesta y una dirección que permitió tanto arreglos complejos como espacios para la improvisación. La articulación entre la solista y la orquesta mostró una complicidad construida a partir del respeto por la tradición cubana y la libertad del jazz contemporáneo.
El concierto funcionó también como un repaso artístico: temas que remiten a los inicios de Lucrecia se alternaron con composiciones más recientes, evidenciando su crecimiento como intérprete y su capacidad para renovar su lenguaje sin perder la autenticidad. Se percibió una artista segura que, después de treinta años de carrera, domina tanto el fraseo íntimo como la teatralidad pop, más propia.
El público en Colonia respondió con entusiasmo, ovaciones prolongadas y un acercamiento cálido al final del espectáculo. La colaboración con la WDR Big Band no fue solamente un encuentro entre voz y orquesta, sino una reafirmación de la vigencia de la música latina en escenarios europeos y de la trayectoria de una artista que sigue buscando puentes entre géneros y audiencias.
La noche en Colonia fue, en suma, una fiesta sonora y un testimonio del oficio: treinta años de carrera condensados en interpretaciones que siguen sonando frescas y relevantes. Lucrecia y la WDR Big Band ofrecieron una muestra de cómo la tradición y la modernidad pueden dialogar con elegancia, proponiendo un repertorio que resonó tanto en oídos conocedores como en quienes descubrían la cantante por primera vez.
Lucrecia fue voz principal y foco escénico, muy a tono con Vince Mendoza, y casi también directora musical informal en escena, guiaba el fraseo, la dramaturgia vocal y la conexión con la WDR Big Band. Sus selecciones y estilo vocal marcaron el hilo emotivo del programa (bolero, son, arreglos latinos-jazz)…
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