Por Rodrigo Carrizo Couto/Fanfan.
El libro “El cartel protesta: el arte cubano de la revolución de la era digital” propone una exploración en profundidad de un aspecto poco conocido de la creación cubana actual. La obra, escrita por dos especialistas cubanos, se publica en España.
La obra es un primer acercamiento a un movimiento artístico que se ha desarrollado notablemente desde finales de la década de 2010. El cartel protesta surgió como resultado de la ausencia de un espacio público. El artista Luis Trápaga y el crítico de arte Ernesto Menéndez-Conde, radicado en Nueva York, pensaron en la idea hacer un libro sobre esta gráfica contestataria, muchas veces realizada desde Cuba, que se estaba publicando solo en las redes sociales y sigue estando censurada en el país.
El cartel protesta reúne más de trescientas obras, realizadas por unos treinta artistas. Las imágenes expresan el creciente descontento hacia un gobierno que ha permanecido en el poder durante más de seis décadas, renuente a emprender cambios. El libro es una réplica contra la proyección internacional de una eficiente propaganda política, implementada por un régimen que sigue autodenominándose ‘revolucionario’ y proclamándose como heraldo de las causas sociales más humanitarias y progresistas del planeta. También es una reacción frente al adoctrinamiento al que ha sido sometido el pueblo cubano durante más de medio siglo.
Entrevista exclusiva con el profesor universitario y crítico de arte Ernesto Menéndez-Conde, co autor del libro.
P: ¿Cómo nace este libro?
R: Mi amigo, el artista Luis Trápaga decidió hacer una galería en su propio apartamento. No fue autorizada por el gobierno. La Seguridad del Estado impidió que se hicieran actividades allí. En el 2017, durante la última visita que hice a Cuba, me invitó a un monólogo que iba hacer un actor. Los servicios de inteligencia no me permitieron entrar y aquello terminó en una redada policial. Luis me habló de la gráfica contestataria que no conseguía exponer y se nos ocurrió que podríamos hacer un libro. Comenzamos a trabajar en el 2021. Por esas fechas, se había lanzado la canción “Patria y Vida”, que tuvo un impacto enorme en la sociedad y habían aumentado las protestas en las calles, mientras algunos artistas, como los miembros del Movimiento San Isidro, desafiaban al régimen con formas de “artivismo”. Nosotros conocíamos a algunos de los artistas que incursionaban en esta gráfica contestataria, pero tan pronto empezamos a indagar en el internet, empezamos a descubrir que se trataba de un movimiento muy vital, que se estaba gestando tanto dentro como fuera de Cuba. Las protestas del 11 de julio nos sorprendieron cuando estábamos trabajando en el libro y, entre otras cosas, incidieron en la aparición de numerosos carteles que celebraban las revueltas que sacudieron el país. Nuestra idea fue hacer un trabajo curatorial, poniendo estas obras juntas y explicadas en un contexto. Quisiera destacar que muchos de los artistas vivían en Cuba cuando hacíamos el libro, pero no pocos de ellos salieron del país.
P: ¿Esos carteles dónde se pueden ver? ¿No son de dominio público?
R: Usted no verá estos materiales en las calles de Cuba ni en las galerías de arte del país, donde provocarían la reacción inmediata de las fuerzas de seguridad. Todo está visible en Internet. Dentro de Cuba, estos carteles circulan de manera clandestina. De alguna manera, es el “Salón de los Rechazados” en versión digital 2026. (risas)
P: ¿Los cubanos tienen acceso libre a Internet?
R: Sí. Pero es lento, caro y con censura. De hecho, los cubanos que han emigrado son mayormente quienes financian el acceso a internet dentro de Cuba, porque los abonos para acceder a la red son muy caros. Los costos mensuales fácilmente pudieran superar el salario de un profesor universitario. Y los contenidos no son siempre accesibles, sobre todo los sitios dedicados a hacer críticas al gobierno cubano suelen estar censurados. Al igual que ocurrió en Irán, cuando hay protestas callejeras el Gobierno corta el acceso a Internet. Desde el poder no se tolera la más mínima crítica al sistema. La impopularidad del régimen es abrumadora. El gobierno demanda muchos sacrificios a la población, mientras los altos funcionarios y militares llevan una vida muy holgada. Sus parientes también se permiten lujos y despilfarros que resultan escandalosos en el contexto cubano. De hecho, no creo que exista un solo funcionario del régimen que no sea corrupto.
P: ¿A qué público se dirige su obra? ¿Académico, o más bien para todos los públicos?
R: Mi primera intención fue hacer un texto más bien académico. Pero quise también que fuera fácil de leer y accesible para todo el mundo. Creo haberlo conseguido…
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