Relato Mundial

Suecia: lecciones de una democracia que no camina sobre hielo firme

Por Carlos M. Estefanía.

Estocolmo, 1 de febrero de 2026

Queridos lectores:

Espero que, al leer esta carta, se encuentren bien. Les escribo desde una Suecia que parece congelada, no solo por la ola de frío que ha empujado los termómetros de algunas zonas hasta los veinte grados bajo cero, sino también por la densidad de los acontecimientos que han sacudido al país en los últimos días.

Si estuvieran aquí, aunque no soy muy afín a patines o esquís, les recomendaría ir a esquiar a alguna de las muchas alturas habilitadas para ese deporte, o quizás patinar en alguna de las pistas de hielo natural que se han habilitado en plazas y parques. No los exhortaría, sin embargo, a que hicieran lo mismo en los innumerables ríos, afluentes y lagos que caracterizan la geografía de este país, sobre todo en la zona oriental donde habito. Nunca me he fiado de ellos. Desde mi balcón, contemplo con una mezcla de fascinación y pavor la inmensa estepa blanca que cubre el lago de Alby, donde patinadores se mueven como si disfrutaran atravesarlo en invierno. Confieso que jamás he tenido la menor intención de pisar su superficie central; cuando mucho, y creyéndome todo un valiente, he avanzado, imitando el andar de Cristo sobre las aguas, solo unos metros desde la orilla, por si acaso. Otros, más temerarios, como esos que allá veo, se dan el gusto de cruzarlo de lado a lado, asumiendo un riesgo que toman bajo su propia responsabilidad. Lo que no debería ocurrir es arrastrar a un perro a esa aventura, como vi ayer desde mi ventana: si el hielo se quiebra, no habrá héroes ni socorristas que lleguen a tiempo para salvar a la persona ni al animal.

Mientras observo e intento fotografiar a esas figuras lejanas —pequeños puntos oscuros, como excreciones de moscas sobre una postal invernal (perdónenme la imagen)— no puedo dejar de pensar en lo traicionera que puede ser la belleza del invierno sueco. Porque detrás de esa apariencia de cristal infinito se esconden cifras poco poéticas: cada año, entre diez y quince personas mueren al intentar cruzar lagos congelados. Casi el noventa por ciento son hombres adultos, a menudo confiados por la rutina del patinaje o la pesca. Aquí, la seguridad no es un juego: nadie debería aventurarse sin los isdubbar colgados al cuello, esos picos metálicos que pueden marcar la diferencia entre volver a casa o convertirse en estadística. En este paisaje blanco y silencioso, la frontera entre una tarde idílica y una tragedia nacional se mide en apenas unos centímetros de hielo.

Pero vayamos al grano: a lo ocurrido en mi municipio y, luego, en Suecia entera. Porque Botkyrka —como bien saben— nunca está quieta, y menos el país que la contiene, no importa la apasible apariencia que exporta como imagen hacia afuera.

En el plano social y de infraestructura, la empresa municipal Botkyrkabyggen, la propietaria municipal de la mayoría de sus apartamentos de alquiler, ha anunciado una inversión histórica: mil millones de coronas suecas para 2026. El objetivo es renovar unas once mil viviendas, sustituyendo tuberías, fachadas y ventanas, además de mejorar de forma sustancial la eficiencia energética. Es una apuesta por la sostenibilidad que no se queda en consignas, sino que se traduce en hormigón, aislamiento y calefacción más justa; lo que falta les haría a nuestras viejas casitas cubanas fabricadas en el pasado siglo por las microbrigadas.

La administración municipal, por su parte, atraviesa cambios relevantes. Se ha decidido someter a licitación pública la gestión de todos los centros y clubes juveniles esta primavera, para que nuevos operadores asuman la responsabilidad a partir del 1 de enero de 2027. Al mismo tiempo, la junta social ha aprobado un presupuesto de 751,4 millones de coronas para 2026, con especial énfasis en la prevención temprana y el combate contra el crimen organizado. Incluso la Inteligencia Artificial empieza a abrirse paso en la gestión municipal, con la promesa —todavía vigilada— de optimizar procesos sin vulnerar la legalidad ni la ética.

La seguridad sigue siendo una herida sensible. Las comunidades de Rönninge y Salem no han superado el impacto del asesinato de una joven, ocurrido en diciembre. Como respuesta, se instalarán cinco cámaras de vigilancia en puntos estratégicos de la estación de Rönninge, activas principalmente entre las diez de la noche y las cinco de la mañana. Mientras tanto, el proceso judicial contra la sospechosa, Vilma Andersson, continúa, y la fiscalía asegura haber reforzado su caso.

En materia de sostenibilidad, Botkyrka puede sentirse orgullosa: ha sido nombrada la segunda mejor municipalidad de Suecia en 2025, especialmente por integrar los derechos de los niños en sus decisiones políticas. No obstante, persiste una mancha oscura en Kagghamra, donde se acumulan 58.000 toneladas de residuos tras años de actividad criminal. Los líderes locales exigen ahora que el Estado asuma los 300 millones de coronas necesarios para limpiar lo que el abandono permitió.

La vida cotidiana, pese a todo, sigue latiendo. Se inaugura la nueva pista de nieve artificial de 2,3 kilómetros en Lida Friluftsgård, que ya se prepara para los Juegos de Invierno de Botkyrka, que serán el 23 de febrero. El primer ministro Ulf Kristersson incluso se dejó ver por la zona recientemente. En Botkyrkarhallen (salón polideportivo bajo techo), el balonmano anima las mañanas de los sábados, y en el ámbito cultural, la vecina de Tullinge Felicia Eriksson —antes conocida como Fröken Snusk (La señorita Mugre), nombre artístico donde los haya— competirá el 7 de febrero en el Melodifestivalen. Conocido coloquialmente como Mello, este es el festival de la canción que organiza la televisión pública sueca para elegir a su representante en Eurovisión. A diferencia de otros países, en Suecia es toda una institución nacional que paraliza el país durante seis semanas cada febrero y marzo. Se divide en varias eliminatorias que recorren distintas ciudades y culmina en una espectacular final en Estocolmo.

El cine, la poesía, los talleres de arte y hasta la restauración del órgano de la iglesia local completan ese tejido comunitario que rara vez aparece en los grandes titulares.

También hay noticias prácticas: en Tumba, once nuevas empresas se han registrado solo en enero, señal de que el dinamismo económico sigue encontrando resquicios incluso en tiempos inciertos. Esa es Botkyrka: contrastes, tensiones y planes ambiciosos, todo al mismo tiempo.

Si ampliamos el foco al resto del país, el clima político está lejos de ser más templado. El gran escándalo de la semana tiene nombre propio: Andreas Norlén, presidente del Parlamento. Un viaje familiar a Ginebra en avión privado costó al Estado más de 660.000 coronas. Lo que más ha indignado a la opinión pública no es solo la cifra, sino los detalles: menús especiales, vuelos vacíos para recoger familiares, una ligereza incompatible con la cultura de sobriedad que Suecia presume. Mientras tanto, los Liberales se desploman hasta un dos por ciento de apoyo, y los Demócratas Cristianos tantean una colaboración con los socialdemócratas para contener a los extremos. El Ministerio de Finanzas, por su parte, ha iniciado una “limpieza” destinada a reducir la burocracia en las agencias estatales.

En el ámbito de la seguridad nacional, Suecia lidera por primera vez una misión de la OTAN para vigilar el espacio aéreo de Islandia con seis aviones Gripen. Sin embargo, puertas adentro, hay inquietud: informes de la Academia Militar de Karlberg alertan de que se están graduando oficiales inadecuados, debido a una legislación que hace casi imposible expulsar a cadetes, incluso en casos de acoso sexual. A esto se suma la detención en Malmö de un joven presuntamente vinculado a Hamas.

Las noticias sociales son, quizá, las más dolorosas. Los casos de autolesiones entre niñas de 12 a 15 años se han duplicado desde 2015. El Gobierno planea prohibir los teléfonos móviles en las escuelas para recuperar la llamada “paz de estudio”. Y en un episodio que dice mucho sobre el clima global, un grupo de niñas prodigio de la robótica en Sundbyberg no pudo viajar al mundial en Texas porque su escuela consideró que Estados Unidos es “inseguro” bajo la administración Trump. No es un caso aislado: el turismo sueco hacia ese país ha caído casi un 30 % este año. No nos vamos a engañar, al margen de la realidad, la trumpofobia que destilan los medios de este país también debió jugar su papel en la creación de esta imagen de inseguridad.

En el terreno de la justicia y la transparencia, los periodistas están alarmados. Una nueva interpretación del GDPR (Reglamento General de Protección de Datos) —la ley de privacidad y seguridad más estricta del mundo, creada por la Unión Europea para proteger los datos personales de los ciudadanos— impide publicar sentencias penales, reduciendo la cobertura de delitos en un 60 % y permitiendo que figuras públicas oculten antecedentes. Paradójicamente, la policía emitió, supuestamente por error, un certificado de buena conducta a un hombre condenado por violencia grave para facilitar su deportación a Cuba. Ironías de una burocracia que a veces protege lo que no debería o que, por el contrario, se basa en trucos de este tipo para deshacerse de personas que para ella son indeseables, como este compatriota venido a mal. Es un hecho insólito que la Autoridad Policial sueca haya emitido un certificado de antecedentes limpio para un hombre que contaba con un historial delictivo considerable. El sujeto tiene condenas por delitos graves, incluyendo abuso infantil y agresión, pero la policía redactó un documento oficial en español asegurando que no figuraba en sus registros.

Según los informes, el objetivo de este documento era facilitar su entrada en Cuba, evitando que las autoridades de la isla rechazaran su deportación al conocer su pasado criminal. El abogado defensor, Arvid Danielsson, se mostró sumamente sorprendido al descubrir la existencia de este certificado, calificándolo como una declaración falsa. La situación es desconcertante, ya que la propia institución que custodia los registros penales entregó un papel que contradice la realidad jurídica del individuo. A pesar de que la policía intentó mantener el documento bajo reserva alegando confidencialidad, la televisión pública sueca (SVT) logró sacarlo a la luz a través de los expedientes del Tribunal de Migración.

Finalmente, la estrategia no funcionó, pues el hombre confesó sus delitos al llegar a La Habana y fue devuelto a Suecia de inmediato. Es uno de los pocos casos en la historia en los que alguien se beneficia de reconocerse delincuente, cuando los papeles de la policía lo presentan como inocente. Por lo demás la historia no habla muy buen de un país, Cuba, el que su ciudadano, como es el caso, prefiera que lo devuelvan a Suecia, enfrentar tribunales y en ultima estancia a dar con sus huesos a una prisión extranjera, a caminar libre por las calles de su patria.

Ahora, el Defensor del Pueblo ha iniciado una investigación para determinar las responsabilidades legales de este acto, que podría ser considerado un delito de falsedad documental. Por su parte, la policía ha evitado dar explicaciones detalladas y se ha limitado a comunicar que están revisando sus protocolos de trabajo para evitar que una situación tan irregular vuelva a ocurrir.

No todo es gris. La ciencia sugiere que tres tazas de café al día y pescado en la dieta reducen el riesgo de demencia en un 40 %. La Academia Sueca ha actualizado su diccionario —ahora es correcto escribir «schysst» y pluralizar «avokado»—. La palabra «schysst» tiene su origen en el término francés «juste» (justo) y ha evolucionado desde un significado de «equidad» hasta convertirse en un modismo sueco para describir algo «guay» (como dirían nuestros primos ibéricos), «amable» o «bueno». El cambio en su ortografía se debe a una adaptación puramente fonética: aunque la Academia Sueca prefería la forma simplificada «schyst», el uso masivo de la doble «s» por parte de los hablantes para reflejar la pronunciación corta de la vocal acabó forzando su aceptación oficial, demostrando cómo la lengua de la calle termina dictando la norma. Por otro lado, «avokado» proviene del náhuatl «ahuacatl» a través del español «aguacate», y su pluralización ha sido un campo de batalla entre la tradición y la globalización. Mientras que la regla gramatical sueca para palabras terminadas en «o» exige en sueco el sufijo «-or» (avokador), la enorme influencia del inglés y el español impuso el uso de «avokados» en la vida cotidiana. El sistema lingüístico sueco finalmente aceptó ambas porque busca integrar las palabras extranjeras sin ignorar las raíces gramaticales propias, permitiendo que el idioma sea flexible ante los préstamos internacionales.

Por otro lado, un análisis del ya mencionado Festival de la Melodía revela que las canciones que se presentan son cada vez más repetitivas y que las clásicas subidas de tono finales están desapareciendo.

Como curiosidad y escándalo final, les contaré algo relacionado con la Princesa Sofía de Suecia, cuyo nombre completo es Sofía Kristina Hellqvist. Nació el 6 de diciembre de 1984 y se convirtió en miembro de la familia real sueca al casarse con el Príncipe Carlos Filipo, duque de Varmland, el 13 de junio de 2015. Antes de su matrimonio, trabajó como modelo y también tiene un profundo interés en el trabajo social y la caridad. Ha colaborado con varias organizaciones enfocadas en la salud mental, la educación y los derechos de los niños. Desde su entrada en la familia real, ha asumido varias funciones oficiales y representativas, participando en eventos y actividades en Suecia y en el extranjero. Pues bien, ahora resulta que no todas esas actividades extranjeras eran de igual naturaleza. Han salido a la luz nuevos documentos que vinculan a la Princesa Sofía con Jeffrey Epstein, a través de una empresaria sueca que se mantenía informada sobre su vida hace años. La Casa Real sueca ha reconocido que la Princesa Sofía mantuvo varios encuentros con Jeffrey Epstein alrededor de 2005, cuando aún era Sofía Hellqvist y vivía en Nueva York. Esta información salió a la luz tras la aparición de su nombre en documentos y correos vinculados al caso; aunque la Casa Real subraya que no hubo contacto alguno después de su ingreso en la familia real, la revelación ha generado una fuerte polémica mediática en Suecia, alimentada por su ausencia reciente en actos oficiales y por el impacto que este episodio tiene en la imagen pública de la monarquía. Suecia siempre encuentra la manera de sorprender.

Cierro esta carta pensando, inevitablemente, en Cuba. Suecia no es un modelo perfecto ni exportable sin más. Es una democracia real, con virtudes palpables y defectos incómodos. Justamente por eso resulta valiosa como experiencia empírica. Porque una Cuba futura no se construirá sobre mitos, sino aprendiendo a caminar —con cuidado— sobre el hielo: midiendo riesgos, aceptando errores y entendiendo que la belleza de un sistema no lo vuelve menos frágil.

Cuídense mucho, les aprecia desde el hielo, pero sin cruzarlo,

Carlos Manuel Estefanía Aulet, autor disidente cubano radicado en Suecia.

Alguien cruza, temerariamente, el congelado lago Alby. Foto: Carlos M. Estefanía

 

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