Política

ED. Ramiro Valdés, el hombre más poderoso de Cuba tras Raúl Castro, internado en un hospital de La Habana en estado grave

Por Alexis Rodríguez/El Debate.

El comandante de la revolución y viceprimer ministro de Cuba, Ramiro Valdés Menéndez, permanece internado en un centro médico de La Habana, desde hace al menos diez días, aquejado de una grave enfermedad a la que hay que sumar las complicaciones lógicas de una persona que cumplirá el próximo mes de abril 94 años. Aunque el régimen cubano no ha dado ningún tipo de información al respecto, lo que es habitual en uno de los países más herméticos del mundo, El Debate ha podido confirmar por fuentes del Gobierno cubano que Valdés se encuentra «bajo estrecha vigilancia médica las 24 horas del día».

Ramiro Valdés podría estar internado en la Clínica Central Cira García, en la calle 20 No. 4101, esquina Avenida 41, en el reparto de Miramar, municipio Playa, pero este extremo no ha podido ser confirmado por El Debate. Este centro, situado en una de las zonas más exclusivas de La Habana, tiene una parte privada, absolutamente cerrada y prohibida para los cubanos e incluso los extranjeros, reservada solo para las élites comunistas cubanas. Sin embargo, otras fuentes apuntan que podría estar en el Cimeq (Centro de Investigación Médico Quirúrgica), dependiente del Ministerio del Interior, situado en la calle 216 de la localidad de Siboney, también en el municipio Playa. En este último ha sido tratado de cáncer de recto el dictador Raúl Castro.

Después de la muerte del Che Guevara y de Camilo Cienfuegos, se le ha considerado siempre el tercer hombre de la revolución cubana, tras los hermanos Castro, y el principal responsable de los órganos de espionaje y represión en la isla. Fuentes próximas al Gobierno cubano que han tratado personalmente a Ramiro Valdés aseguran a El Debate que «es el artífice de casi todo en Cuba, desde los temibles servicios de Inteligencia hasta el arresto de miles de personas inocentes utilizando los llamados ‘índices de peligrosidad social’. Es muy alto y cuando te mira, intimida, da la impresión de que no hay nada detrás de esos ojos. Es como si no tuviera alma. Y esa impresión no es solo mía. La hemos tenido más personas que lo conocemos»…

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