Por Zoé Valdés/La Gaceta de la Iberosfera.
Desde el 1 de enero de 1959, cuando el gánster universitario Fidel Castro y sus seguidores reemplazaron con el apoyo del gobierno de Estados Unidos al nuevo presidente (ya Fulgencio Batista había terminado su mandato y había convocado a elecciones, celebradas en diciembre del 58) Andrés Rivero Agüero, Cuba ha subsistido bajo el control de un régimen comunista liderado por la familia Castro y sus allegados. Han pasado más de seis décadas (67 años) y la isla sigue mal gobernada por una élite que, para muchos, opera como una mafia política, reprimiendo libertades y manteniendo al pueblo bajo estricta vigilancia y control, represión y muerte. Las características de este prolongado régimen comunista, el impacto en la sociedad cubana y la respuesta —o falta de ella— de la comunidad internacional todavía no se ha resumido final y correctamente.
El movimiento revoltoso de corte terrorista de 1959 prometió libertad, justicia y prosperidad. Nadie votó por eso, fue impuesto. Sin embargo, pronto se instauró un sistema de partido único, con represión sistemática de la oposición y dominio absoluto de los medios de comunicación. Fidel Castro, y posteriormente su hermano Raúl, concentraron el poder en un pequeño círculo, eliminando cualquier forma de disidencia mediante encarcelamientos, exilios forzados y, en muchos casos, desapariciones y asesinatos políticos en el mejor estilo marxista-leninista.
La economía fue nacionalizada, la propiedad privada abolida y cualquier intento de organización independiente fue duramente castigado. Las libertades individuales, incluyendo la libertad de expresión, reunión y prensa, quedaron restringidas. Esta estructura tiránica de poder se ha perpetuado a través de los años, consolidando una mafia familiar que muchos califican de «mafia castrocomunista”.
La realidad para el cubano promedio ha sido marcada por la escasez, la vigilancia y el miedo. El Estado limita el acceso a los alimentos, la educación, la sanidad y el empleo. La libre movilidad está restringida tanto dentro como fuera del país, y quienes intentan salir suelen enfrentar represalias contra sus familiares, si logran escapar y antes no los apresan y son condenados a largas penas carcelarias.
La represión no solamente es política, sino también social y económica. Los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) vigilan cada barrio, informando sobre cualquier conducta sospechosa. El G2 es una copia de la Stasi y la KGB. El acceso a Internet y a información independiente ha sido históricamente prohibido, aunque en los últimos años el auge de las redes sociales ha permitido una ventana al mundo exterior y ha facilitado la organización de protestas, como las históricas manifestaciones del 11 de julio de 2021. El exilio es quien paga todo, y sigue siendo la mayor fuente de ingresos de los delincuentes en el poder.
A pesar de las denuncias de unos cuantos organismos internacionales de derechos humanos, la respuesta global ha sido, en muchos casos, tibia o insuficiente. Si bien Estados Unidos ha mantenido unas sanciones económicas y ha condenado la falta de democracia, otros países han optado por mantener relaciones diplomáticas y comerciales veladas con el régimen.
La Unión Europea, Sudamérica y otras regiones han oscilado entre la condena formal y la cooperación para ellos “pragmática”. La narrativa de Cuba como símbolo de resistencia antiimperialista ha sido utilizada por algunos gobiernos para justificar su apoyo, ignorando la realidad de la altísima y constante represión interna. España donó a la tiranía a mediados del 2025 la friolera de 375 millones de euros condonando así parte de la deuda de quienes oprimen al pueblo cubano. Además, la atención mediática internacional hacia la situación cubana ha sido intermitente, eclipsada muchas veces por otros conflictos globales…
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Parece de los egos del Fin Civilizatio que una torna ha cambiado ahora ya. PRO algo de Justicia.