Por María de Toro/El Debate.
La devoción a la Medalla Milagrosa se extiende por todo el mundo y ha conquistado el corazón de santos como san Juan Pablo II, la Madre Teresa de Calcuta o santa Teresa de Lisieux. Pero pocos conocen que, en el origen de esta historia que ha marcado la vida espiritual de millones, se encuentra una joven religiosa parisina, humilde y desconocida, a quien la Virgen confió una misión sorprendente: llevar esta devoción al mundo entero.
En 1830, en París, en el convento de las Hijas de la Caridad, vivía una joven monja llamada Catalina. Una noche se despertó al oír la voz de un niño que la llamaba y le decía: «Todo el mundo duerme; venga a la capilla, la Santísima Virgen la espera».
La hermana siguió al niño y, al entrar en el oratorio, vio a una hermosa señora. Corrió a sentarse a su lado, puso las manos sobre su regazo y la Madre de Dios le compartió algunos consejos para su vida espiritual. La Virgen le confió ese 18 de julio una misión. «Te costará trabajo, pero lo vencerás pensando que lo haces para la gloria de Dios», le dijo. Estas vivencias se conocieron gracias a los escritos que la religiosa dejó…
Pulse aquí para seguir leyendo en la fuente.
Nota de Redacción ZoePost: Habría que añadir que nació el dos de mayo de 1806, y su nombre de pila era Zoé.<Pulse aquí para seguir leyendo en la fuente./p>















